Día de patrulla

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Oficialmente Clarence había dejado todos sus bienes a mi nombre

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Oficialmente Clarence había dejado todos sus bienes a mi nombre. Hasta la última tela de araña me pertenecía y nadie podría hacer nada para poder evitar tal cosa. Aunque estaba segura de que sus tontos hijos no iban a quedarse tranquilos con esto, que iban a intentar conseguir las cosas de su padre. Pero aunque yo no quiera nada de lo que el me dejo, no iba a dejar que ellos obtuvieran ni un centavo. Abandonaron a su padre a su suerte, Clarence falleció estando solo en la tristeza de su hogar. Aunque claro, yo estuve ahí tanto como pude.

Me quede de pie afuera de la casa, con la llave en mi mano. No había entrado a ese lugar desde que falleció. Había guardado algunas cosas en cajas y estaba todo igual. Baje la mirada al sentir al gato pasar entre mis piernas antes de tomar el valor para ingresar nuevamente a ese lugar. El olor a polvo estaba impregnado en el lugar, este se acumulaba como una delgada capa sobre los muebles antiguos.

— ¿En que estabas pensando al dejarme todo esto viejo loco? Bien. Ya que fue tu ultima voluntad, hay que limpiar este lugar.

Ate mi cabello y me quite la camisa para comenzar a limpiar el lugar. asegurándome de dejar todo en perfectas condiciones. Mi día libre lo pasaría limpiando como una maldita desquiciada. La espalda me dolía y tenía polvo en cada agujero de mi rostro. Al escuchar el golpe en la puerta me tense un momento antes de avanzar a esta para poder abrirla encontrándome con un pack de cervezas frente a mi, un delicioso pack de cervezas frías. Perfecto para este momento.

— Pensé que necesitarías algo de ayuda.

— Eres el mejor, gracias Víctor.

— Entonces ¿Qué harás con la casa?

— Pues... rentarla. No voy a tener dos propiedades. Es lo único que se me ocurre.

— ¿Y el auto? Porque si quieres venderlo, no me molestaría comprarlo.

— No tienes dinero Víctor.

— Puedo pedir un préstamo. Existen los bancos por si no lo sabías.

— Gracioso. Pero no, creo que el auto lo voy a conservar y no te imaginas la cantidad de dinero que tenía en el banco.

— ¿De cuantos ceros estamos hablando?

— Muchos ceros, Clarence tenía una fortuna acumulada Vic, además de bonos. Su estado crediticio era impecable.

— Wow mi mejor amiga ahora es millonaria, quien lo diría. – extendió su mano hacia mi. –

— ¿Qué?

— Págame por las cervezas, tienes más que yo ahora. – dijo entre risas antes de empujarme.

— Idiota. Pero no se, aun es muy pronto para adelantarme, tengo que pensar en que hacer.

— Si, pero no puedes negarnos un placer culpable que hemos estado esperando desde hace un tiempo.

in the STREETHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora