Hanamaru sufre maltratos por parte de su esposa.
Yoshiko es una cantante famosa que regresa a su pueblo natal después de una gira.
Ambas se encuentran por casualidad en un bar, ¿acaso éste será el inicio de una aventura?
“Recorrimos juntas un camino que juraba ser largo”.
“Pero fue acortado furtivamente”.
“Incluso aunque siga avanzando sola”.
“Me emociona la idea de algún día volver a encontrarte”.
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—Señorita Matsuura, ¿cómo se declara ante las acusación?
—Culpable de todos los cargos, su señoría.
La mirada magenta, junto a la del resto de personas en la corte, se centraron en la ojiamatista, quien se encontraba firme en su mesa, sin su abogado, y con una expresión imperturbable.
La mente de Yoshiko comenzó a correr, llenándose de dudas que su pobre cabeza ingenua no podía responder, solo pudo sentarse ahí, mirando como la persona que le había arrebatado a su musa aceptaba su castigo.
—Entonces, por los crímenes de abuso doméstico, agresión física en un establecimiento público y asesinato, recibirá la sentencia de cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional después de sesenta años y deberá pagar una indemnización por daños de ¥50,000.
Los golpes del martillo de madera hicieron eco en su cabeza.
Su mirada no podía alejarse de la ojiamatista, incrédula de que haya simplemente aceptado el castigo, admitió su culpabilidad.
Kanan miró de reojo a la cantante mientras los oficiales se acercaban a ella para llevársela, cuando le pusieron las esposas y comenzaron a guiarla, miró sobre su hombro al hombre de cabello azulado, sonriendo ante la mirada furiosa de su padre.
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Yoshiko había sentido como si le quitaran un peso de encima, haber ganado ese juicio quizás no le devolvería a Hanamaru, pero al menos había hecho pagar a la persona que se la había arrebatado.
Y eso estaba bien para ella.
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