Capítulo 16

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Volvimos cada uno a su casa y le enseñé a Disen mi espada.

Junto con ella me sentía completa, que la Mariahk de Mankora había vuelto a nacer con más fuerza que nunca.

Disen me obligó a ponerme un vestido blanco con bordados de oro para mi re-coronación como princesa y heredera del trono de Mankora.

El vestido era precioso y muy cómodo. Marcaba cada curva de mi cuerpo y dejaba ver mi stiku a la izquierda de mi cadera.

En medio de la coronación, cerré los ojos y me conecté inconscientemente con la naturaleza, con Saphia. Mi magia se volvió más poderosa, inagotable. Sabía que esto significaba que Saphia me había reconocido como hija suya.

Estábamos ya terminando la ceremonia cuando veo asomar por la puerta a Simica. Al verme con la corona, con el vestido, con la espada y con el stiku en la izquierda de mi cadera se asustó.

Disen fue más rápido que yo, la agarró de los brazos y la empujó hacia mí.

-¿Quién, quién eres?-preguntó Simica titubeante.

-Simica, siento haberte mentido durante todo este tiempo, pero soy Mariahk, princesa y heredera al trono de Mankora.

Y Simica reaccionó de una forma muy diferente a la que yo esperaba: me abrazó y empezó a llorar como una loca:

-¡Oh! ¡Gracias, gracias! ¡Cuando la gente sepa que tú ya viniste para ayudarnos…!

-¡No! Simica, no quiero que la gente sepa la verdad por ahora. Quiero ser siendo Isabella hasta que yo lo diga. Quiero que este sea nuestro pequeño secreto, un secreto que tú, Disen y yo guardaremos, ¿de acuerdo?

-Pero, ¿Missi y Treni? ¿No se lo diremos?

-Por ahora no. Júrame que no se lo dirás a nadie.

-Le juro majestad que no se lo diré a nadie… ¡Ah! Y he venido Mar…Isabella para decirte que los reyes de Minsekti han declarado la guerra a Mankora, y debemos participar en ella.

-Ha llegado el día…, pero es imposible ganar a mi hermana. Tiene un ejército imparable y es imposible ganarle.

-Lo sé, pero hay que luchar y me aseguraré que no te maten. No por petición de nadie, sino porque te necesitamos para destronar a tu hermana, y me da igual que hayas matado a tus padres.

-No maté a mis padres, y no hay más que hablar.

-Admítelo Isabella.

-No lo hice y algún día te lo demostraré.

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