Kailani García, una colombiana echada para adelante, fuerte y valiente, es una chica de diecisiete años que aún está en su último grado de colegio, sus preocupaciones son típicas de una chica que está a punto de ser legal en su país, casi siempre se...
❝A esta mami le gustó este show Me dice que esto es lo mejor Que si esto se repite Me promete que llevará más amigas al flow❞
Verga, verga, verga.
Son las nueve de la mañana y ya tengo una invasión en mi cuarto. Pero al menos traen café, porque con este sueño no hay ser humano que se aguante a nadie.
—¿Si saben que son las nueve de la mañana?—Les dije, tanto a mi mamá como a Valentina.
—Podrán ser las nueve, mijitica, pero usted tiene cule poco de pelo y eso no se va a arreglar solo.—Me respondió la antes mencionada.
Gran verga.
Evidentemente me había visto el partido de Champions del Real Madrid en Anfield. A mi esa vaina me daba frío nada más de verla y eso, el aire estaba en veinte.
Me pasé la mano por la cara, tratando de despegar los párpados. Valentina ya estaba sacando la plancha y un arsenal de laca que prometía dejarme el pelo tieso hasta el 2026.
—¿Viste cómo jugó Jude?—soltó Valentina como quien no quiere la cosa, mientras empezaba a desenredarme el pelo con una fuerza innecesaria.—Ese hombre ayer estaba como poseído. Marcó uno y dio una asistencia que... ¡uuff! Corría como si le debieran plata.
—Ajá, corría para alejarse más rápido de aquí.—murmuré, sintiendo un pinchazo de amargura en el pecho.
Lo había visto. Claro que lo había visto. Me quedé hasta la madrugada pegada al televisor, viendo cómo celebraba bajo la lluvia de Liverpool, viéndose más guapo y más inalcanzable que nunca. Al final del partido, le envié un mensaje: "Felicidades, Judy. Estuviste increíble".
Todavía no me lo había respondido el desgraciado. Ni siquiera un "gracias". El "Visto" me gritaba desde la pantalla de WhatsApp y yo solo quería botar el teléfono por la ventana.
—No seas amargada, Kai.—intervino mi mamá, entrando con el vestido colgado en una percha.—El muchacho tiene responsabilidades. Bastante hizo con hablar con tu papá y dejar las cosas claras.
—Sí, mami, clarísimas. Tan claras que hoy me graduó y mi novio está celebrando en un avión de regreso a Madrid mientras yo aquí me peleo con este frizz.
Me miré al espejo. Tenía ojeras de haber dormido poco y de haber llorado un poquito antes de cerrar los ojos. Hoy era el día. Iba a recibir ese cartón, iba a ser la mujer con el mejor puntaje de la promoción, y el hombre que me había prometido "estar ahí siempre" era solo una notificación fantasma en mi celular.
—¡Ni se te ocurra llorar, Kailani Aaliyah!—me regañó Valentina, agarrándome la barbilla.—No voy a gastar base de alta cobertura para que tú la dañes con tus mocos. Maquíllate el alma si es necesario, pero hoy vas a salir de aquí pareciendo una reina, ¿oíste, cara de verguita?
Suspiré, rindiéndome. Valentina tenía razón. Jude no estaba, pero yo sí. Mi futuro estaba ahí, esperándome, y aunque me doliera el vacío en el asiento de invitados, no iba a dejar que eso me arruinara el orgullo de graduarme.
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