14.

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Su relación no cambia, no importa que tanto diga Hermione, que tanto murmure Draco o que tanto lo quiera él mismo.

No cambia porque al final del día, siempre hay una barrera entre Riddle y el. Siempre que hay algo que no le permite acercarse y no entiende que es.

Harry lo intenta, por más que se diga a sí mismo que no lo está haciendo. Intenta hablarle de forma casual, acercarse a él y ser su amigo. Pero no es fácil, no se le permite cruzar esa línea y no tiene idea de que tiene que hacer para lograrlo.

Y ni siquiera entiende porque le molesta tanto.

Ya no tiene 11 y esa estúpida y patética admiración por el slytherin. No tiene porque sentirse mal por ser empujado fuera de su vida. Es su dinámica, él está mal por querer cambiarla, están bien como están ahora.

Solo que quiere más.

—Deberías salir conmigo a pasar el rato —Cedric propone, su brazo cómodamente colocado sobre los hombros ajenos—. Desde que comencé con la mudanza no nos hemos visto mucho.

Harry y Cedric se conocen desde tercer año, bueno, siendo específicos desde que el gryffindor comenzó en quiddich en primero, pero se hicieron amigos cuando estaba en tercero y el mayor en sexto. El antiguo hufflepuff y él tienen una muy buena amistad, pero como este último dijo hacía tiempo que no pasaban tiempo juntos.

—¿Qué te gustaría hacer? —pregunta, su propio brazo envuelto de forma casual alrededor del otro.

Porque son esa clase de amigos, Cedric es un hufflepuff en todo el sentido de la palabra. Es amable, cariñoso y estúpidamente atento.

Y mientras el más alto comienza a proponer un plan, Harry le mira, sin poder evitar pensar en lo guapo que es.

Es el tipo de chico que su sonrisa te ilumina el día, que su cabello brilla con el sol y se mueve con el viento, sus ojos amables y expresivos, sus músculos del tamaño perfecto, no hay forma de sentirte incómodo con el, sus toques siempre son suaves, sus comentarios agradables. El tipo de chico que un padre quiere para su hija, el tipo de chico que cualquiera quisiera tener.

—Me parece bien, podríamos ir a cenar a nuestro restaurante favorito después —añade, contento con la idea que ha planteado el mayor.

Por el rabillo del ojo alcanza a ver a aquel slytherin que ha estado en su cabeza últimamente, sus miradas se cruzan por apenas un segundo, y Harry no entiende porque, pero sabe que está molesto con el. Lo sabe por la mirada dura que le dirige.

Tom tan diferente a Cedric.

Riddle es serio, sus sonrisas son practicadas y falsamente encantadoras, su mirada siempre atenta esperando captar cada detalle, su cabello perfectamente peinado, su postura perfecta y músculos tenues. Riddle que simplemente no le quiere en su vida.

Y Harry se da cuenta que no es nadie para pelear por ello.

—¿Estas listo para ir? —Cedric pregunta, nuevamente con esa sonrisa que hace sonreír a los demás.

—Solo déjame ir por un suéter distinto y nos vamos —pide, desenredándose del contrario.

—Te esperare en la entrada —asiente, besando su coronilla de forma cariñosa antes de dejarle ir.

Harry camina lo mas tranquilo que puede pero sin tomarse su tiempo, no quería que el mayor se aburriera de esperarlo y para su desgracia Hogwarts no era un lugar de distancias cortas.

Se asegura de volver a su habitación, tomar su suéter y luego regresar sin perder el ritmo. Lo cual habría resultado eficiente si durante su regreso no se hubiera topado directamente con Tom Riddle.

—¿Qué pasa? —pregunta cuando esté no le deja avanzar, confundido.

—¿Tu padre sabe que saldrás con Diggory?

Harry parpadea, incrédulo—. ¿No? Pero sabe que estoy con el. Le dije que vendría a verme y- ¿que tiene de malo? —no entiende porque le está viendo de esa forma molesta, no son amigos para que le importe con quien sale o no, y duda mucho que su padre ponga tantos peros porque salga con Cedric.

Bien.

A su papá no le encanta Cedric, no es que lo odie, sabe que es un buen chico y siempre que conviven todo es ameno. Sin embargo le parece extraño que siendo tan mayor sea tan amigo suyo, o que sea tan cariñoso con el y venga a verle tanto. Harry cree que exagera, solo es 3 años mayor y su amistad es sumamente sana.

Pero aún así.

—No me parece el chico más confiable —parece querer decir más, pero Harry le interrumpe antes de que pueda hacerlo.

—Es Cedric, el chico de oro —resopla—. No creo que en este mundo exista chico más confiable —y es entonces que recuerda con quien está hablando—. Además, no creo que te interese demasiado, no se porque el con quien salga es tema de conversación.

—Lo creas o no se me permite preocuparme por ti —una sensación agradable se instala en el estómago del ojiverde ante las palabras del mayor y la mirada que este le dirige, sus ojos usualmente serios con un toque de algo que no puede describir.

Harry por supuesto que no se está sonrojando, y la única razón por la cual carraspea es para aliviar su garganta y no porque se haya quedado sin palabras—. Bueno, en ese caso no tendrías porque preocuparte —resta importancia—. Como dije es Cedric-

—Si si, el niño de oro, te escuche la primera vez —rueda los ojos, poco convencido—, y dos años mayor que yo, tres que tú. ¿No debería estar trabajando o algo así? ¿Siquiera trabaja o solo vive de estarte abrazando y sacándote de clases?

Vaya, realmente no le caía bien el antiguo Hufflepuff.

—Bueno —duda—. Ha estado trabajando con su padre mientras toma cursos para especializarse.

—Mhm, se me olvida que es un niño de papi, por supuesto que lo tomaría bajo su ala.

Hay cierto rencor en sus palabras que Harry capta de forma inmediata así como el motivo de este. Antes de que se dé cuenta ya está hablando, su mano sobre la ajena—. Bueno, no todos tienen el talento y la certeza de saber lo que quieren cuando están estudiando, o que tienen que hacer para lograrlo.

Riddle sonríe, de esa forma que al gryffindor le gusta, sincero. Como si supiera que intentaba animarlo, su mano dando un suave apretón en la ajena, su pulgar trazando una suave caricia que le quita el aliento al ojiverde. Y entonces el slytherin abre la boca, dispuesto a responder, aunque no llega a emitir palabra alguna.

—¿Harry? —Cedric se acerca, su mirada posándose sobre las manos entrelazadas de ambos jóvenes que Harry se apresura a separar, y una sonrisa amistosa en su rostro—. Tardaste y me preocupe —y entonces mira al ojiazul—. Riddle, es bueno verte.

—Lo mismo digo, Diggory —pero la sonrisa de este no podría ser más forzada.

—Lo siento por hacerte esperar —Harry mira al hufflepuff, sintiéndose culpable por su tardanza.

—No importa, puedo ver en qué te entretuviste —niega restando importancia—. ¿Estas listo para irnos? —coloca un brazo sobre sus hombros, de esa forma casual a la cual está tan acostumbrado.

Que por algún motivo Harry siente sumamente incorrecto en este momento, ahí con la mirada del slytherin sobre ellos.

—Si, vamos —pero antes de que comiencen a caminar voltea a ver a Riddle, quien ya le está mirando—. Nos vemos, Tom.

—Cuídate Harry, odiaría saber que algo te paso y estaba lejos para ayudarte.

—De eso me encargo yo, Riddle, no te preocupes —Cedric asegura, su sonrisa resplandeciente que tendría a cualquier chica suspirando.

—Por supuesto no esperaría menos, Diggory —el slytherin sonríe de igual forma, no envidiando nada al contrario, sus ojos hermosos y brillantes y su sonrisa tan encantadora como siempre.

El encuentro queda en la cabeza de Harry incluso cuando se encuentra cenando con el hufflepuff mayor en su restaurante favorito más tarde.

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