Fifty-seven

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Aaron.Mi pequeño Aaron se encontraba chorreando sangre en el suelo. Le taponé el gran agujero que tenía en el cuello con mis manos. Estaba aterrado.Parecía que intentaba habla, pero su boca sólo emitía sonidos roncos. Miré desesperada a Lucas quien ya estaba llamando a una ambulancia.

-Aaron, tranquilo.¡Tranquilo!Todo va a salir bien. -dije apartando con mi mano las veloces lágrimas que se me escapaban.

Miré a los profundos ojos de mi hermano pequeño, mientras me repetía que no podía morir. Que íbamos a salir de esta.Sin embargo no pude evitar salir un sonido inhumano de mí cuando contemplé cómo la luz siempre presente en mi hermano pequeño, se desvanecía para siempre-

-¡No, no no no no!-dije sacudiendo su cuerpecito. Comencé a llorar como una loca. Por todo. Por Aaron, por mamá, por Rose, por papá. Lloré amarga y frenéticamente mucho tiempo hasta que por algún motivo u otro cerré los ojos. 

Desperté a la mañana siguiente en un despacho. No, no era un despacho cualquiera, era el de Lucas. Había puesto un colchón en el suelo y yo me encontraba tumbada en éste. Antes de poder reaccionar, comencé a llorar como una descosida. No podía ser cierto.¿Por qué a mí?¿Qué narices había hecho mal? Al mirar a mi alrededor vi que encima de la mesa del despacho de Lucas se encontraba una taza de lo que parecía una infusión. Al lado había un pequeño post-it fluorescente.

"Bébete la taza nada más leas esto. Te ayudará. No temas, es manzanilla. He salido a gestionar algunos asuntos. Jane, quiero que te quedes en mi casa todo el tiempo posible. Actualmente es el lugar más seguro para ti. Hay cámaras en cada habitación, además de un guardia de seguridad en la puerta. He dejado comida para el desayuno en la cocina por si te apetece. Come algo y descansa, Jane."

Suspiré y bebí la dulce y caliente infusión.De repente comencé a oler algo muy fuerte. Oh mierda, era yo. Necesitaba una ducha urgentemente. Me metí en la ducha lentamente, sin energía. Al mirarme en el reflejo de las paredes de cristal, fui horriblemente consciente de los kilos que estaba perdiendo. Lo que antes había sido un estómago plano y sano, ahora era un pálido saco de huesos. Mis brazos y piernas comenzaban a ser esqueléticos.Los pómulos marcados hasta límites increíbles, y para mejorar, en vez de pelo largo, parecía que tenía una bolsa negra encima de la cabeza. Tras ducharme rápidamente, fui corriendo a la cocina en busca de unas tijeras y volví al cuarto de baño. Separé la mata de pelo en dos y corté una a la altura de mi barbilla. Hice lo mismo con la otra, Algo mejor, al menos ahora no me parecía tanto a la niña del exorcista.

Me puse la primera camiseta limpia de Lucas que encontré y me volví a tumbar en el colchón. Pese a las mantas comencé a temblar al recordar algo. Bueno, más bien a alguien. X. No había duda de que era él. Él había matado a mis padres, a Rose y a Aaron. Mierda. No me podía encontrar. Con todo mi ser temblando,busqué rápidamente mi teléfono móvil y le di fuertes golpes contra una mesa  hasta que quedó destrozado. Así no me podría localizar.

Necesitaba un plan de huida. Temía a X. Pero temía aún más el hecho de que, una pequeña parte de mi ser estaba deseando que me encontrara.

Venganza.



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