44

2.6K 306 120
                                        

Publicaré más de 1 cap hoy, así que cuidado con las actualizaciones de Wattpad (no siempre avisa en orden) para que no se spoileen. ❤️


«Estamos a tiempo de hacer las cosas bien»

Cassian

Micaiah Frederick.

Ese era el nombre que nos habían dado.

No tenía sentido. Se supone que estábamos trabajando para Connektd, y Frederick era quien estaba a la cabeza. Cayla me había advertido alguna vez que la junta directiva estaba por encima de él, que Frederick solo era la cara ante la gente y el que daba buenas ideas, pero no era el amo y señor de la empresa más poderosa de Harlax. Pero ¿su misma empresa intentando deshacerse de él?

Tras lo que había aprendido en el último juego gracias a Carter sabía que el Gobernador no quería que la gente descubriera que el exterior era habitable, que no todos fuera eran «salvajes», que había otras ciudades poderosas. Por eso, prácticamente nos mandó a asesinar en televisión y prohibió a nuestros policías de salvarnos, para sembrar miedo.

Sea cual fuera el argumento de Frederick, yo intuía que él solo quería «abrirnos los ojos» sobre el exterior para poder comerciar con otras ciudades y ganar más dinero, como el empresario que era. Si eso nos hacía más libres, yo no me oponía. Prefería cualquier cosa antes que una mentira colectiva alimentada por terrorismo gubernamental.

Hasta sospechaba que el Gobernador había sido el responsable del atentado en uno de los eventos de Arcadis, donde casi morimos Astra, Cayla y yo. Justo en la época en la que la ciudad nos consideraba «héroes más capaces que la policía». El Gobernador no quería darle ese poder a Frederick: el de convertir jóvenes en héroes por encima de su ley... jóvenes que apoyarían a Frederick porque les dio todo.

Micaiah Frederick era un egocéntrico que vivía en una burbuja de privilegios, pero, entre toda la mierda de Harlax, era de lo poco rescatable.

Por eso me costaba entender que la misma empresa que él dirigía, estuviera ordenando que lo asesinaran.

Yo me había unido a Cayla porque suponía que, al final del día, me opondría a Wex y, por ende, al Gobernador. Mi padre solo era exitoso en South Rednett porque el gobierno le permitía andar impune. ¿Por qué ahora tenía que voltearme y aliarme con el bando que me había destrozado la vida, con esos que estaban encarcelando a mi hermano?

—¿Dónde estabas? —Cayla me jaló del brazo hacia uno de los pasillos más estrechos del segundo piso.

Se había cambiado de ropa; vestía un uniforme rojo con dorado, el mismo del personal de protocolo del teatro, con un sombrero del mismo color que escondía su pelo rosado.

—Dejé a Astra en el último palco de allá —señalé el lugar de donde había salido—. Estará inconsciente durante una media hora, más o menos. Cuando despierte, pasará un rato antes de que recupere toda la movilidad. Así que tenemos tiempo de actuar sin ponerla a ella en peligro.

—¿Qué le hiciste? —Cayla frunció el ceño y sus ojos verdes brillaron con amenaza.

—Le di algo que solo la dormirá, no tiene otros efectos secundarios. No me mires así, jamás le haría daño a ella.

—No tenías que drogarla, podías preguntarle o pedirle que...

—¿De verdad piensas que ella se hubiera quedado al margen, Cayla? Le dije que todo estaba a punto de estallar aquí y qué quería hacer. Ella misma me dijo que quería irse, que no quería nada de esto.

Arcadis: El juego ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora