—El señor Cumberbatch accedió sin autorización al expediente privado de una estudiante y, posteriormente, se vio involucrado en una agresión física dentro de estas instalaciones —respondió Berg después de algunos segundos—. Creo que comprenderá que existían motivos bastante serios para iniciar un procedimiento disciplinario.
—Lo comprendo —respondió Amelia—. Pero no creo que cuente toda la historia.
—Amelia... —la llamó Benedict.
Ella finalmente lo miró.
—El doctor Berg tiene razón en una cosa —dijo él—. Revisé tu expediente sin autorización. Sabía que no debía hacerlo y lo hice de todos modos.
—Y también golpeaste a un hombre —agregó Berg.
—Que intentó golpearme primero.
Philip se removió en su asiento.
—Eso no vuelve aceptable una pelea dentro de la universidad —respondió Berg.
—No —admitió Benedict—. Pero sí vuelve bastante importante el orden en que ocurrieron los golpes.
Amelia miró a Berg.
—Eso es precisamente lo que quiero que revisen. No estoy diciendo que Benedict no haya hecho nada. Estoy diciendo que lo despidieron por entrar a mi expediente y por responder a una agresión, pero nadie pareció demasiado interesado en preguntarse qué encontró en ese expediente.
El silencio volvió a apoderarse de la sala.
Philip Spencer dejó de apoyar la espalda contra su silla.
—¿A qué se refiere exactamente? —preguntó Berg.
Amelia respiró profundo.
—Cuando vine a estudiar al Imperial, lo hice porque creía que tenía una beca.
La mujer mayor que había hablado con ella unos minutos antes frunció ligeramente el ceño.
—¿Creía?
—Sí.
—Amelia... —intervino Spencer por primera vez—. Creo que este no es el momento para...
—Déjala hablar, Philip —lo interrumpió Berg.
Spencer apretó los labios.
Amelia sintió la mano de Benedict sobre su rodilla debajo de la mesa. Esta vez no intentaba detenerla. Solo estaba allí.
—Antes de venir a Londres se me informó que podría estudiar aquí sin pagar la colegiatura —continuó—. Yo acepté bajo esas condiciones. Durante todo el tiempo que fui estudiante, creí que el Imperial estaba financiando mis estudios.
—¿Y no era así? —preguntó la mujer.
—No.
Berg giró ligeramente hacia Spencer.
—¿Quién pagaba su matrícula?
Amelia guardó silencio.
No había querido pronunciar su nombre. Ni siquiera sabía por qué. Quizás porque Tom no estaba allí para explicar su parte o porque, después de tantos meses intentando sacarlo de cada rincón de su vida, le desagradaba profundamente volver a introducirlo en una habitación donde acababan de felicitarla por algo que había conseguido sin él.
Fue Benedict quien habló.
—Un tercero.
Berg lo observó.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
