onze

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La tarde comenzaba a calentarse suavemente mientras el sol dorado bañaba las calles y se colaba por los ventanales de la casa

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La tarde comenzaba a calentarse suavemente mientras el sol dorado bañaba las calles y se colaba por los ventanales de la casa. Louis estaba sentadito en el piso, frente al clóset abierto, rodeado de ropa doblada, mochilas vacías y una lista a medio escribir. Su naricita arrugada y el ceño ligeramente fruncido le daban un aire de panda confundido, mientras levantaba una camiseta con estampado de patito y la miraba como si intentara adivinar si era apta para un paseo a la playa.

—¿Crees que esto me queda bonito, papi? —preguntó bajito, sin mirar a Harry, con la voz suave como un susurro.

Harry, que estaba en la cocina poniéndose una camiseta negra ajustada que marcaba la línea de sus músculos, sonrió sin voltear.

—Te queda bonito todo, bonito —dijo con esa voz gruesa y cálida que siempre provocaba que Louis se encogiera un poquito, sonrojado.

El menor gimió bajito, enterrando la cara en la camiseta como si quisiera esconderse. Aún le costaba decirle "papi" fuera de momentos íntimos, apenas lo estaba intentando, pero cuando estaban solos, se le escapaba cada vez más fácil... y Harry siempre lo notaba.

—No me digas así... —murmuró con una risita nerviosa.

Harry se acercó por detrás y le acarició la coronilla con ternura.

—¿Así cómo, hm? ¿Así de bonito? —se inclinó y le susurró al oído—. ¿O así de mío?

Louis se derritió al instante. Asintió en silencio, y su panza hizo un ruidito suave por los nervios.

Media hora después, salían rumbo al centro comercial. Harry, con jeans oscuros, su camiseta negra y unas botas impecables, llevando a Lou de la mano. El pandita, en cambio, vestía un overol de mezclilla claro, una camiseta blanca con estrellitas bordadas y unos tenis bajitos que hacían que caminara con pasitos cortos, un poco tambaleante, como un osito bebé. Traía una mochilita con forma de panda a la espalda, y sus orejitas se movían nerviosas con cada paso que daban.

—¿Seguro que no vendrán los demás todavía? —preguntó, apretando más fuerte la mano de Harry.

—No, amor. Primero vamos tú y yo —le respondió con un tono tranquilo—. Para buscarte tu traje de baño con calma.

Louis se relajó un poco. Él adoraba la idea del viaje, pero los alfas de Harry y sus omegas lo abrumaban aún. Era el nuevo en ese grupo, y aunque ya los había conocido en la cena, seguía sintiéndose pequeño y un poco inseguro.

Al llegar al centro comercial, el aire frío del lugar los envolvió con ese olor característico a comida rápida, ropa nueva y café caro. Louis alzó la vista, los ojitos brillándole de emoción mientras se pegaba aún más al brazo de Harry.

—¿Vamos primero a ver trajes? —preguntó con voz bajita, pero emocionada.

—Claro, bebé. Quiero verte en todos los colores —sonrió Harry, bajando la voz y susurrando con picardía—. Aunque si por mí fuera... te llevaría sin nada.

My little PomPomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora