El día posterior a su cumpleaños era más que obvio que sus malestares se debían a la resaca por todo lo que había bebido por la noche. El día siguiente día lo atribuyó a que aún no se recuperaba del todo porque ahora que ya no era un jovencito los síntomas tardaban más días en irse, pero ya había pasado poco más de una semana y los dolores de cabeza se intensificaron tanto al punto de tener que escaparse de la oficina para ir a su casa a dormir un par de horas antes de que Lionel volviera. El omega le había comentado que iría a ver a un amigo y que llegaría más tarde de lo planeado a casa.
Tenía hambre pero no le apetecía comer lo que su personal había preparado para él, así que hizo a un lado todos los tuppers que había en su refrigerador y sacó un postre típico argentino que Leo llevaba casi todos los días del restaurante porque se había vuelto su obsesión en los últimos días. Comió una rebanada de la pastafrola y después se dió una ducha, se tomó un par de analgésicos y se recostó en su cama hasta quedarse dormido.
Guillermo se perdió tanto en su sueño que no supo cuánto tiempo había pasado hasta que el ruido de la puerta del baño cerrándose lo despertó. Al abrir sus ojos pudo ver a su esposo salir del baño usando una bata y con el cabello húmedo secándolo con una toalla más pequeña.
—¿A qué hora llegaste? No te escuché entrar— preguntó aún adormilado viendo como Leo se quitaba la bata y se colocaba la ropa interior.
—Estabas muerto, nunca te había escuchado roncar así— dijo riendo sentándose al otro lado de la cama dándole la espalda mientras se colocaba crema corporal en las piernas— no me dijiste que volvías antes, fui a la oficina porque olvidé firmar unos papeles y Andrés me dijo que te sentiste mal. Te escribí y no respondiste, me preocupé ¿Ya estás mejor?
—Si, mucho mejor. Solo es un dolor de cabeza y ya me tomé dos paracetamol.
El omega se deslizó hasta el cuerpo de su esposo, acurrucándose a su lado siendo bien recibido. El alfa lo abrazó y le dio un beso en su cabello todavía húmedo aspirando el dulce aroma del shampoo de coco que Lionel usaba.
—¿Cómo estuvo tu día? ¿Cómo te fue con tu amigo del que me contaste?— preguntó Guillermo con los ojos cerrados y la voz ronca después de haber dormido tanto.
—Estuve todo el día de un lado a otro. Estuve por la mañana en el restaurante con los chicos, después con Pablo y su hijo fuimos al shopping. No sabes, Paulo es un omega encantador. —contó emocionado— Almorzamos juntos y después me ayudaron a elegir un regalo para la nena de Manuel, fui a visitarlo para conocerla, no podía demorarlo más.
—¿Entonces ese amigo con el que te ibas a ver era Manuel?— abrió los ojos de golpe tensándose un poco— nunca me terminaste de contar sobre esa amistad.
—Nos encontramos hace mucho por casualidad y hablamos. — explicó con cierta cautela— Nos hicimos buenos conocidos, no sé si llamarlo amigo aún pero me cae bien. Nos debíamos unos mates y también quería conocer a su bebé, me escribió luego de que nació. ¿Te molesta?
—Para nada, pensé que a ti podía molestarte. Ya sabes... por todo lo que pasó.
—Eso ya quedó atrás, Guille.
Lionel se acercó rozando con sus labios el cuello de su marido, al mismo tiempo que aspiraba sus feromonas suaves pero a la vez imponentes. Le encantaba su olor. Deslizó su mano por su pecho hasta llegar al elástico del pantalón del pijama, tanteando la zona.
—Yo todavía tengo mucha energía— dijo contra su piel con voz suave, coqueta. Sabiendo exactamente lo que quería provocar en el alfa.
Guillermo tomó suave su mano retirándola de su entrepierna y se la llevó a sus labios dándole un pequeño beso. Eso lo descolocó.
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Te Quiero a ti [Mechoa]
Fiksi PenggemarDicen que en la guerra y en el amor todo se vale y Lionel hará todo lo que sea necesario para casarse con el alfa del que ha estado enamorado toda su vida. Por su parte Guillermo al darse cuenta que es el único que puede ayudar a salvar la empresa d...
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