dix-sept

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La mañana en la villa amanecía con una suavidad especial

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La mañana en la villa amanecía con una suavidad especial.

La brisa que entraba por la ventana abierta era fresca, perfumada de hierba húmeda y tierra mojada. Los pájaros trinaban con calma, sin apuro, como si supieran que ese día no había que correr a ninguna parte. Y en la habitación, entre sábanas revueltas, Harry despertaba con el peso tibio de su omega enredado sobre él.

Louis dormía profundamente, aferrado a su alfa con todo el cuerpo, la carita aplastada contra su pecho y el pulgar cerca de los labios. Tenía la respiración cálida, lenta, y uno de sus peluches atrapado bajo el bracito. Harry no quiso moverse ni un milímetro. Le gustaba así: tener a su niño bien pegadito, oliendo a sueños dulces y a nido.

Pero entonces recordó que ese día no era uno cualquiera. Había una pequeña sorpresa que tenía semanas planeando.

Deslizó su mano con ternura por la espalda suave de Louis y murmuró en su oído:

—Lou... mi amor, despierta. Tengo algo para ti.

Louis frunció el ceño y se acurrucó más, frotando la naricita contra la piel del pecho de su alfa. Dejó escapar un gemidito suave, como un cachorro molesto por ser movido.

—Cinco minutos más... —murmuró con voz chiquita—. Quiero mimitos.

Harry sonrió. Cada vez que Louis hablaba así, tan sin filtros, tan libre en su naturaleza omega, algo en su pecho se derretía al saber que el menor se sentía tan seguro como para mostrarse tan como es.

—Te doy todos los mimitos que quieras, bebé. Pero antes quiero decirte algo. ¿Qué te parecería si hoy nos escapamos tú y yo?

Louis parpadeó, medio dormido, con sus ojitos grandes y tan azules como el mar. No respondió enseguida. Solo se mordió el labio, curioso.

—¿Escaparnos... como en una aventura?

—Exactamente— ronroneó Harry, acariciando su cabello—. Una escapadita de un día y una noche. Solo tú y yo. Una cabaña en el bosque, al borde de un lago. Sin nadie más. Sin citas, sin deberes, sin horarios. Solo nosotros.

Louis abrió los ojitos de golpe. Sus orejitas se agitaron con emoción.

—¿Una cabaña? ¿Vamos a dormir ahí, alfa?

—Sí, pero solo una noche ¿de acuerdo?. Mañana temprano volvemos. Pero mientras tanto... puedes llevar tu mantita, tus peluches, y hacer lo que quieras. Saltar en la cama, dormir pegado a mí, o que te lleve cargado a donde pidas.

Los ojos de Louis brillaron como si le hubieran ofrecido la luna. Ya no se escondía ni disimulaba su emoción como a veces hacía. Esta vez se dejó ir por completo.

—¿Y me puedo ir en pijama en el coche? ¿Y llevar mi biberón?

Harry lo abrazó más fuerte.

—Puedes llevar lo que tú quieras, mi amor. Es tu día. Quiero verte feliz, mimado, tranquilo. Quiero hacerte disfrutar todo el tiempo.

My little PomPomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora