—Quiero ir a casa—dijo Noah, aún sentado en la camilla de la ecografía.
Demian terminaba de limpiar el gel en el vientre del omega y de arreglar sus prendas, pero podría observar que los pensamientos de Noah se encontraban dispersos.
—No podemos ir a casa, cariño, debemos de ir al hospital—dijo Demian tratando de hacerlo entrar en razón.
—Pero...—suspiró melancólico—No podemos dejar a Larry solito, además, tampoco hemos terminado el cuarto del bebé, ni siquiera tenemos la cuna armada y... y...
—Noah—musitó Demian tomando al omega entre sus manos para limpiar con sus pulgares las lágrimas que comenzaban a bajar—Yo lo haré, pero por ahora debemos de ir al hospital.
—No—suplicó—¿No podemos esperar unas horas? —cuestionó Noah al Yohan—Esto acaba de suceder, las horas que tuvimos antes del diagnóstico no influyeron, ¿por qué lo harían ahora?
—Noah, no voy a poder la salud de tu bebé en riesgo—contestó el doctor—Mucho menos la tuya.
—Solo hasta el anochecer—suplicó—Necesito saber que cuando lleguemos el bebé tendrá un lugar en nuestra casa.
—Noah...—se quejó el doctor—Tu bebé podría coronar cuando menos te lo esperes...
—Pero aún faltan dos semanas para el parto programado—justificó—Solo pido una tarde, por favor, necesito vivir esto.
—Cariño—expresó Demian—Yo me encargaré, traeré tus maletas y el nido...
—¡No! —comenzó a llorar—Yo soy la mamá, yo debo de hacerlo, sino no cuenta.
Yohan miró tan conmovedora escena, pero al mismo tiempo hizo que le diera un malestar en el estómago. No era su culpa que el bebé estuviera en posición para nacer, sino de ese par de tortolitos calenturientos.
Aun así, conocía a Demian desde pequeño, por lo cual, no podía hacerle pasar por un escenario tan lúgubre.
—Tienes hasta las doce de la noche—comentó Yohan—Llámenme cuando estén en la puerta del hospital, y de preferencia, llamen a sus familiares, el parto puede pasar hoy o dentro de las dos semanas, pero lo que necesitamos es cuidar tu salud.
Y sin más, regresaron a casa a comenzar a dar un poco de orden. Noah se quedó sentado en uno de los sofás destinados para lactar mientras doblaba la ropa del bebé y unos pañales de tela, se encargaba de tener la maleta lista para el bebé cuidando de no hacer el mayor movimiento posible.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Demian mientras sacaba las piezas de la cuna de su caja.
—Bien—respiró profundo—Nervioso, pero trato de no pensar mucho en ello.
—¿Tienes algún dolor? —preguntó ansioso tomando el instructivo—¿Tienes hambre?
—Demian—rio nervioso, sin dejar de doblar los pequeños calcetines que pronto su bebé iba a usar—Estoy bien, cariño, solo por favor termina la cuna.
—Cierto—respiró profundamente para tratar de calmarse.
Ambos se sumergieron en un terrible silencio. Las manos de Noah temblaban mientras seguía doblando y guardando todo en su maleta. Claro que se sentía mal, se sentía culpable por todo.
Lo único que debía de hacer era aguantar su calentura y no tener sexo, pero no siguió las indicaciones del doctor y ahora su bebé podía nacer prematuro.
Trató de aguantar el llanto, pero la frustración era tan grande que le dolía el pecho. Por suerte, tocaron a la muerta de manera insistente.
—¿Quién será? —preguntó Demian deteniendo su acción para bajar a la puerta.
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Fire on fire
RomansEn una sociedad en donde ser omega es una desdicha y la única forma de sobrevivir es casarte con un alfa. Noah decidirá pasar a lo grande su libertad mientras pueda antes de contraer matrimonio, pero todo se verá complicado cuando conozca a Demian...
