Nido de serpientes

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No sabían cuánto tiempo llevaban besándose. Sólo separaron sus cabezas cuando sintieron que los pulmones les quemaban. Cormac seguía tendido allí, en el suelo, y sólo cuando Hermione lo notó por el rabillo del ojo hizo un esfuerzo para separarse de Draco. Lo tomó por los brazos y se inclinó hacia atrás.

—¿A dónde crees que vas? —Draco intentó dar un paso adelante para volver a unir sus labios a los de ella.

—Para, Draco, Cormac está...

—¿Ahora sí te importa este idiota? —el rubio soltó un bufido y dio un paso atrás, molesto. Sólo entonces Hermione le soltó los brazos.

—No, pero... alguien podría vernos, y Cormac necesita ir a la enfermería. No podemos solo... solo... 

Aún no podía decir con precisión lo que acababan de hacer. Parecía irreal si ponía el beso en palabras. En realidad, toda la situación parecía irreal. Recordó su propia respuesta cuando Draco le pidió que fuera su novia, hacía un momento atrás: "Sí, sí quiero". ¿De verdad ella misma había dicho eso?

—Está bien, —Draco la sacó de sus pensamientos, con una expresión más suavizada en el rostro y la voz— tienes razón. Siempre la tienes. Olvida todo esto, lo siento.

Hermione lo miró con intención de replicar a eso último. Se detuvo, y lo observó detenidamente. Aún llevaba su uniforme de Quiddich, por lo que debía haber ido directamente al castillo sin pasar por los vestuarios. Debía haber salido con prisa del campo de juego. "¿Por qué tendría tanta prisa?" se preguntó la chica, llena de curiosidad. Pero no le pareció apropiado preguntarlo en aquel momento. Se giró para ver a Cormac, sin saber cómo lo llevaría a la enfermería, y vio a lo lejos que otros estudiantes resagados estaban acercándose.

—Draco yo... me encargaré de esto. Vete antes de que alguien nos vea, podrías meterte en problemas.

El chico la estudió una última vez antes de adentrarse en la escuela. Hermione notó que los chicos que llegaban mascullando y  con el ceño fruncido eran compañeros de su casa, de último año. Se acercaron cuando ella les hizo señas.

—Si, tú eres la mejor amiga de Potter, ¿no? ¿Qué sucede?

—Hey... ¿Granger, verdad? ¿Qué demonios le pasó a Cormac? ¿Por qué está desmayado?

—No se habrá... sobrepasado contigo, ¿verdad?

Tres de ellos le hablaban al mismo tiempo, acercándose y tocando a Cormac. 

—Hola, chicos, no estoy segura de lo que pasó, lo... encontré así —otra mentira que salía sin problemas.— ¿podrían ayudarme a llevarlo a la enfermería?



—Draco, espérame. ¿Dónde te metiste esta vez? ¡Todo el mundo quiere ver al campeón en las mazmorras!

Astoria se colgó sobre el cuello de Draco, con una sonrisa deslumbrante. El chico hizo una expresión de dolor, y la apartó con firmeza.

—Oh, ya veo, debes estar agotado por el partido. Ven, vamos a la sala común, todos te esperan. Haremos que te lleven algo caliente para tomar y luego de celebrar, deberías darte una buena ducha... apestas un poco. —Rió para aliviar la tensión del ambiente.

—Ahora no, Astoria. Déjame en paz. ¿No te lo había dicho ya?

—Ay, tonto, no sé qué te pasa últimamente, estás distinto. No olvides que te conozco desde que éramos pequeños. Nadie te conoce mejor que yo, Draquito. No entiendo por qué me evitas de esta manera, ¿sabes? siempre estuve ahí apoyándote, aún cuando no ganaras partidos —le guiño un ojo con complicidad. —Pero últimamente, parece que ya no soy suficiente. ¿Es que acaso hay alguna chica que te incomoda? Le diré a los idiotas de Crab y Goile que se encarguen de mantenerla ocupada, si tienes alguna admiradora nueva.

—¿Chica? ¿De qué estás hablando? —Draco la miró con dureza, intentando descifrar la alegre expesión de la chica. Luego, respiró ondo, y levantó el mentón—. Déjalo ya, Astoria. No sé qué crees que estás haciendo, pero ahórrate el numerito. Tengo responsabilidades más importantes que tus juegos ahora, así que no estorbes. 

—Oh, claro, escuché que estas navidades fueron... especiales. —Astoria levantó una ceja y miró su alrededor, como si quisiera asegurarse de que nadie les prestaba atención— Felicidades por eso

El chico se giró apretando los puños, y caminó con paso apresurado hacia las escaleras. Subió a toda velocidad, empujando de vez en cuando a algún grupo de estudiantes distraídos que bajaban. Escuchó algunas quejas al chocar con ellos. "Qué importa", se dijo a sí mismo mientras  se abría paso con sus hombros entre dos chicas de segundo, "no tiene caso pedirles disculpas. Ahora soy un Mortífago. Ya no pueden perdonarme por lo que tendré que hacer".

Desde el pasillo, Astoria lo seguía con la mirada, aunque él no lo sabía. La sonrisa se borró de su rostro, y se cruzó de brazos. En su cabeza, aún seguía viendo a la pareja besándose apasionadamente en el patio. No había llegado a ver la expresión de la sangre sucia desde detrás el arco donde se había refugiado al verlos, pero sí tenía grabada la expresión suave de Draco, y cómo sostenía a la inmunda entre sus brazos, sin despegar sus labios de los de ella. Astoria casi llegó a creer que el oxígeno era opcional al verlos. 

 —Muy bien, si así quieren jugar, así lo haremos. Parece que tendré que visitar la enfermería.

Entre OpuestosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora