Me dirijo al coche, aparcado enfrente de mi portería, pero antes de entrar, me doy cuenta de una abolladura que tiene en la parte delantera. ¡Es nuevo! Decido no decirles nada a mis padres hasta que consiga el dinero necesario para la reparación. Una vez sentada al volante me miro en el retrovisor, asustada, sin saber si estoy realmente preparada para un nuevo comienzo... Lo estoy.
Dejo el coche en doble fila y bajo a comprar un café para llevar. Cuando entro, Carla, la dependienta, me saluda y yo a su vez le devuelvo el saludo. Tengo tres personas por delante hasta que llegue mi turno, así que me encuentro inmersa en mis pensamientos hasta que veo que la chica que tengo delante en la cola lleva una carpeta con el logotipo de mi nueva escuela. Yo llevo también la mía que, al contrario que ella, va vacía. Cuando ya ha pedido y pagado se gira para marcharse, pero por desgracia, se fija en mi.
- ¡Hola! ¿Por casualidad vas a la escuela que hay trece calles a la izquierda? ¿O tienes esa carpeta por casualidad? Me llamo Lucía -me abraza-. Encantada.
Me parece extraño ese abrazo final, yo no soy una persona del todo cariñosa pero si en esta escuela van a ser todos así debo ir preparándome. Tiene una apariencia dulce y parece la típica chica que cae bien a todo el mundo pero que verdaderamente es muy cruel. No me gusta juzgar a la gente, así que esperaré a conocerla mejor antes de tantos prejuicios. Es morena y alta. Tiene un estilo parecido al mío. Lleva una chaqueta verde, de la que asoma una camiseta lisa azul. Sus pantalones tejanos están rotos, ya de fábrica, y lleva unas Victoria granates. Su larga melena cae hasta la mitad de su espalda recogida en una perfecta trenza. Cuanto más la miro mejor me cae. De repente me he dado cuenta de que me está mirando fijamente. Se había dado cuenta de que la estaba analizando.
- Hola Lucía... Yo me llamo Carolina, pero mis amigas me llaman Caro. Y sí, hoy empiezo en tu escuela -se me queda observando cómo si fuera rara-, ha sido un cambio repentino, por eso no empecé al principio como todo el mundo.
- ¿Y conoces ya a alguien ahí? -me pregunta cautelosamente.
-He tenido que dejar atrás a todos mis amigos y demás así que, siendo honesta, no conozco a nadie salvo a ti...
- No te preocupes, ¿quieres que te enseñe donde está?
- La verdad es que he venido en coche así que ya no veremos allí.
- ¡Ningún problema, me llevas tú a mi! Así me ahorro la caminata.
El motor ruge, y aun no entiendo como ha acabado una desconocida en mi coche. Una desconocida de la que ya sé todo gracias a su manía de hablar de ella misma sin interesarse de los demás. Me ha explicado que ella no nació aquí, sino que nació en Estados Unidos pero que sus padres se separaron y, como su madre era nativa de aquí y ganó la custodia, a los nueve años, toda su vida se puso patas arriba.
Me ha contado también que tiene novio, que se llama Bruno y que tiene un amigo soltero que sería perfecto para mi, Diego, su mejor amigo. Me cuenta todas las discusiones que han tenido y que pese a eso, aún salen y han sobrevivido a tres años de relación. Tiene dos mejores amigas, una vive en su misma calle y se llama Nina, la otra vive delante de la escuela y se llama Catalina, ante esto me he reído por el parecido de los nombres, a ella la llaman Cate. Según lo que me explica, pienso que podría congeniar con Cate.
Me sorprendo prestando tanta atención y sin desconectar. Pero la verdad es que me encanta escucharla, no hace falta salvar momentos incómodos porque no los hay, sabe perfectamente como caer bien a alguien y incluso puedo decir, que me siento mal por haberla juzgado. Y para mi sorpresa, sin previo aviso, deja de hablar y me dice:
- ¿Y tú qué? ¿No tienes nada que contarme?
- No sabría por dónde empezar...
-Háblame de tú familia. ¿De dónde eres?
-Pues nací en Australia, en una familia pobre pero mis padres biológicos no podían cuidar de mi, así que decidieron quedarse con mi hermana y darme a mi en adopción. Reconozco que no desearía para nada haberme quedado con ellos, mis padres adoptivos me quieren como si fuera su hija, y nunca me han echado en cara que no sea de su sangre. La verdad eso resume bastante bien todo el conjunto.
-¿Fue muy duro? Parece una situación dificil...
Reconozco que cuando empecé a tener dudas de si era adoptada fue un periodo muy duro para mí. No entendía porque yo tenía el pelo de color caoba y mi madre era rubia. Porqué tenía los ojos verdes y ellos azules, porque ¿eso es muy fácil de heredar no? Yo era de piel pálida, y mi padre moreno hasta en invierno. Así que, cuando les pregunté, con diez años, si era adoptada, yo ya sabía la respuesta. El caso es que, a los doce, decidí que quería conocer a mis verdaderos padres. Al principio ellos se negaron, no consideraban que fuese una buena idea, supongo que era porque tenían miedo de que ya no quisiera quedarme con ellos, pero no entendían que no los cambiaría por nada en el mundo. El día que me llevaron por primera vez a Australia, al ver a mi hermana me sentí extraña, era idéntica a mi. Y al ver a mi madre... eso me dejó patidifusa... Tengo sus mismos rasgos, sus mismos ojos, su misma melena, su misma piel... Ella no era de allí, era de Suiza, de allí su pálida tez. Mi padre era todo lo contrario, más parecido a un niño que se le asomaba entre las piernas, supongo que su hijo, es decir, ¿mi hermano? Después de pasar con ellos un fin de semana, mis expectativas de mis padres biológicos estaban por los suelos. No tenían modales, hablaban de una forma muy vulgar, incluso parecía que se ducharan una vez al mes. Durante el viaje de vuelta, mis padres, que por cierto se llaman Claudia y Carlos, estuvieron acribillándome a preguntas. Que si me habían caído bien, que si había establecido un vínculo con ellos muy especial, que si ya les echaba de menos, que si ya les quería como si fueran ellos quiénes me habían criado. Al final me eché a llorar. Les dije que no quería que me hicieran volver nunca más allí y que, por favor, no me devolvieran nunca. Ellos se emocionaron con mi respuesta y acabamos llorando todos juntos. El año pasado, por estas fechas...- Oye chica, llego a saber que tenías tanto que contarme y te dejo hablar a ti primero... Lo siento mucho de verdad... Mira Caro puedes aparcar aquí. Tranquila no se ha de pagar nada. ¡Mira allí están Diego y Bruno! -abre la puerta del coche y sale disparada- ¡Bruno!
Vale, perfecto, ya me he quedado sola y sin guía. Aparco el coche, cojo mi mochila y lo cierro. Si ella no hubiera salido corriendo, en estos momentos mi nueva amiga estaría intentando asimilar la historia de mi Laura, mi Lau... Se suponía que había dejado el antiguo colegio para olvidarme de ella y, a este ritmo, el olvido iba a ser muy duro.
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Bucle suicida
Teen FictionCarolina ha de sobrevivir a un gran cambio. Sus padres, tras que ella presencie el suicidio de su mejor amiga, consideran necesario alejar a Carolina del trauma. El miedo que tiene al comienzo de su nueva vida se disipa tras su primer día en un nuev...