No sé cómo se van a tomar este capítulo, pero les recomiendo unos pochoclos (palomitas de maíz/cotufas), y que respiren profundamente antes de dejarme un comentario al final del capítulo. Los quiero y gracias por seguir aquí ❤️
«La desesperación lleva a errores»
Astra
La cuenta regresiva había comenzado unos minutos atrás.
De la manera más sigilosa posible, distribuí algunas bombas de humo cerca de las entradas del lugar. La oscuridad estaba de mi lado, y me movía en ella como un depredador acechando, así como Cassian me había enseñado durante los entrenamientos. Entré por una de las ventanas rotas sin que nadie me viera, encogiéndome al escuchar el crujido del vidrio bajo mis botas.
Dentro, coloqué par de bombas más. No eran letales, pero e sonido y el humo eran suficientes para hacer que cualquier enemigo bajara la guardia. Ese era el plan: usar el miedo contra ellos. Cada explosión debía recordarles lo que nos pasó hace unas horas, cuando los salvajes atacaron sin piedad. Cayla confiaba en que esos traumas los harían más lentos. Yo no estaba tan segura de que funcionaría, pero era lo único que teníamos.
La zona de asalto estaba al otro lado del edificio. Cada paso que daba era cuidadoso, medido. El lugar estaba lleno de ecos: pasos lejanos, el zumbido de alguna máquina que había quedado encendida, el ocasional crujir de madera. Era como si el edificio mismo respirara.
Crucé algunos pasillos y me asomé por una esquina. Ahí estaba: la bandera de la zona de asalto, ondeando ligeramente con el viento que entraba por alguna ventana. Pero algo estaba mal. Ni Graham ni Quella estaban allí.
Faltaban dieciséis minutos. No tenía sentido que la zona estuviera vacía.
Me di cuenta de que nuestro plan había estado mal calculado cuando escuché el primer disparo.
Cayla.
Casi como un reflejo, empecé a correr en dirección del sonido, que ahora parecía una batalla. Varios disparos. Objetos cayéndose. Voces. Golpes contra cosas. Subí las escaleras hasta el segundo piso, ignorando el dolor en todo mi cuerpo; aquel día le había exigido más que en las últimas semanas, pero no podía detenerme. No podía perder a alguien más.
Llegué a la escena y me detuve en seco. Quella estaba más lejos, cubriéndose el hombro que le empezaba a sangrar. Busqué en la dirección de su mirada, y a varios metros de mí estaban Graham y Cayla: él la agarraba por la garganta, pegándola contra la pared. Ella pataleaba y lo miraba aterrorizada, con el rifle en el piso, luchando contra el agarre de aquellas gigantescas y monstruosas manos.
Mi mano alcanzó el pequeño control en mi cinturón y presioné el botón.
Las bombas detonaron.
El edificio tembló con el sonido. Las explosiones no estaban cerca, pero hicieron su trabajo. Una nube de humo comenzó a llenar los pasillos, extendiéndose hacia nosotros. Quella desapareció, tosiendo y tambaleándose hacia algún lugar más seguro. Graham aflojó su agarre sobre Cayla, girando su cabeza en la dirección del ruido.
Eso fue todo lo que necesitaba.
Corrí hacia él, sacando mi bate. Lo levanté con ambas manos y golpeé su espalda con todas mis fuerzas. Sin embargo, Graham era mucho más grande y fuerte que yo, así que supuse que no logré hacerle demasiado daño porque apenas se tambaleó. Se giró hacia mí, soltando a Cayla, y sus ojos oscuros brillaron con diversión.
—Esto será divertido —dijo, su voz gruesa y burlona.
No tuve tiempo de reaccionar antes de que lanzara un golpe con su puño. Me agaché por instinto, sintiendo el aire moverse justo encima de mi cabeza. Cayla, aún jadeando y tosiendo, se lanzó al suelo y agarró su rifle, retrocediendo para cubrirme.
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Arcadis: El juego ©
Science FictionAstra es obligada a participar en Arcadis: una serie de juegos donde no todos salen con vida y los que lo hacen, no regresan completos. Para ganar y poder saldar la deuda de su familia, Astra tendrá que hacer aliados y ganar una prueba tras otra. El...
