Capitulo 36

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Sirius caminaba por el bosque en su forma animaga, aún pensaba en la chica pelirroja que le habia dado aquel cupcake. No había comido en días y eso realmente habia parado su hambre. Ahora que la nieve se habia ido era mas fácil esconderse y robar comida, podía camuflarse fácil por la noche o entre los árboles.

Quien era aquella chica? Tenía una cabellera tan roja como el fuego, ojos dorados. Lucia como una sangre pura, pero de que familia podría ser? Los únicos pelirrojos que conocía eran los Weasley.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un sonido.

Levanto sus orejas hacia el ruido de la rama romperse, sus cabellos se erizaron, sacó sus colmillos y gruño, abrió su boca cuando vio a un conejo blanco.

El conejo lo miró fijamente, inmóvil bajo el gran árbol frente a él, como si no temiera en absoluto al enorme perro negro que gruñía frente a él. Sirius entrecerró los ojos, desconcertado. Algo en ese animal le resultaba... extraño.

Se acercó con cautela, su hocico a centímetros del pequeño cuerpo tembloroso. Y entonces, el conejo parpadeó. Sus ojos no eran comunes: eran dorados.

Exactamente del mismo tono que los de la chica.

Sirius retrocedió un paso, desconcertado. Su instinto le decía que eso no era un simple conejo. La criatura se giró con gracia sobrenatural y comenzó a alejarse a saltos suaves, sin prisa, como esperando que la siguieran.

El corazón de Sirius latió con fuerza.
Volvió a tomar forma humana, respirando agitadamente.

– Qué demonios eres tú? – murmuró entre dientes, sus ojos grises fijos en el rastro que dejaban las huellas pequeñas. Sin pensarlo, comenzó a seguirlas.

Lo que fuera ese conejo… sabía que lo llevaría directo a aquella chica de cabello rojizo como el fuego.

Un viento fuerte soplo levantando las hojas a su alrededor, Sirius gruño y cubrió su rostro ante la fuerte ventisca. El viento se calmo y cuando descubrió su rostro el conejo habia desaparecido.

Sirius parpadeo confundido y volvio a transformarse en grim para correr hacia donde creyó que fue el conejo.

Makaria choco con Harry, Hermione y Ron cuando estos volvían corriendo de la cabaña de Hagrid.

Su hermano Fue el primero en fruncir el ceño con molestia. Pero antes de poder lanzar algún comentario Harry hablo.

– Makaria! Como estas? – Hablo él tratando de recuperar el aire.

La pelirroja recordó que en este mismo momento estarían por "decapitar" al hipogrifo.

– Estoy bien. – Exclamó con una sonrisa. Sus ojos dorados se posaron en Hermione. – Hola Hermione. – La nombrada le devolvio la sonrisa un poco tímida.

– Hola Maki. – Susurro la Gryffindor. Ron por su parte apretó los puños ante el intercambio de palabras.

– Que haces aquí? Buscas burlarte del pobre ave que decapitaran por culpa de Malfoy? – Siseo su gemelo con rencor.

Makaria lo miró en silencio. No con enojo, ni tristeza. Solo con esa expresión estoica que hablaba más que cualquier grito.

– No. – respondió con firmeza. – Vine a ver al ave. Porque nadie debería morir por estupidez ajena. Fue estúpido de Malfoy ponerse en medio del hipogrifo no siguiendo las advertencias e indicaciones de Hagrid.– Musito tenue.

El comentario hizo que Ron desviara la mirada, mordiendo el interior de su mejilla y apretando sus puños. Hermione le tocó el brazo suavemente, en señal de advertencia.

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