Capitulo 37

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Recuerdos de tercer año de Makaria:

Sirius caminaba de un lado a otro, pareció nervioso en pánico, estuvo tan cerca de huir, pero luego Remus se tuvo que transformar perdiendo su mente y dejando escapar a Peter.

Suspiro y tiro de sus cabellos con frustración, dejo salir un gruñido de enojo pateando la reja con furia.

Makaria lo habia ayudado tanto, le dio de comer, guardo todo este tiempo el secreto de su identidad y de que era animago, joder incluso se interpuso entre ese el hechizo lanzado por Snape en la casa de los gritos. Lo protegió en todo momento, le dio la mano cuando todos le dieron la espalda, gracias a ella pudo hablar con Harry.

Cerró sus ojos y se sentó en el suelo tomando su cabeza.

Era el final, recibiría el beso de los dementores y-

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un susurro dulce lo llamó. Levanto su cabeza rápidamente viendo a Makaria con los ojos llorosos.

– Que- – Makaria hizo una seña con sus manos para que bajará la voz.

– Te sacaré de aquí. – Ella susurro. – Harry y Hermione todavía no han vuelto. – Sirius la miró confundido. Harry y Hermione? A donde se habían ido..? No, eso no es lo importante ahora.

– Makaria.. que te sucedió en el brazo? – Pregunto en tono ronco.

Como si fuera algo de todos los días Makaria solo ignoro el comentario. Y antes de hechizar la puerta ambos pudieron ver la gran figura del hipogrifo que debería de estar muerto.

Harry y Hermione bajaron a toda velocidad, los Gryffindors se asombraron al ver a Makaria alli, pero no preguntaron solo la ayudar a rescatar a Sirius.

Cuando la despedida llegó, Makaria fue quien mas lloro, se sentía sola, volvía a la misma rutina. Maltratos, gritos, burlas, humillación.

Y todas ellas de su propia sangre.

Estaban en vacaciones y anhelaba estar en Hogwarts. No era diferente ya que alli la persona que le hacía la vida imposible era Draco Malfoy y su séquito. Pero tenia la compañía de Pansy y de Severus..

Odiaba estar en su habitación aislada de todos. Su única compañía era la muñeca que su madre le habia regalado cuando tenía solo 3 años, ese viejo juguete y aquel demonio que no se despegaba de ella.

No importa cuanto hiciera, no importa cuanto gritara, insultara o golpeara a aquel ser. Este parecia volverse mas apegado a ella.

Le irritaba, la frustraba. Pero de alguna forma se iba acostumbrando a su presencia.

Abrazo a su muñeca y suspiro, era de noche, no habia comido nada. No es como si tuviera hambre, además de que no queria hacer enojar a su hermana menor. Sus órdenes fueron claras.

"Alejate de Harry quien hoy vendrá a casa."

Un golpe en su puerta la hizo brincar. Apretó fuertemente al juguete entre sus brazos trago saliva con leve temor.

– Si...? – Susurro casi inaudible con voz temblorosa.

– Maki..? Soy yo. –

La respiración de Makaria se detuvo. Sus ojos se abrieron con asombro.

Harry.

Era la voz de Harry.

Makaria se levanto lentamente y cuando su mano se dirigió al picaporte detuvo su acercamiento.

– Necesitas algo? – Volvió a susurrar.

Su mano sudaba, y si esto era una prueba de Ginny? Y si era una broma de Ron? No, aún peor, de los gemelos? Miles de pensamientos pasaron por su cabeza.

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