032- As never before.

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❝I bet you wanna come with me
I bet you wanna cum on me, oh
I got you feelin' so funny
Feelin', feelin' free
Throw it all on me, yeah❞










Empezamos la mañana con un momento algo chistoso. No sabía que Rodrygo tenía las llaves de la casa de Jude, casos de emergencia, por ende, cuando Jude y yo estábamos a punto de hacerlo en la cocina, pasamos la pena de nuestra vida

Recuérdenme porfa no volver a hablarle a Sofía, gracias.

Eran las diez de la mañana. Jude no tenía entrenamiento temprano y María, la señora del servicio, se había ido a hacer unos recados. La casa estaba sola, en silencio, y el ambiente estaba... digamos que más caliente que el asfalto de la Avenida Campo Serrano al mediodía.

​Yo llevaba puesta solo una de sus camisas blancas y Jude... bueno, Jude solo llevaba sus ganas. Estábamos en la isla de la cocina, justo entre la cafetera y el frutero, en ese punto donde ya no hay retorno. Jude me tenía agarrada por los muslos, levantándome como si yo no pesara un gramo, y su acento de Birmingham se volvía un susurro ronco que me dejaba loquisima.

​—God, Aaliyah, you’re so...—empezó a decir, pero la frase se quedó a mitad de camino.

​​El sonido de la cerradura de la puerta principal resonó en toda la planta baja. Me puse rígida como una estatua.

​—¿Jude?—susurré con los ojos como platos.

​—It’s probably just the wind, bab, don't stop...—respondió él, intentando seguir en lo suyo.

​—¡Hermanito! ¡Ya llegué! ¡Traje la Play porque Vini dice que...!

​La voz de Rodrygo Goes entró a la cocina antes que él. Pero para cuando Rodrygo dobló la esquina, ya era tarde. Jude intentó bajarme a la velocidad de la luz y yo casi me mato contra el granito, intentando estirar la camisa para que me tapara hasta los tobillos (cosa imposible).

​Rodrygo se quedó petrificado en la entrada. Tenía un control de PlayStation en la mano y una bolsa de churros en la otra. Se le abrieron los ojos tanto que pensé que se le iban a salir.

​—¡Ay Dios mío! ¡Mis ojos!—gritó Rodrygo, tapándose la cara con la bolsa de churros, aunque claramente estaba mirando por entre los dedos.—¡Jude! ¡Coño, hombre! ¡Son las diez de la mañana!

​—Rodry! Get Out!—rugió Jude, rojo como un tomate, tratando de ponerse frente a mí para taparme.—What the hell are you doing here, man?! Get out of the kitchen!

​—¡Tengo llaves para emergencias, no para verles el trasero!—respondió Rodrygo, dándose la vuelta todo indignado.—¡Kailani, perdón! ¡No vi nada! Bueno, vi un poquito, pero ¡perdón!

​—¡Vete ya, Rodrygo!—grité yo desde atrás de Jude, sintiendo que la cara me iba a estallar de la vergüenza.

​Escuchamos los pasos de Rodrygo corriendo hacia la salida y el portazo de la entrada principal. Hubo un silencio sepulcral en la cocina. Miré a Jude. Él me miró a mí. Tenía el pelo vuelto un desastre y la respiración todavía agitada, pero ahora por el susto.

—Y bueno mujer de Dios, eso fue lo que pasó con tu hermano.—Le dije a Sofía mientras caminábamos encadenadas de brazos junto a Pía y Melissa.

𝑶𝑵𝑳𝒀 | 𝑱𝑼𝑫𝑬 𝑩𝑬𝑳𝑳𝑰𝑵𝑮𝑯𝑨𝑴Donde viven las historias. Descúbrelo ahora