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Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla".
Sugmund Freud

Narra Maria

Estaba en la escuela, no quería hablar con Anna, aquel chico que me salvó había dicho cosas hirientes todo el tiempo que estuvimos con él. Me sentía mal ¿de verdad la gente tenía que morir por mi culpa? Si era así, ¿entonces no era más fácil que yo muriese y que las demás personas no tuviesen que pasar por eso?

Había pasado un día, Steve estaba metido en mi mente y lo quería sacar, me hacía sentir mal, escuchaba sus palabras en mi cabeza.

"No sabes lo idiota que eres".

"Eres una estúpida".

"Dek no la defiendas, si ella se creó este problema entonces ella debería resolverlo".

"Nos arrastraste a todos a esto".

Reclamos, reclamos y reclamos; ya no quería escuchar más, ya sé, por primera vez tengo amigos, por primera vez me sentí bien cuando Anna se preocupó por mí. Pero es obvio que no podía estar feliz ¿cierto?

Steve. Sólo recordar su nombre me hacía pensar que yo valía un bledo. A penas lo conocía y sabía exactamente las palabras que me herían, prefería que me llamara gorda y fea. ¿Por qué parecía que lo sabía? Sabía la manera en que podía destrozarme. Eso sin duda era extraño pero había algo cierto, yo no podía hacer nada ya que no lo conocía.

No le había dicho a Anna, pero creo que sabía que no estaba bien porque la evitaba, pero sé que si estoy cerca de ella entonces él volverá. Lo último que quería era verle. Ya lo había imaginado decirme de cosas varias veces en el día, no podía seguir así, también escuchaba voces y sentía la mirada de alguien sobre mí.

Se me revolvió el estómago de pensar en él, solía pasar, así que vi los trozos de carne asada que mi hermano me había preparado y sin pensarlo los tiré y volví al aula. Nadie se acercó a hablarme cuando entré ¿Por qué me culpaban por lo de esa chica, Amanda?

De cualquier forma me sentía fatal, tomé una pastilla y traté de dormir en el pupitre.

¿Realmente había algo que pudiera hacer para que todo esto terminara?

Si no lograba centrarme en otra cosa mi cabeza iba a estallar, no era bueno darle tantas vueltas al asunto.

—Oye, Maria ¿Te sientes bien?

Volteé a verla, era Cat, tenía la cara tierna de siempre y me preguntaba sin mucho interés.

—La verdad es que no, pero es algo más emocional que físico.

Se sorprendió por mi respuesta y me miró confusa y con algo de preocupación. No entendía por qué yo le importaba.

—¿Qué ha pasado?

—¿Has sentido que alguien te culpa de todo y de alguna forma tiene razón?

Sus ojos se reflejaban tristeza y preocupación, me sentía mal por verla así, hizo una mueca de pena y se agachó a mi altura mientras yo tenía los ojos llorosos.

—No tienes que dejarte, somos amigas ¿no? Y aunque no digas nada, no tiene que importarte, si los demás no quieren estar contigo o hablan mal de ti entonces no es tu problema —Sonrió tenue y me miró como si fuese mi hermana—, si a ellos no les importas entonces no te merecen, tú no estás para complacer a nadie, si fuera así entonces todo sería muy aburrido. Si dejas que te agobien entonces no tiene caso porque nunca están conformes con nadie.

Notas 1984Where stories live. Discover now