El último acorde de "Simplemente Amigos" se fundió con el sonido de los grillos en el jardín. Ana tenía una mano en la cintura de Verónica y la otra acariciando su espalda desnuda bajo el vestido. El calor de la noche, el vino y años de memorias compartidas creaban una electricidad que hacía temblar los dedos de Ana.
—Todavía hueles a avión—murmuró Ana enterrando la nariz en el cuello de Vero, donde el perfume Chanel N5 se mezclaba con el sudor del viaje.
—Y tú a pastel recién horneado —respondió Vero riendo, pero su voz se quebró cuando los labios de Ana encontraron ese punto sensible detrás de su oreja que solo ella conocía.
Ana la guió hacia el sofá de exterior, donde las velas derretidas pintaban caminos de cera sobre la mesa. Al sentarse, el vestido de Verónica se abrió dejando al descubierto sus muslos bronceados por el sol español contra el blanco de la tela. Ana pasó un dedo por la piel, siguiendo el rastro de una antigua cicatriz.
—¿Recuerdas cómo te hiciste esta? —preguntó, aunque lo sabía de memoria.
—Cuando resbalé en el escenario del Auditorio Nacional y tú saltaste del público para ayudarme como si fueras mi guardaespaldas —susurró Vero, atrapando el dedo de Ana entre sus dientes—.Antes de que fuéramos esto.
Ana deslizó las manos bajo sus muslos y la levantó como si pesara nada—igual que la primera vez que bailaron juntas en 1993—llevándola hacia la piscina iluminada por la luna.
—En Madrid—Ana hablaba entre besos que bajaban por su clavícula— ¿pensaste en mí cuando te tocabas?
Verónica ahogó un gemido al sentir los dientes de Ana en su pecho a través de la tela.
—Cada noche en la ducha con el agua tan caliente que casi me quemo imaginando que eran tus manos.
Cuando el vestido de Verónica flotó en el agua de la piscina como una medusa de seda, Ana admiró por décima milésima vez el mapa de su cuerpo— sus pechos redondos con pezones respingones y muy apetecibles , las estrías de sus embarazos anteriores , sus anchas caderas .
—Te extrañé aquí—Ana besó su ombligo— y aquí— sus labios subieron—pero sobre todo aquí.
El último beso se lo dio en la boca mientras sus manos terminaban el viaje que empezaron en el jardín. Verónica arqueó la espalda contra el borde de la piscina, haciendo olas que mojaron el pelo de Ana.
—No hace falta disculparse— jadeó Vero— pero sigue así , así
La lengua de Ana estuvo entre los pezones de Vero causándole calambres de placer y luego bajó a su vagina que se encontraba muy mojada , le encanta sentir la estrechez que Vero mantenía en esa parte sensible , introdujo primero dos dedos causando que la ojiverde le agarrara el pelo en una coleta hasta que culminó su orgasmo . Luego hicieron la posición cabalgando a Venus , una posición muy placentera.
Mucho después, cuando las velas se apagaron y solo quedó el temblor de sus cuerpos entrelazados en la hamaca, Verónica dibujó notas musicales invisibles sobre el pecho sudoroso de Ana.
—¿Sabes qué me traje de España? —preguntó con voz ronca.
—¿Otro admirador secreto? —bromeó Ana, mordisqueando su hombro.
Verónica le tomó la mano y la guió bajo el agua, hacia donde el nuevo brazalete—el que decía "Para la única estrella que ilumina mi vida"—había estado rozándola todo este tiempo.
Y bajo las estrellas las mismas que vieron su primer beso, sus peleas, sus hijos Ana le demostró que el hogar nunca se había ido. Solo esperaba, como siempre, a que volviera a sus brazos
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"Esta vez si se pudo "
RomanceEsto es una pequeña historia sobre el amor de Ana Gabriel y Veronica Castro pero en la actualidad , como se reencuentran y viven su amor sin importarles nada ni nadie
