Capitulo 26

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Martes 25 de abril. Los gritos desgarradores provenían de un sótano, un lugar subterráneo que conocía muy bien. Era seguro que el Chacal estaba torturando a alguien de la peor forma. Me acerqué a la recepción, donde una señorita me esperaba con una mirada seria. Era la secretaria del Chacal, que a la vez atendía a los trabajadores de la mafia.

—Buenos días — dije.

—Buenos días, señor. ¿Qué se le ofrece?

Lo único que pasó por mi cabeza es que estaba jodido.

...

En el edificio todo era silencio. Me encontraba desayunando y leyendo las noticias del día. Hacía varios días que no veía a Candy, y últimamente parecía que no estaba en casa, lo que me preocupaba mucho, sobre todo porque su bienestar y seguridad eran mi prioridad.

Aún no podía salir de casa gracias a las malditas muletas y el yeso me picaba horrores. Santiago venía de vez en cuando a cuidarme y contarme los chismes del trabajo, lo que le divertía mucho. Pero mi mente no podía pensar en otra cosa más que en la chica de ojos bonitos. Si mi abuela se enterara de que trabajo para la mafia, seguro me bañaría con agua fría, me haría dormir con los animales apestosos de su granja hasta que se me pasara lo bruto, tal como ella solía decirme.

Estaba aburrido de estar en casa, no sabía qué hacer, así que me había puesto a escribir unas memorias en el posible caso de que llegara a morir en manos de mi jefe. Si alguien debía tener mis memorias y el poco legado que tengo, esa sería Candy. Le dejaría lo poco que tengo y, con ella, mi amor profundo y secreto, un amor que jamás pensé llegar a sentir por alguien. Pero últimamente me estaba enamorando de una jovencita, algo que no debía hacerse, pero lo hice. Mi corazón podía más que mi mente, y eso me estaba destrozando por dentro.

— El Chacal te está esperando, Rojo.


La mujer me hizo pasar y me guió hasta la oficina del hombre que una vez fue mi jefe. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve aquí. Aún lo recordaba como la primera vez que entré: era un novato, un jovencito sin experiencia, con miedo y cagado hasta las patas.

El Chacal me recibió con su típico protocolo de bienvenida, que solo él conoce: golpes y sufrimiento humano.

FLASHBACK

—¿De verdad creen que este niño va a poder hacer los trabajos? Mírenlo, es como una pequeña rata, está muerto de miedo —su risa se estampó en mis oídos.

Los hombres que me sujetaban se rieron al compás de su jefe. Aunque no quería, tenía que pagar la deuda del idiota de mi padre. Al parecer, se había endeudado con la mafia italiana y, como método de pago, me ofreció al Chacal como si fuera una oveja sacrificada en el holocausto. Así era mi destino, uno donde la palabra "libertad" no existía.

—S-señor, si me permite decir algo —hablé con miedo.

Aquel hombre, del cual solo sabía su apodo, me observó, soltó una risita y me escaneó de pies a cabeza. Hizo una señal con la mano; en sus dedos tenía una especie de pulsera que, en la jerarquía de la mafia, significa que tiene poder.

—Adelante, habla —se sentó en una silla roja de cuero.

—Y-yo pagaré la deuda de mi padre, solo si promete dejar a mi familia en paz. Haré todo lo que me pida. Soy un campesino, puedo soportar lo que sea.

—Eres valiente, niño, pero para
pertenecer a esta organización, debes pasar una serie de retos.

El hombre sonrió, y sin más, asentí. Estaba seguro de que lo haría por mi abuela y mis pequeños hermanos, que dependían de mi padre. A mí no me importaba, pero mis hermanitos no tenían por qué pagar sus estupideces.

FIN DEL FLASHBACK


—Cuando me dijeron quién estaba en la puerta, no lo podía creer.

La voz del Chacal se escuchó en toda la habitación. Ya no era el mismo hombre joven que conocí, pero aún mantenía ese carisma y esencia que penetra hasta los huesos.

—Ya te había dado por muerto, chico —expresó.


—Ya ves que no, la muerte aún no se ha apiadado de mí, jefe. — Mi voz salió con decisión y determinación.

—Mmm, ¿aún me consideras tu jefe? —su silla roja se giró y los ojos de aquel hombre, al que respetaba mucho, me observaron. Sus labios soltaron una sonrisa.

—¿Me necesita, señor?

Hace cuánto tiempo no decía la palabra "señor", desde la última vez que estuve en París, cuando casi me matan.

—Así es, Rojo. Si haces bien tu trabajo, tendrás mis respetos.

Momento... ¿Dónde está Alfa?

...

Apenas podía salir de casa debido a mi pierna, aún así tenía que seguir con mi vida. Estaba muy distraído, como si supiera que tenía que hacer algo. Esa respuesta estaba en mi cabeza, rondaba desde hace tiempo. La única palabra que tenía en mi mente era el secuestro de Candy, la niña, la chica, la muchacha que cambió mi destino, mi inicio y mi final.

En base a eso, no quería hacerlo. No lo veía necesario. No quería ser yo el que arruinara la vida de aquella chica. Pero desgraciadamente, la vida de la mafia es oscura y perturbadora. Si yo no puedo salir de esa oscuridad, ella, que solo es pura luz, su brillo, su sonrisa se apagaría, y sería todo mi culpa.

Aunque debo admitir que desde hace meses siento algo por alguien. Un hombre como yo jamás imaginaría que sentiría ese sentimiento, el sentimiento del amor a primera vista.



CONTINURA

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