DOLOR

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SEULGI

Ya era momento, volveríamos a Corea, me dolía, pero debía fingir por ella, debía fingir una sonrisa.

Antes del despegue le mandé un mensaje al abogado para que se encargue de los idiotas que me dejaron en esta condición, con el OK de respuesta me sentí más tranquila y luego de ello me tomé algunas fotos con Irene como modo de recuerdo, finalmente decidimos dormir durante el viaje.

Al llegar pedimos un taxi y le indiqué la dirección correspondiente, el de un departamento que no usaba, lo cual dejó confundida a Irene ni bien llegamos, ella esperaba que llegáramos a casa, no a otro sitio.

Mientras Irene bajaba las maletas le pedí al conductor que me esperara, que yo no bajaría, algo que Irene vio confundida y preocupada por el hecho.

- En el segundo piso tengo un departamento grande y amoblado, te va a gustar. Incluso hay un buen restaurante al lado y hay dinero también para que lo disfrutes...

- ¿Por qué me trajiste aquí?

- Porque no quiero que estés con una inválida, no quiero que sufras. – confieso. – Por eso te dejo ir, así que olvídame por favor. – miro como sus primeras lágrimas comienzan a caer, siento mucho dolor. – Espero que vivas feliz y continues tocando el piano, ese es mi único deseo. Lo siento mucho. – no puedo mirarla, es insoportable verla llorar, pero ni siquiera puedo pararme y abrazarla, esto es molesto.

- ¡¿Por qué decides por mí?! – se enoja. – No pidas que sea feliz sin ti a mi lado. – seca sus lágrimas. – Si me dejas lo más probable es que una muera antes que la otra o sea a la vez ¿No lo crees así?

Era cierto ello, yo me considero capaz para quitarme la vida sin chistar, pero no podría hacerlo pronto porque al menos me gustaría saber de ella y verla a través de fotografías, no por nada he contratado un espía.

- Por favor, no hagas esto más difícil. No quiero que cometas una locura, solo quiero que seas feliz, y yo ya no puedo hacerlo real. En mi condición no me encuentro emocionalmente bien y ello podría hacer que te grite y desquite contigo, algo que no me perdonaría. – confieso entre lágrimas. – No quiero lastimarte.

Cierro la puerta del auto y le pido al taxista que conduzca y cobardemente la dejé ahí llorando, soy una bastarda, soy de lo peor realmente.

Para mi suerte el hombre me apoyó dejándome a mi y a mis pertenencias dentro de mi hogar. Seguido a ello, llamé a mi amigo, quien es el espía, quien llegó en pocos minutos porque se encontraba cerca.

- ¿Qué fue lo que te pasó?

- Intente defender a la mujer que amo y quedé en este estado. – trato de mantener la calma.

- Lamento mucho esto Seulgi.

- Gracias, pero no te llame para ello.

- Lo sé. – suspira. - ¿Qué deseas que haga exactamente?

- Como verás, en mi condición no puedo verla ni protegerla, por esa razón, quiero que te turnes con tus compañeros de confianza, la cuiden a escondidas y me mandes información sobre lo que hace con todo y fotografías.

- No te preocupes, tendré a los de confianza, solo mándame la información a mi móvil y yo hago el resto.

Y ello fue lo que hice, finalmente nos despedimos y le hice el depósito correspondiente para que labore desde el día de hoy.

Por último, llamé al doctor que haría mi tratamiento, quien dijo que a la mañana siguiente llegaría con todos los implementos.

Al terminar esas llamadas me dirigí a mi habitación, felizmente la silla de ruedas era tecnológica, por ello fue más fácil movilizarme. Ahí ingresé a la habitación secreta, en donde guardaba mis armas y tenía una pantalla grande mostrándome todo lo que las cámaras de seguridad captaban, de igual manera, tenía un pequeño robot que había construido en uno de mis tiempos libres, el cual tenía una personalidad humana, uno podía conversar con él y además, podía hacer las tareas del hogar, lo iba a necesitar mucho, por ello, lo encendí y lo mantuve a mi lado con el fin de apoyo mientras le ensayaba otras acciones mediante videos dado a que yo misma no podía hacerlo.

LO SIENTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora