takemichi hanemiya

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Y ahí estaba él..

Sus dedos se movían ágilmente sobre el instrumento que tenia en el hombro, dejando que el viento golpeara su rostro, con los ojos cerrados mientras que movía el arco sobre aquel violín, con una precisión natural dejando escapar todos sus sentimientos.

Parado en la azotea de su escuela tocando como si no hubiera mañana, dejando que la música fuera lo único que invadiera sus oídos porque tocar el violín es lo único que sabe hacer, porque le gusta lo que hace, le gusta tanto que lo odia porque en un principio fue su amor pero gracias a su padre se convirtió en una obligación.

Kazutora tocaba de manera tan concentrada, no necesitaba partituras porque conocía las cuerdas que debía tocar, no había nadie para ver tan perfecta interpretación de; winter de Vivaldi pero no los necesitaba, el sol, el viento, las aves eran su público y su corazón y mente eran aquel juez cruel que lo criticaban con cada nota tocada mal.

¿Cuantas horas llevaba tocando? ¿La hora del receso había terminado? No lo sabe pero lo único que puede hacer es tocar y tocar.

Porque lo necesita, lo desea, le permite respirar.

Llendo de un Sol a un Mi, desde la nota más aguda hasta la más grave, nada lo detenía, ni el dolor en sus dedos, ni el sudor bajando por su frente.. no había nadie que lo detuviera porque solo eran su instrumento y él, nadie más.

Se supone que hoy es su cumpleaños pero nadie se acordó, su madre no lo felicito, su padre ya no vive con ellos y su hermano no lo ha llamado.. se siente tan solo..

Cuando su hermano nació su padre era el hombre más feliz, había nacido el varón que tanto quería y no solo eso, a la edad de cuatro a años se dieron cuenta del talento innato que tenía takemichi con el piano, siendo un orgullo, un trofeo para su padre.

Luego nació él, su padre no estaba tan emocionado como cuando nació takemichi ya que el de ojos azules era su trofeo, recuerda cuando cumplío cuatro años, ese día su regalo fue un violín, su padre tenía la esperanza de que él también tuviera un talento como takemichi y para sorpresa de muchos así fue, kazutora nació con un don para el violín pero desde ese momento nació su amor y odio hacia aquel instrumento.

Una cadena que lo ataba, le daba una presión que ningún niño merecía pero siempre se esforzaba para escuchar los elogios de su padre, quien nunca le había sonreído lo hacía cuando los profesores lo felicitaban por su destreza, recuerda cuando tuvo su primer recital con takemichi, se sintió feliz porque tocar al lado de su hermano fue como estuviera volando entre notas, todo había desaparecido y un sentimiento de éxtasis y un llenar que jamás había sentido se instaló en su pecho.

Pero luego.. sus padres se divorciaron, si le preguntan a él siente que fue la mejor decisión que su madre pudo haber elegido, después de todo vivir con alguien tan agresivo nunca es bueno, aunque algo malo vino de eso.. su padre se quedó con la custodia de takemichi y él se tuvo que quedar con su madre.

Fue una dolorosa separación.. un violinista no puede estar sin su pianista porque.. aunque toquen un tema tan sublime.. nunca va a ser lo mismo, kazutora sentía que le habían arrebatado a su otra mitad, a la única persona que lo comprendia.

Hoy en día aunque tocará como lo está haciendo ya no siente lo mismo.. esa emoción desapareció y cuando llega a la nota más alta o al desafío que el mismo se planteo su corazón ya no se siente que va a explotar.

¡Kazutora! ¿que haces? Vamos al arcade -de manera abrupta la puerta de la azotea fue abierta y ella salieron varios chicos, sus amigos.

El nombrado bajo el instrumento y vio a los recién llegados con una ceja alzada ¿Ya habían terminado las clases?

hermano de...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora