El día era frío en París, Francia. Afuera llovía a cántaros y me encontraba sentado en mi sillón, sin saber qué haría hoy. Últimamente no habían sido buenos días para mí, por un lado Candy estaba molesta conmigo y por el otro una misión que no acabaría jamás.
—¿Qué es esto? —dije tomando una carta que estaba tirada en mi pasillo.
Miré a ambos lados para ver quién la había dejado ahí. Tomé la carta para abrirla, y en su interior había una bala de color dorado con marcas de haber sido usada. Pero al apreciarla más a la luz, vi que la bala tenía grabado mi nombre: la palabra "Alfa" estaba escrita en ella.
Rápidamente tomé la pequeña nota que estaba acompañada de una bala. Decía lo siguiente: "Espero que te estés divirtiendo, porque serán tus últimas noches y días alegres en esta puta ciudad. ¿Ya viste la bala, verdad?".
—Por un carajo, qué mierda —dije
y rápidamente guardé la carta. Decidí salir del lugar y dirigirme al club a buscar información sobre esa misteriosa carta que había llegado a mi casa.
Maneje rápidamente, aunque no sabía si estaba asustado o no. La lluvia no ayudaba mucho, y los cristales de la camioneta se empañaron tanto que no podía ver por la carretera. Comencé a temblar, mis manos estaban desorbitadas y mis ojos estaban a punto de salirse de sus cuencas. En eso, todo se nubló para mí.
... El chirrido de unas ruedas, el sonido de una sirena, los ladridos de los perros... eso era lo único que se escuchaba en el ambiente. Alfa se encontraba tirado en la fría carretera, su cabeza sangraba y sus ojos estaban cerrados. Su labio estaba cortado y una pierna estaba quebrada.
Al poco tiempo, la ambulancia había llegado al lugar y cargaron a Alfa en una camilla. Aún no despertaba, estaba completamente inconsciente. Al llegar al hospital, rápidamente le dieron los primeros auxilios. Su cabeza había perdido mucha sangre, pero por suerte los doctores habían logrado salvarle la vida.
Mientras Alfa se encontraba inconsciente, tuvo sueños con su vecina lo que les esperaba en un futuro. Lo que se aproximaba no era nada bueno, estaría completamente solos.
Santiago había llegado al lugar corriendo, buscando a su amigo. La doctora le dijo que se encontraba en la habitación 303. Al entrar, Santiago pudo ver a su amigo, que aún no abría los ojos. Su cabeza se encontraba vendada con una pequeña tela blanca.
—Hay amigo, estás muy jodido —expresó Santiago con melancolía.
El chico se sentó en el sillón de enfrente, esperando a que su amigo despertara. Lo habían sedado, así que Alfa había dormido casi toda la tarde.
En ese momento, Alfa abrió los ojos y lo primero que vio fue a su amigo sentado a su lado.
—S-Santiago —dije con dificultad
—. Shh, tranquilo, no te esfuerces. Fue un accidente bastante fuerte, pero por suerte estás a salvo.
—No sé qué ocurrió, no tengo recuerdos de esa noche la cabeza me da vueltas — expresé
—¿Sabes el maldito susto que me diste? Cuando los oficiales llamaron diciendo que habían encontrado tu cuerpo y que no tenías señales de vida, créeme, cabrón, que me asusté demasiado.
—L-lo lamento, yo... Uh, carajo, esto duele demasiado — dije, mirando hacia un costado. En mi costilla tenía una pequeña cosida.
— Así la doctora dijo que no debías moverte. Casi pierdes una costilla y además tienes una pierna quebrada.
—¿Qué más podría pasarme? — resople
— No lo sé. Que el Chacal se canse de ti y termine con tu vida, más allá de eso, no sé qué más podría pasarte.
— Con respecto a eso, ese día del accidente llegó una carta a mi casa. En su interior tenía una bala grabada con mi nombre. Solo recuerdo que salí del departamento... ¡Claro! Iba al club a buscar respuestas.
Santiago me miró con extrañeza, seguro pensaría que estaba loco por lo que acababa de decirle. Pero era cierto, pocos y borrosos recuerdos se comenzaban a profundizar en mi cabeza.
—¿Una bala? Es raro, porque el Chacal ya no amenaza con balas. Ahora usa otros métodos — expresó mi amigo
— Entonces, si no fue él, ¿quién pudo haber sido?
— No lo sé, amigo. Tienes demasiadas preguntas. Ahora preocúpate por tu salud. Una vez que salgas de aquí, podrás investigar eso.
Santiago tenía razón. Aún no era el momento de pensar en quién carajos mandó esa maldita carta. Ahora debía preocuparme por mi bienestar y salud. Me sentía como si estuviera volviendo viejo, ya no era un adolescente que podía correr como antes. Me sentía un maldito miserable y rencoroso con la vida misma.
Maldito sea el día en que decidí formar parte de esta organización. Estaba tan bien con mi vida (una manera de decir) que no podía dejar mi pasado atrás. Este me atormentaría por el resto de mis días, hasta que el Chacal o alguien más acabara con ella.
— Ey, Alfa, ¿en qué piensas? — Santiago me sacó de mis pensamientos.
— En nada, no te preocupes...
CONTINURA
Hola querido lectores!!
Espero estén bien, se me eh demorado mucho en actualizar esta historia. Me disculpo por la demora mi día a día me quita tiempo de escritura, aún así espero seguir actualizando.
Para no aburrilos más
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ESTÁS LEYENDO
Alfa
Storie d'amoreAlfa tiene la difícil misión de secuestrar a una jovencita, pero la vida tiene diferentes planes para ellos. ¿Podrá Alfa mantener su reputación? ¿O morirá en el intento?.
