C20

3 0 0
                                    

Narra Danissa
Sábado

Me levanto más temprano que ayer, a pesar de que el cansancio sigue aferrándose a mis músculos. La cama está parcialmente deshecha, y el lado de Alexander ya está frío. Al girar la cabeza, noto un papel doblado sobre mi mesa de noche.

La curiosidad me arrastra a tomarlo entre mis dedos. Reconozco su caligrafía al instante: elegante, inclinada, como si cada letra estuviera planeada con precisión. Lo leo en voz baja:

"Fui a desayunar con los chicos.
Pide desayuno a la habitación si así lo deseas. De no ser así, dejé en la mesa de dormir mi tarjeta.
A las dos de la tarde llegará tu vestido; espero sea de tu agrado."

Dejo la nota a un lado y me siento en la cama, estirándome un poco mientras mis pensamientos empiezan a divagar. Hoy es un día importante, no solo porque es la boda de su mejor amigo, sino porque es la primera vez que asistimos juntos a un evento formal

Bostezo y me pongo de pie. La suite en la que estamos es amplia, decorada con tonos suaves y una vista que corta el aliento.Me acerco a la mesa de noche y veo su tarjeta, tal como dijo. La tomo y decido bajar al restaurante. No estoy de humor para quedarme sola y comer en la habitación; necesito aire fresco, un café fuerte y, tal vez, un momento para aclarar mi mente antes de la locura que seguramente será esta boda.

El restaurante del hotel es un espectáculo en sí mismo. Mesas con manteles de lino, flores frescas en cada rincón, y un buffet que parece sacado de una revista gourmet. Me siento en una mesa cerca de la ventana, pidiendo un capuchino y algo ligero para desayunar.

Regreso a la suite cerca del mediodía, media hora antes de la que menciono Alexander , ua asistente del hotel entra con una enorme caja blanca. La coloco sobre la cama con cuidado, sintiéndome como una niña en Navidad. Al abrirla, me encuentro con el vestido más hermoso que he visto en mi vida

Una nota está colocada encima del vestido:

"Sé que será imposible que alguien más luzca tan perfecta como tú hoy"

Después de arreglarme con el vestido y los tacones que vienen en una caja separada, me miro en el espejo. Por un momento, no me reconozco. Parezco otra persona, alguien más segura, más elegante.

A las tres en punto, Alexander llega a la habitación para recogerme. Lleva un traje negro impecable, y su cabello está perfectamente peinado. Sus ojos se posan en mí, y por un instante parece perder el aliento.

- Te ves... increíble —dice con una sonrisa que alcanza sus ojos, mientras me ofrece su brazo.

----

Narra Alexander

Después de la misa, me aseguro de que Danissa suba al auto con cuidado. Su vestido es elegante y tiene una delicadeza que me hace mirarla cada vez que creo que no se da cuenta. Sus dedos descansan sobre su regazo, jugando con la tela bordada, mientras su mirada se pierde por la ventana.

El carro que renté iene suficiente espacio para que ella no se sienta incómoda. Ajusto el espejo retrovisor y pongo el motor en marcha.

-  ¿Estás cómoda? —pregunto, rompiendo el silencio.

Ella me lanza una mirada rápida y asiente, pero su sonrisa es pequeña, como si todavía estuviera atrapada en sus pensamientos.

- Perfecta —responde, y su voz es casi un susurro.

La dejo tranquila mientras conduzco al departamento de uno de los amigos de Marco. Es un lugar amplio, con una terraza desde donde se puede ver gran parte de la ciudad. Marco insistió en usarlo para hacer una especie de reunión previa al banquete, una excusa para pasar tiempo con el círculo más cercano antes de que empiece el caos en el salón.

Esposa por contratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora