Segunda actualización de hoy
«La historia de amor más rota del mundo»
Cayla
Mi corazón bombeaba sangre de forma frenética. Además de estar atenta a los movimientos de Cassian, mi mirada paseó por el teatro: desde el resto de los palcos hasta el público, que parecía ajeno a lo que estaba por suceder. No vi a nadie con un arma. Todos los que teníamos una misión sangrienta esa noche estábamos bien ocultos.
Entonces, todo se volvió negro. Las luces se apagaron de golpe y los gritos no se hicieron esperar.
—Esta es la señal, Cassian.
—No veo nada.
Mis ojos se concentraron en él. Los de Connektd pensarían que él estaba de su lado, pero apenas defendiera a Frederick, atentarían contra su vida. Su vulnerabilidad y exposición eran extremas.
—La mira del rifle tiene visión nocturna, puedo ser tus ojos mientras tanto. Lo tienes a tu izquierda, está a punto de correr y... Cassian, ¡al frente!
Micaiah Frederick se agachaba y ponía de pie a cada rato, con torpeza. Cassian estaba cerca de él, pero no sabía si llegaría a tiempo para ayudarlo contra un grandulón que acababa de clavarle un puñal a uno de los compañeros de Frederick en el hombro. Así que le disparé en el abdomen. Sabía que moriría desangrado, pero me hizo sentir menos asesina que dispararle en la sien.
Cassian jaló a Frederick del traje.
—¡Quédate ahí, vienen por ti! —le ordenó.
Mis manos temblaban. Había condenado a muerte a una persona más, así como había hecho en el tercer juego: con los salvajes, y luego con Quella. Esas no habían sido mis primeras víctimas. Mi primera víctima fue consecuencia de mi primer acto de venganza: un político de mi sector. Sin embargo, cada rostro se tatuaba en mi memoria y me hacía sentir asco hacia mí misma.
Había aceptado convertirme en una máquina de matar. ¿Cómo me hacía eso diferente al Gobernador?
Cassian. Concéntrate en Cassian.
Analicé el escenario que rodeaba a mi compañero.
—De los cuatro guardias de Frederick, dos son traidores —susurré—, están peleando entre ellos. La gente está corriendo hacia la salida, pero no abren las puertas. Cassian, van dos más a tu derecha.
Él retomó su pelea de cuchillos envenenados, pero uno de los asesinos ya estaba listo para dispararle a Frederick en la cabeza, así que yo me adelanté. Una de mis balas aterrizó en su sien, y en un segundo, nos quitamos una amenaza menos.
—Fui yo. Sal de ahí, van varios hacia allá.
Tal vez esa es la diferencia, pensé. Ahora tengo algo que defender.
No se trataba solo de cuidar a Frederick, o la idea de buscar a mi familia para llevarlos a un sitio seguro. También estaban Cassian y Astra, mis compañeros, mis... amigos.
¿Tener a personas que proteger me hacía menos monstruo?
En la distancia, los movimientos de Cassian se hacían más lentos; puede que estuviera herido o capaz un dolor en su pierna. Decidí dejar atrás todas las dudas existenciales, porque en ese momento mi compañero me necesitaba y teníamos una misión que terminar. Identifiqué, finalmente, a un francotirador en uno de los palcos en el otro extremo del teatro, que tenía su atención puesta en Cassian y Frederick. Antes de que se le ocurriera algo, le disparé dos veces.
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Arcadis: El juego ©
Fiksyen SainsAstra es obligada a participar en Arcadis: una serie de juegos donde no todos salen con vida y los que lo hacen, no regresan completos. Para ganar y poder saldar la deuda de su familia, Astra tendrá que hacer aliados y ganar una prueba tras otra. El...
