El Mercedes del Dr. Kim Seokjin, un modelo discreto pero potente, se detuvo frente a la mansión Jeon menos de quince minutos después. Taehyung lo recibió en la puerta con una reverencia temblorosa, casi mudo de ansiedad. Jin, con su porte impecable y su rostro serio, subió las escaleras con la velocidad de un hombre acostumbrado a las emergencias, pero la calma de quien no se permite el pánico.
Jungkook seguía arrodillado junto a Jimin, incapaz de moverse, incapaz de tocarlo. El rostro de Jimin estaba bañado en sudor frío, y sus gemidos eran más silenciosos, pero no menos aterradores. Jin entró en la alcoba y su mirada no se detuvo en Jungkook; fue directamente a Jimin, una evaluación clínica y rápida que no perdió detalle del overol desechado en el suelo ni de las huellas de tierra.
—Jimin-ah —la voz de Jin era suave, pero firme. Se inclinó, buscando su mirada—. Necesito que respires conmigo. Poco a poco. Dime dónde duele exactamente.
Jimin, con los ojos cerrados, apenas pudo responder. —Abajo... el vientre... punzadas...
Jin asintió, extendiendo una mano para tomar su muñeca. Su toque era profesional, desapasionado. Jungkook, al ver la escena, se sintió inútil, un intruso en su propia tragedia. El médico ignoró su presencia, centrándose por completo en el paciente.
La revisión fue rápida, silenciosa, solo interrumpida por los jadeos de Jimin y las indicaciones precisas de Jin. Jungkook se obligó a observar, su mente registrando cada gesto, cada expresión de dolor de Jimin. Sentía las palabras "es mi culpa" clavadas en la garganta, imposibles de pronunciar.
Finalmente, Jin se reincorporó. Con una mano, ayudó a Jimin a recostarse con cuidado sobre las almohadas. Le cubrió el cuerpo con una manta ligera.
—Son calambres uterinos —dijo Jin, con una voz tranquila que no mitigaba la gravedad de sus palabras—. Pero hay que descansar. Mucho. Y evitar cualquier esfuerzo. Cualquier clase de esfuerzo.
Se giró hacia Jungkook, sus ojos oscuros por primera vez encontrando los suyos. No había reproche, pero sí una autoridad que Jungkook no podía ignorar.
Jin cerró la puerta de la habitación con una suavidad que dolió más que un portazo. Se quedó un segundo con la mano en el picaporte, respirando hondo, antes de girarse para enfrentar a los dos hombres que lo esperaban en el pasillo.
—Taehyung se quedó con él —dijo Jin, su voz era baja pero cortante. Miró directamente a Jungkook, ignorando por un momento a su propio esposo—. Está dormido. Le di un sedante suave para frenar las contracciones por estrés. El bebé está bien, por ahora, pero Jimin está al límite de sus fuerzas físicas.
Jungkook intentó dar un paso hacia la puerta, pero la mirada de Jin lo detuvo en seco. No era la mirada de un médico de cabecera; era la de un amigo que no reconocía a la persona que tenía enfrente.
—Bajemos —ordenó Jin.
Una vez en la estancia de la planta baja, lejos del oído de Jimin, Jin soltó el maletín sobre una mesa con un golpe seco. Se giró hacia Jungkook, cruzándose de brazos.
—¿Te volviste loco, Jungkook? —preguntó Jin, eliminando cualquier rastro de formalidad. Su tono era de pura incredulidad—. ¿A quién se le ocurrió ponerlo a trabajar en el invernadero? ¿Con este calor? ¿En su estado?
Jungkook apretó la mandíbula, esquivando la mirada de Jin.
—Él se ofreció, Jin. Yo no lo obligué a salir hoy específicamente.
Namjoon, que había estado guardando un silencio tenso junto al ventanal, soltó una risa seca, carente de humor. Jin giró la cabeza hacia su esposo, arqueando una ceja.
—¿"Se ofreció", Jungkook? —intervino Namjoon, dando un paso al frente—. Se ofreció-hizo una pausa dramática -como yo me ofrezco a hacer horas extras-sonrio de lado- no intentes engañar a Jin; él sabe leer un cuadro clínico.
Jin suspiró, frotándose el puente de la nariz. Miró a Namjoon y luego volvió a clavar sus ojos en Jungkook.
—Escúchame bien, porque te lo digo como tu médico y como alguien que te aprecia —dijo Jin con una calma peligrosa—. Jimin puede ser terco y puede que quiera demostrarte que es fuerte, pero tú eres el que tiene que tener dos dedos de frente. Su cuerpo no es un campo de batalla para tus juegos de control. Si Jimin vuelve a tener un episodio así por agotamiento físico, no me llames a mí, llama a un abogado
Jungkook sintió el peso de las palabras de sus dos amigos más cercanos. Estaba acorralado.
—No puede hacer esfuerzos, Jungkook —continuó Jin, suavizando el tono pero no la firmeza—. Puede caminar, puede estar activo, pero nada de cargas, nada de sol extremo y, sobre todo, nada de estrés provocado. Si necesitas que trabaje para sentir que no es útil, envíalo a hacer algo administrativo .
Jin tomó su maletín y miró a Namjoon con una señal silenciosa de que lo esperaba en el auto. Antes de salir, se detuvo frente a Jungkook.
—La próxima vez que quieras demostrar tu poder —susurró Jin—, piensa si el precio que estás dispuesto a pagar es la vida de tu hijo. Porque hoy estuviste peligrosamente cerca de cobrar esa factura.
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𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘁𝗮
FanfictionSinopsis - La Cita Un matrimonio arreglado. Un esposo que ama. Otro que engaña porque quiere. Jungkook está enamorado de Jimin, incluso cuando sabe que no lo eligen. Jimin nunca prometió fidelidad... solo obediencia. Cartas anónimas, encuentros secr...
