029- Every day is a honeymoon.

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❝A esta mami le gustó este show
Me dice que esto es lo mejor
Que si esto se repite
Me promete que llevará más amigas al flow❞














Verga, verga, verga.

Son las nueve de la mañana y ya tengo una invasión en mi cuarto. Pero al menos traen café, porque con este sueño no hay ser humano que se aguante a nadie.

—¿Si saben que son las nueve de la mañana?—Les dije, tanto a mi mamá como a Valentina.

—Podrán ser las nueve, mijitica, pero usted tiene cule poco de pelo y eso no se va a arreglar solo.—Me respondió la antes mencionada.

Gran verga.

Evidentemente me había visto el partido de Champions del Real Madrid en Anfield. A mi esa vaina me daba frío nada más de verla y eso, el aire estaba en veinte.

Me pasé la mano por la cara, tratando de despegar los párpados. Valentina ya estaba sacando la plancha y un arsenal de laca que prometía dejarme el pelo tieso hasta el 2026.

​—¿Viste cómo jugó Jude?—soltó Valentina como quien no quiere la cosa, mientras empezaba a desenredarme el pelo con una fuerza innecesaria.—Ese hombre ayer estaba como poseído. Marcó uno y dio una asistencia que... ¡uuff! Corría como si le debieran plata.

​—Ajá, corría para alejarse más rápido de aquí.—murmuré, sintiendo un pinchazo de amargura en el pecho.

​Lo había visto. Claro que lo había visto. Me quedé hasta la madrugada pegada al televisor, viendo cómo celebraba bajo la lluvia de Liverpool, viéndose más guapo y más inalcanzable que nunca. Al final del partido, le envié un mensaje: "Felicidades, Judy. Estuviste increíble".

​Todavía no me lo había respondido el desgraciado. Ni siquiera un "gracias". El "Visto" me gritaba desde la pantalla de WhatsApp y yo solo quería botar el teléfono por la ventana.

​—No seas amargada, Kai.—intervino mi mamá, entrando con el vestido colgado en una percha.—El muchacho tiene responsabilidades. Bastante hizo con hablar con tu papá y dejar las cosas claras.

​—Sí, mami, clarísimas. Tan claras que hoy me graduó y mi novio está celebrando en un avión de regreso a Madrid mientras yo aquí me peleo con este frizz.

​Me miré al espejo. Tenía ojeras de haber dormido poco y de haber llorado un poquito antes de cerrar los ojos. Hoy era el día. Iba a recibir ese cartón, iba a ser la mujer con el mejor puntaje de la promoción, y el hombre que me había prometido "estar ahí siempre" era solo una notificación fantasma en mi celular.

​—¡Ni se te ocurra llorar, Kailani Aaliyah!—me regañó Valentina, agarrándome la barbilla.—No voy a gastar base de alta cobertura para que tú la dañes con tus mocos. Maquíllate el alma si es necesario, pero hoy vas a salir de aquí pareciendo una reina, ¿oíste, cara de verguita?

​Suspiré, rindiéndome. Valentina tenía razón. Jude no estaba, pero yo sí. Mi futuro estaba ahí, esperándome, y aunque me doliera el vacío en el asiento de invitados, no iba a dejar que eso me arruinara el orgullo de graduarme.

 Mi futuro estaba ahí, esperándome, y aunque me doliera el vacío en el asiento de invitados, no iba a dejar que eso me arruinara el orgullo de graduarme

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