Chapter 36: Aftertaste

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La habitación flotaba en una penumbra dorada, los restos de la pasión aún palpaba en el aire como un eco lejano de truenos. Sus jadeos y gemidos se habían desvanecido, reemplazados por el susurro suave y rítmico de la respiración de Will, que por fin había encontrado su cadencia tranquila.

El nudo de Hannibal se había deshecho, liberando al Omega de su cautiverio de placer y dejándolo flotando en una deriva de agotamiento y saciedad.

Will yacía sobre las sábanas enredadas, su cuerpo desnudo era una pintura viviente de la entrega. Sus rizos eran una explosión de oscura maraña sobre la almohada blanca, algunos mechones pegados a su frente por un sudor que aún brillaba como perlas bajo la tenue luz.

Sus mejillas conservaban un rubor rosado que se extendía hasta sus orejas y descendía por su cuello, donde las marcas de los besos y mordiscos de Hannibal formaban un collar carmesí que hablaba de posesión y devoción.

Sus caderas, sus muslos, sus muñecas, cada centímetro de su piel que Hannibal había tocado, sujetado, reclamado, estaba teñido de leve enrojecimiento, la huella indeleble de la pasión compartida.

Era una visión que habría hecho babear a cualquier Alfa. No solo por la belleza física, que era innegable, sino por lo que representaba; un Omega entregado por completo, no por sumisión, sino por elección.

La confianza irradiaba de cada poro relajado de su cuerpo, de la forma en que sus labios entreabiertos dejaban escapar suspiros suaves, de la manera en que sus párpados caían pesados sobre unos ojos que ya no buscaban amenazas en las sombras.

Hannibal lo observó con una reverencia que bordeaba lo sagrado. Su pecho, aún agitado por la intensidad de su propio clímax, comenzó a calmarse mientras su mirada recorría la espalda de Will como si fuera un mapa de un país que acababa de conquistar y que planeaba explorar durante el resto de su vida.

No había palabras que pudieran capturar lo que sentía en ese momento, ni la filosofía, ni los números, ni las letras. La gratitud, la posesión, la ternura, el hambre perpetua que se mezclaban en un cóctel que lo embriagaba más que el mejor de los vinos.

Con una lentitud que rozaba lo ceremonial, Hannibal comenzó a retirarse. Sus caderas se alejaron con cuidado, su pene deslizándose fuera del calor que lo había contenido durante lo que parecía una eternidad.

Will gimió en su sueño, un sonido bajo y dulce, un ronroneo profundo que vibraba en su pecho y que hizo que el corazón de Hannibal se hinchara dentro de su pecho. El sonido era de protesta, de pérdida, incluso en el sueño, su cuerpo añoraba la intimidad que acaban de compartir.

-"Shhh" - susurró Hannibal, su voz una caricia más suave que cualquier pluma - "Estoy aquí. No me voy" - sonrió.

Cuando estuvo completamente fuera, pudo ver su semilla escurriéndose del cuerpo de Will, un hilo blanco que brillaba bajo la luz y descendía lentamente por la piel enrojecida de sus muslos, manchando las sábanas ya de por sí profanadas por los fluidos de ambos.

El Alfa sintió una oleada de orgullo tan primitiva que casi le cortaba la respiración. Había llenado a su Omega, lo había marcado desde dentro, y su cuerpo, aún satisfecho, aún tembloroso, había aceptado su ofrenda.

Sonrió. No fue su sonrisa cortés, ni su sonrisa depredadora. Fue una sonrisa de satisfacción absoluta, de plenitud, de un rompecabezas que por fin tenía todas sus piezas en su lugar.

Will dormía sin preocupación alguna. No había tensión en su mandíbula, no había rigidez en sus hombros, no había esa alerta perpetua que lo caracterizaba despierto.

Su cuerpo confiaba en Hannibal de una manera que su mente consciente jamás le permitiría admitir. Pero allí, en la vulnerabilidad del sueño, después de la intimidad más absoluta la verdad se revelaba sin filtros.

Moon River [Hannigram]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora