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Un lindo panda con barriguita abultada, amante de comer bambú, nadar y juguetear por doquier. ¿El problema? Bueno... La facilidad con la que se quedaba dormido en todas partes o atrapado en lugares al jugar con lo que fuese.
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La noche cayó con un calor extraño, espeso en el aire como si el bosque mismo supiera que algo estaba por despertar.
Louis se había acurrucado en los brazos de Harry después de una larga ducha relajante y silenciosa, casi culposa. No dijo mucho, su cabecita no daba para pensar más por lo que solo pidió abrazos y besitos vagos que el tigre no se negó en brindar. Le puso su pijamita de ositos que ahora le quedaba algo corta por lo mucho que había crecido desde que llegó a la villa.
Harry, como siempre, lo cuidó con paciencia infinita y amor derrochante hasta que lo vió adormecido. Lo peinó con los dedos, le besó la frente y le dio un par de traguitos tibios de leche en su biberón antes de dejarlo dormidito sobre su pecho, escuchando el latido del alfa como si fuese la única melodía capaz de calmarle el alma.
Fue a mitad de la noche cuando Louis comenzó a removerse. Primero fueron sus piernitas inquietas, luego pequeños quejidos bajos, casi inaudibles.
—Mmm...— gimoteó entre sueños con ceño fruncido y un pequeño puchero.
Harry había despertado y su instinto de alerta se había activado apenas escuchó el primer quejido del menor. Él sabía que no eran casuales los pensamientos y la avalancha de dudas repentinas que su pandita tuvo apenas el día anterior. Era como si su mente supiera y se estuviese queriendo preparar al pequeño haciéndolo resolver sus dudas antes de lo que se avecinaba.
—...duele...— balbuceó con respiración errática, frotando su naricita contra el cuello de Harry, aferrándose más— A-Alfa... siento raro... no quiero, no quiero...— murmuró intentando despertar del todo.
El tigre se alertó al instante. El olor de Louis había cambiado notoriamente, y su instinto felino lo sintió antes que su mente terminara de despertar.
—Shh, cariño... aquí estoy.— susurró acariciando su espalda con movimientos largos y lentos— Seguramente es tu celo, pandita... tu cuerpo se está preparando.
Louis gimió bajito, aún casi dormidito pero su frente arrugada delataba su incomodidad. Sus mejillas estaban calientes y su frente húmeda con su flequillo pegado.
—N-No quiero... me va a doler... no quiero...
—Amor, haz estado queriendo que este momento llegue por mucho tiempo ahora.— le dijo firme y suave, bajándole un poco el pantaloncito de pijama solo para que no le apretara tanto el vientre— Haremos que no duela, tu cuerpo es sabio. Todo tú lo eres.
Lo abrazó más fuerte cuando le sintió temblar. Sus dedos encontraron las orejitas de panda, suaves y caídas por la debilidad y el temor, las acarició con ternura. Deslizó su mano hacia su barriguita tibia y le dejó masajitos circulares.