(Perspectiva de Reiichi)
Los labios de Shiuba eran suaves y cálidos, el peso de su cuerpo sobre el mío me hacía sentir atrapado en algo de lo que no quería salir. Su aroma me envolvía, ese perfume tan familiar que hacía que mi mente se nublara aún más. Sabía que no estaba en mis cinco sentidos, que mi juicio estaba empañado por el alcohol y la euforia de la noche, pero en ese momento no me importaba. Solo quería seguir sintiéndolo así, cerca, tan cerca como antes.
Mi camisa se deslizó por mis hombros con facilidad. Shiuba tenía esas manos seguras, esas mismas que en el pasado recorrían mi piel con tanta naturalidad. No hubo palabras entre nosotros, solo respiraciones entrecortadas, miradas cargadas de deseo y los besos que se volvían más intensos con cada segundo que pasaba.
Su boca descendió por mi cuello, solté un suspiro involuntario. Mis manos se aferraron a su espalda, sintiendo la tela de su camisa entre mis dedos. Quería más.
O quizás ya era demasiado. Pero... ¿realmente importaba?
La culpa no existía en ese momento. No pensé en Hayato, ni en la mañana siguiente, ni en las consecuencias. Solo existía el presente, el calor de su piel contra la mía, el vaivén de nuestras respiraciones, la sensación de que el tiempo había retrocedido y que éramos solo él y yo, como antes.
Mis dedos temblorosos se colaron por debajo de su camisa, explorando su piel como tantas veces lo habían hecho en el pasado. Él no se detuvo. No había titubeos, solo la entrega mutua a algo que probablemente nunca debió volver a pasar.
Las luces de la habitación estaban apagadas. La única iluminación provenía de la baja luz de la calle que se filtraba por la ventana. Todo parecía borroso, irreal, como un sueño del que no quería despertar.
—Shiuba... —murmuré contra sus labios, sin saber exactamente qué quería decir.
Él no respondió con palabras, solo con caricias más profundas, con besos que dejaban una ardiente sensación en mi piel.
Y entonces... simplemente nos dejamos llevar.
El aire estaba pesado. Cargado de deseo, de emociones que habían permanecido dormidas durante demasiado tiempo.
Mi espalda se arqueó cuando sus labios descendieron por mi abdomen, dejando un rastro ardiente en mi piel. Shiuba se movía con esa seguridad que siempre había tenido, como si conociera cada rincón de mi cuerpo, como si hubiera estado esperando tanto ese momento. Mi respiración se volvió errática, y mi piel reaccionaba a cada uno de sus roces.
Sus manos se deslizaban con lentitud, pero con una firmeza que me hacía temblar. Sentí cómo sus dedos se aferraban a la tela de mi pantalón, desabrochándolo sin ninguna prisa, como si estuviera alargando el momento, disfrutando de cada segundo. Yo mismo me sorprendí al darme cuenta de que no lo detenía, que no me apartaba, que mi cuerpo solamente lo buscaba con desesperación.
La razón, la culpa, la moral... todo se había desvanecido. Solo existíamos él y yo.
Shiuba levantó la cabeza y me miró con esos ojos que parecían perforarme hasta el alma. Su respiración se mezclaba con la mía, su boca estaba entreabierta, como si quisiera decir algo, pero en lugar de palabras, lo único que hizo fue inclinarse de nuevo y atraparme en otro beso hambriento. Un beso que no se sentía como un error, sino como una necesidad.
Sus dedos se deslizaron por mi piel desnuda, provocándome escalofríos que recorrían todo mi cuerpo. Su toque era firme, pero delicado a la vez, como si estuviera redescubriéndome. Yo no me quedé atrás. Con mis manos temblorosas, deslicé su camisa por sus hombros, sintiendo la calidez de su piel bajo mis dedos. La tela cayó al suelo sin que ninguno de los dos le prestara atención.
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Amor Sin Palabras
Romantik(Yandere Simulator 1980) BL Reiichi es el presidente del Consejo estudiantil, es muy serio y reservado, pero cuando se trata de Hayato es una persona completamente diferente. Hayato es un chico común sin ningún talento especial, puede ser muy extrov...
