Habían pasado semanas, Candy y yo estábamos viajando en mi camioneta rumbo a la granja de mi abuela. Aún no le decía la verdadera razón por la que la traje conmigo, pero pronto le diría la verdad. Toda la verdad. Estábamos a unas cuantas millas de donde vivía mi abuela. Ya habíamos cruzado los páramos y habíamos salido de la ciudad de París. El clima era hostil y frío. Aún recuerdo cuando le dije a Candy que me siguiera, que no la dejaría sola. Ella aceptó afortunadamente.
FLASHBACK
Ese día, hace una semana.
—Candy, sabes que mi abuela vive con mi prima en una granja. Pienso ir a visitarla. ¿Te gustaría acompañarme?
Mi plan para escapar estaba yendo a pie de letra. Ambos haríamos lo que fuera necesario. Ya había tirado mi teléfono, solo faltaba deshacerme del de ella.
—Una granja, no he estado en esos lugares desde que era una niña. Me encantaría ir contigo —sonrió.
Eso me aliviaba. Cuando sea el momento, le quitaría su celular para que no nos rastreen. Y Santiago ya sabía el plan, él no diría nada.
—Perfecto, tengo todo listo en la camioneta. Solo lleva lo necesario, pasaremos unos días allí.
—Claro —sonrió ella.
FIN DEL FLASHBACK
Ahora íbamos por la carretera rumbo a la granja. Quedaban algunas horas para llegar según el GPS. Candy iba en el asiento de copiloto, con Roko dormido en sus brazos. Se veían tan lindos juntos, una imagen digna de ver. Me deleitaba viéndolos y, por primera vez, sonreí feliz. Una felicidad que me llenaba el corazón. Me sentía en paz, como nunca antes había experimentado. La chica de la que me enamoré y su mascota estaban sentados a mi lado. Si ellos seguían con vida, para mí no había mayor felicidad que tenerlos a mi lado.
Cuando entramos a la granja, Candy se despertó. Observó el lugar y se la veía feliz, sonriendo de par en par. Como si ese lugar también le diera paz. Observó los árboles frutales, el campo verde, los animales, el enorme espacio extra, el granero y la casa.
—Hemos llegado —dije, estacionando frente a la casa.
Mi abuela salió a recibirnos, su rostro mostraba felicidad. Me abrazó con fuerza y besó mis mejillas como cuando era un niño. Tiempo después, salió mi prima Carla, sonriendo y dándome sus sermones de por qué no la llamaba. Mi abuela observó a Candy.
—Abuela, Carla. Ella es Candy.
—Oh, por fin mi nieto tiene novia —dijo mi abuela alegre, saltando.
—Oh, no, no señora. Alfa y yo solo somos vecinos —respondió un poco asustada Candy.
—Oh, bueno, de todas formas son bienvenidos —mi abuela me abrazó.
Era un abrazo que hacía meses no tenía. Se sentía cálido y cariendo. Era un abrazo típico de abuela, donde transmitía todo su amor.
—Pasen, deben estar cansados. Tengo tarta de arándano y café. Vamos, no se quede ahí, que hace frío.
Seguimos a mi abuela hasta dentro de la casa, era enorme y seguía igual a cuando estuve la última vez aquí. No había cambiado nada. Una casa enorme con muebles de roble y sillones bien acomodados. Carla vivía con mi abuela desde que era prácticamente una niña. Su madre la había abandonado, así como mis padres a mí. Nos sirvió café y porciones de tarta. Todo estaba exquisito. Mi abuela me preguntaba sobre mi día a día en el trabajo, el porqué no me dejaban salir para venir a verla. A veces le preguntaba cosas a Candy, si tenía novio o familia. Eso del novio me molestó porque sabía que ella se estaba viendo con un chico, pero controlé mis celos. Carla nos contaba sobre la granja y los animales. Se sentía tan vacío estar lejos de casa. No hay nada como el amor de la familia y amigos. Pero a veces, por más que tengas a todos ellos de tu lado, te sigues sintiendo solo. No quería tener apego emocional, pero con Candy lo estaba logrando. No sé cuánto más aguantaría sin confesar mis sentimientos.
Al llegar la noche, mi abuela nos llevó a nuestras habitaciones. Solo había tres. Sabía cómo era ella con respecto a las reglas de las relaciones carnales, así que me decidí por irme al granero para que estuvieran más cómodas. Llevé conmigo una manta y una almohada. Carla me acompañó.
—Esa chica Candy es muy dulce. Quedé fascinada con tu amiga —dijo mi prima alegre.
—Sí, pero hay algo que no le he dicho. De hecho, nadie lo sabe — hablé un poco inquieto.
— ¿Qué cosa primo? — por un momento Carla me miró.
—Carla, yo bueno yo.
CONTINURA.
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Alfa
RomanceAlfa tiene la difícil misión de secuestrar a una jovencita, pero la vida tiene diferentes planes para ellos. ¿Podrá Alfa mantener su reputación? ¿O morirá en el intento?.
