Causa y consecuencia

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—Hola, chicos.

—Ah, Hermione, ¿qué pasó? Oí que estabas en la enfermería, íbamos hacia allá.

—Sí, nos preocupaste. Nadie sabía dónde estabas. —Harry y Ron la miraron de arriba a abajo, inspeccionándola. 

—Estoy bien, no se preocupen. Sí pasé por la enfermería pero... no fue nada grave. Sólo un dolor de cabeza luego del partido.

—Estabas con Cormac, ¿qué pasó? ¿qué quería decirte?

—No seas tonto, Harry, es obvio. Iba a confesarsele —Ron escupió las palabras como si fueran veneno. Su amigo lo miró sorprendido—. ¿Qué? Como si tuviera oportunidad con la señora sabelotodo.

—¡Ron! —gritaron Harry y Hermione a la vez, pero sólo ella tenía el rostro encendido, y quería darle un buen puñetazo a Ron.

—Ya, lo siento. En todo caso, ¿es verdad? ¿sí se confesó?

—Bueno... —la chica se mordió el labio, sintiendo el calor en su cabeza. Sentía que iba a prenderse fuego por combustión espontánea en cualquier momento.

—Wow, ¿así que están saliendo ahora? —dijo Harry boquiabierto.

—No tonto. Sólo sí se propuso. Pero, es que... bueno, digamos que no le respondí exactamente.

—No me digas que corriste a la enfermería para escaparte—Ron lanzó una carcajada al aire y aplaudió—. Ese idiota de Cormac debe haber quedado como el estúpido que es. Muy bien hecho, Hermione, realmente te luciste. —la chica sonrió y miró el suelo, mordiéndose la lengua—. Doble derrota para él.

—Oh, cierto, el partido... ánimos chicos, jugaron increíble —Hermione recordó que sus amigos debían estar muy desalentados luego de la derrota, y lo había olvidado por completo. Estaba tan encerrada en sus propios problemas que una punzada de culpa le atravesó el pecho.

—Ni lo menciones. Ese imbécil de Malfoy... casi lo teníamos. —Ron soltó un bufido y se cruzó de brazos. Harry intentó disimular el codazo que le propinó a su mejor amigo—.  Quiero decir, me alegra que estés bien, Her.

—Ejem... con Ron íbamos a ir a entrenar a la sala Multiusos. Hay algunos que ya están allí, practicando. Ya sabes. ¿Quieres venir?

Hermione preparaba su siguiente mentira, pero interrumpió el curso de sus pensamientos. Tomó un largo respiro. Intentó darse perspectiva: se encerró en la sala común para estar sola, hasta que Harry fue a buscarla. Fue al partido para alentar a Harry y Ron. Nada de eso salió bien. Encontró a Cormac y luego Draco... eso tampoco salió bien. Finalmente, el beso, la enfermería, las mentiras. En definitiva, nada estaba saliendo bien. Estaba frustrada, confundida y... ¿eso que sentía era enojo? ¿O vergüenza? Quizás un poco de entrenamiento la ayudaría a despejarse. Y ya estaba cansada de inventar excusas para todo.

—Seguro, vamos. —Ambos se giraron sobre sus talones, mientras Hermione agregaba—: por cierto, lamento mucho lo del partido, chicos. Estuvieron geniales.

Harry volteó la cabeza y le dedicó una sonrisa cansada. Ron, con menos palabras pero igual intención, estiró la mano para tomársela y no dejarla atrás. Hermione los miró esbozando una sonrisa tímida. Vaya amigos que tenía. Afloró la culpa por todo lo que les había estado escondiendo últimamente. "No", se dijo, "no puedo fallarles. He estado actuando como una estúpida, pero la guerra contra el Señor Tenebroso es más importante. Entrenar estudiantes, prepararlos y prepararnos para todo lo que Dumbledore nos advirtió, es más importante. Harry... Ron... todos me necesitan". Sacudió la cabeza ligeramente. Tomó la mano de Ron y avanzó con ellos.



—Oh, genial, ya despertaste —alguien lo miraba con una sonrisa junto a la cama—. Sí que te dieron duro, ¿eh, campeón?

—¿Quién... demonios eres? ¿Dónde estoy?

—Tranquilo, Cormac, estás en la enfermería. Tu sangres sucia y otros de tu casa te trajeron después de la paliza que te dió Draco. ¿A que es increíble, eh? Mi chico sí sabe lanzar hechizos.

—¡¿Pero qué?! ¡¿Astoria?! ¿Qué diablos haces aquí? —Cormac se incorporó en la cama, frotándose los ojos para enfocar mejor. La miró de arriba a abajo con una mueca de desprecio, mientras ella levantaba una ceja con una sonrisa burlona—. Draco no me llega a los talones, víbora descerebrada, sólo... me tomó desprevenido. Si viniste sólo a burlarte, lárgate, antes de que te de motivos.

—Wow, ¿qué forma de hablarle a una chica es esa? Con razón Granger te rechazó.

Cormac tomó su varita, que estaba en la mesa de luz, y apuntó a Astoria. Tenía las mejillas encendidas, y miró alrededor en la habitación. Estaban solos. Bien, nadie más había escuchado a Astoria. Al menos no lo había expuesto... no aún, al menos.

—Como salga una palabra más de tu boca te voy a...

—Uf, cielos, de verdad no tienes idea de cómo hablar con una chica. —Astoria levantó ambas manos mientras él la apuntaba, y revoleó los ojos—. Tranquilo, no voy a exponer tu pequeña confesión de fracasado. En realidad, estoy aquí para ayudarte, tontito.

—¿Qué? 

Cormac estaba cada vez más confundido, y empezaba a sentirse un poco mareado. Quizás el hechizo sí lo había afectado. La miró sin estar seguro de bajar la varita, pero ella mantenía su sonrisa burlona, las piernas cruzadas en la silla donde estaba sentada, y no había señal de su varita. Aunque tampoco se imaginaba a la famosa Astoria batida en un duelo en plena enfermería. No, Cormac la había visto en un duelo durante segundo año. Se había puesto a llorar cuando le lanzaron arañas. No estaba seguro si había mejorado desde entonces, pero tampoco parecía una verdadera amenaza. Al ver que él no respondía, Astoria continuó con su discurso:

—Lo que escuchaste.  Tu quieres a la sangre sucia de Granger. Yo quiero que Draco deje de distraerse metiéndose en duelos estúpidos, tiene una reputación que mantener. Creo que, por más que me desagrade ayudar a un Griffindor como tú, podemos hacer un buen equipo. ¿Qué dices?

Cormac bajó la varita. Sentía nauseas y una puntada en la cabeza no lo dejaba pensar bien. Además, empezaba a notar el cansancio en sus brazos, porque Potter lo había metido a mitad del partido de Quiddich, y no había calentado bien. El rechazo de Hermione le había ofendido, sí, aunque no fuera a decírselo a Astoria. Y lo cierto es que si ella se había enterado, otros podrían. O cualquiera de los que había estado allí podía contarlo. Tenía una reputación que mantener, y en el proceso podría ganarse a Hermione. Después de todo, ¿quién se creía ella para rechazarlo de esa manera? Cientos de chicas lo buscaban en la escuela. Además, todo eso por... ¿Draco Malfoy? ¿Qué tenía que ver exactamente él con todo eso? ¿Acaso le gustaba Hermione? No, era imposible. Y sin embargo, él la había defendido.

—¿Qué hacia Draco allí? ¿Por qué se metió en lo que no le incumbe? ¿Acaso...?

—Ah, por favor, no le des importancia. Estaba enojado, él y yo tuvimos... digamos que algunos problemas en el paraíso —rió entre dientes—. Discutimos y salió del castillo. Se los cruzó y vió una buena oportunidad para pelear. Nada más. —Astoria palmeó el aire, intentando borrar la imagen mental que la asqueaba y que no compartiría con el imbécil de Cormac—. ¡Exelente, entonces! Si no tienes más preguntas, ¿qué te parece si te enseño cómo tratar a alguien como la sangre sucia de Granger?

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⏰ Última actualización: Apr 09 ⏰

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