036- Little stubborn.

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❝Tale as old as time
Tune as old as song, oh
Bitter-sweet and strange
Finding you can change
Learning you were wrong, oh❞

Me quedé ahí, parado en medio de la cocina, sintiéndome como un idiota con mi traje perfectamente planchado. El silencio que dejó al subir las escaleras pesaba más que los gritos en el Bernabéu. Miré el pavo, las ollas humeantes y el desorden de una batalla culinaria que ella había peleado sola mientras yo me miraba al espejo.

​—Fuck off.—susurré, frotándome la nuca.

​Había metido la pata. No era solo la cena; era el hecho de que ella estaba aquí, a miles de kilómetros de su casa, lidiando con mi cultura, con mi familia y con mis expectativas, mientras yo simplemente asumía que estar conmigo era "suficiente" para compensar todo lo que dejó atrás.

Recordé sus ojos cuando colgó el teléfono; estaban llenos de una Santa Marta que yo no podía darle por mucho que ganara en el Madrid.

​Me acerqué a la estufa, vigilando el sancocho como si fuera una bomba de relojería. No sabía ni por dónde empezar, pero no iba a dejar que se echara a perder nada, ni la comida ni nosotros.

​Escuché el timbre. Eran Jobe y Millie. Y por el ruido del motor afuera, mis padres no tardarían. La presión subió de golpe.

​—Jude! Merry Christmas, mate!—exclamó Jobe entrando a la cocina, pero se detuvo en seco al ver mi cara.—Whoa... you look like you just lost the league. Where’s Kai?

​—Se está arreglando.—respondí seco, señalando el pavo.—Jobe, hazme un favor. Lleva a Millie al salón, sírvele algo y mantengan la fiesta en paz. Kai está agotada y no quiero ni una sola palabra fuera de lugar hoy. ¿Entendido?

​Jobe arqueó una ceja, reconociendo mi tono de "capitán", y asintió llevándose a una Millie que ya empezaba a arrugar la nariz por el olor a cilantro.

​Subí las escaleras dos minutos después, impulsado por una necesidad urgente de arreglar las cosas. La encontré terminando de arreglarse el peinado que se estaba haciendo, concentrada mirándose al espejo. Ni siquiera hizo el esfuerzo de mirarme, siguió en lo suyo.

Se veía eterea, como siempre. Kailani era una mujer que no necesitaba mucho para verse hermosa, incluso en sus peores momentos lo era. De su cuello colgaban varios dijes y colgantes, uno sospechaba que era mío, los otros si eran de ella.

Me quedé apoyado en el marco de la puerta, simplemente contemplándola. El contraste entre la guerrera que hace diez minutos estaba "vuelta nada" en la cocina y esta mujer etérea que me devolvía el reflejo en el espejo era demoledor.

Llevaba el pelo oscuro recogido con una delicadeza que resaltaba sus facciones, y esos colgantes dorados que tintineaban suavemente con cada movimiento suyo parecían contar su propia historia; uno de ellos, efectivamente, era el mío, descansando justo sobre su pecho como una marca de propiedad y de hogar.

​—You look incredible, Kai.—susurré, rompiendo el silencio.—Like a dream.

​Ella no respondió de inmediato. Siguió ajustando uno de sus anillos con una calma que me ponía los nervios de punta. Sabía que detrás de esa fachada de perfección seguía la little stubborn que extrañaba el calor de Santa Marta y que estaba a punto de enfrentar una cena que se sentía como una final de Champions sin haber calentado.

​—No me mires así, Jude.—dijo finalmente, aunque su voz ya no sonaba tan rota.—Que me desconcentras y después termino con un ojo más pintado que el otro por tu culpa.

​Me acerqué despacio, sintiendo el aroma de su perfume mezclándose con el rastro casi imperceptible de las especias de la cocina. Me puse detrás de ella, mis manos rodeando su cintura, creando ese marco donde mis casi dos metros envolvían sus uno cincuenta. En el espejo, éramos el equilibrio perfecto entre la fuerza y la gracia.

𝑶𝑵𝑳𝒀 ¹ | 𝑱𝑼𝑫𝑬 𝑩𝑬𝑳𝑳𝑰𝑵𝑮𝑯𝑨𝑴Donde viven las historias. Descúbrelo ahora