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Bienvenidos oficialmente a los últimos 5 capítulos de la historia🎬.

Cada detalle está pensado, así que tomen agua, coman palomitas/cotufas/pochoclos, y terminemos esta aventura.

Muero por sus teorías.


«Convertirse en el villano»

Astra

Fruncí el ceño al despertar, intentando desprenderme de las pesadillas. Había soñado con mi papá de nuevo, pero también con Cassian, Maddox, Cayla... con la arena del primer juego y cómo muchos de mis compañeros desaparecían. El miedo había sido tan real, que, aunque era consciente de que había sido un sueño, mi corazón no dejaba de latir desbocado.

Parpadeé varias veces hasta que mis ojos se ajustaron a la luz blanca de la habitación. Cuando mis pupilas se ajustaron a la iluminación, giré un poco la cabeza para identificar dónde estaba. No podía sentir mi cuerpo y cuando identifiqué que estaba en una habitación de hospital, supuse que me tenían drogada con analgésicos.

Una figura estaba sentada junto a mí, con el pecho y rostro recostados sobre la camilla. Aunque estaba dormido, las ojeras delataban su cansancio.

—¿C-Cassian? —Mi voz salió rasposa, casi inaudible.

Reconoció mi voz, delatando que no había estado profundamente dormido. Levantó la cabeza con lentitud y cuando su mirada conectó con la mía, sus ojos se abrieron de golpe. Se puso de pie y se inclinó hacia mí, tomando una de mis manos y llevándola a mi pecho.

—¿Cómo te sientes? ¿Te duele?

Escucharlo tan preocupado me trajo a la realidad, a todo lo que nos quedó pendiente: las disculpas que quedaron en el aire, el adiós, la posibilidad de que él hubiera muerto, a que perdimos el último juego, a que nuestras vidas volvían a estar tan jodidas como siempre.

—Cassian. —Se me rompió la voz y mis ojos se humedecieron—. No te hicieron nada. Yo pensé... Yo pensé que te habían...

No terminé la oración. Él solo asintió, como si entendiera de inmediato lo que quería decir.

—Cayla me puso al día. Estoy bien. Tengo que cuidar de mi pierna mientras se cura, sin embargo, estaré bien.

—Cayla... El tercer juego. Yo... Lo siento mucho. —Las lágrimas empezaban a brotar—. Es mi culpa. Era mi responsabilidad, solo tenía que ganarle a Graham y...

—No es tu culpa. Sabotearon el juego y nunca debieron permitir que siguiéramos en él. Nada en estos juegos fue justo. —Siguió sosteniendo mi mano y, con la mano que tenía libre, acarició mi frente y peinó mi pelo hacia atrás. Su rostro estaba cerca del mío, con una expresión de arrepentimiento que era espejo de la mía—. Soy yo quien tiene que disculparse por todo. Tuve que acompañarlas en la estación de trenes para que no pasara esto, pero pensé que era la única forma de que sobrevivieran. ¿Estás segura de que no te duele?

Lo miré con extrañeza.

—¿Qué es lo que me debería doler? No siento mucho mi cuerpo.

Al tratar de moverme, sentí un hormigueo en las piernas, en mi abdomen, y en los dedos que estaban entrelazados con los suyos.

La última vez que nos vimos quedó tanto dolor en el aire, y tanto rencor de mi lado, que casi lo pierdo sin poder despedirme. Así como ya había perdido a otros. En ese momento, no me importaba que él se hubiera guardado la verdad sobre mi papá, porque ahora entendía que a él también le había dolido. Y porque comprendía que el hecho de estar juntos era más importante que una mala acción sembrada por Wex que nos arruinó la vida a todos.

Arcadis: El juego ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora