capitulo 47

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La habitación estaba en penumbra cuando Severus cerró la puerta con cuidado.

Harry no despertó. Ni siquiera se removió cuando lo acomodó entre las sábanas, cuando retiró los zapatos pequeños y pasó una mano por su cabello desordenado. Aquello, por sí solo, era extraño. Su Harry solía moverse, murmurar, aferrarse inconscientemente a cualquier punto de contacto.

Esta vez no.

Severus se acostó a su lado, rígido, con un brazo rodeando el cuerpo pequeño. Esperó. Contó respiraciones. Ajustó su propia magia, dejando que se expandiera apenas lo suficiente como para rozar la de su hijo.

Y ahí estaba.

Débil.

No rota. No dañada de forma visible.
Solo... menos.

Como una llama que alguien hubiera cubierto parcialmente con un vidrio opaco.

Severus cerró los ojos.

—No —murmuró, tan bajo que ni el aire pareció escucharlo.

Harry suspiró en sueños y se acercó más, buscando calor. Severus lo sostuvo con más firmeza de la necesaria, como si pudiera anclarlo al mundo solo con contacto.

El reloj marcó una hora. Luego otra.

El sueño no llegó.

En algún punto de la madrugada, Harry se removió inquieto. No despertó, pero su magia fluctuó, un pulso errático que hizo que Severus abriera los ojos de inmediato.

—Estoy aquí —susurró, aunque su hijo estuviera completamente dormido —Estoy aquí—

Cuando el cielo comenzó a aclararse tras las cortinas, Severus ya había tomado una decisión.

deslizó con cuidado su brazo fuera de las sábanas y se levantó sin hacer ruido.

La casa estaba en silencio

El niño no despertó cuando lo envolvió en una manta más gruesa ni cuando cruzó la puerta recibiendo el aire helado

El laboratorio estaba frío, igual que todas las mañanas, solo que esta vez no esperaría al sol para entrar en calor, Severus chasqueó los dedos y las lámparas se encendieron una a una, obedientes. 

No tardó en apartar una esquina del espacio —la más alejada de los calderos— y transformarla con movimientos precisos, casi automáticos.

Una cama baja, rodeada por barreras suaves, no defensivas sino estables, encantamientos de contención, no de encierro. Runas grabadas directamente en el suelo, antiguas, discretas. Nada que alterara la magia del niño; solo cosas diseñadas para cuidar y sostener

Harry fue colocado allí con cuidado extremo.

Severus ajustó las mantas, pasó una mano por la frente del pequeño y se detuvo apenas cuando notó lo mismo de la noche anterior.

Demasiado tranquilo.

—No voy a dejarte —dijo en voz baja, más promesa que frase —Ni un segundo—

Colocó el primer caldero al fuego con un gesto seco. No una poción. No aún. Primero, observación

Instrumentos de medición flotaron en el aire, formando un círculo incompleto alrededor de la cama. Ninguno tocó a Harry. Severus no lo permitiría.

La aguja de cristal tembló.

Luego se detuvo.

—Imposible... —murmuró.

La lectura no descendía de forma constante. Se deslizaba. Se retiraba y regresaba en intervalos irregulares, como si algo probara el terreno, retrocediera... y volviera a intentarlo.

𝐏𝐨𝐭𝐢𝐨𝐧𝐬, 𝐛𝐫𝐞𝐞𝐝𝐢𝐧𝐠 𝐚𝐧𝐝 𝐬𝐮𝐫𝐯𝐢𝐯𝐢𝐧𝐠Donde viven las historias. Descúbrelo ahora