Me separo de él y arranca el coche. Vamos a un parque a dar una vuelta antes de que empiece la película que vamos a ver. A las seis y media volvemos al coche y llegamos al cine a las siete y cuarto. Cogemos unas palomitas grandes para compartir las cuales, cuando ya llevamos tres cuartos de hora, se me caen al suelo del susto que me doy, ya que hemos acabado viendo una película de miedo.
-¿Quieres entrar en otra sala? -me pregunta.
-No, estoy bien, de verdad -le contesto.
Pasa el brazo por encima de mis hombros y me acerca a él. Apoyo mi cabeza en su pecho y vuelvo a concentrarme en la película, aunque a la vez también sigo la respiración nerviosa de Diego. Me gusta saber que él está tan nervioso como yo. Cuando acaba me encuentro aferrada a la mano de Diego como si nada ni nadie pudiera separarme de él. Ya son las nueve menos cuarto y empiezo a tener hambre.
-¿A dónde vamos? -le cuestiono.
-Al McDonald's.
-¿Al Mc Donald's?
-¿Que no te gusta? -añade él con un tono entre la pena y el reproche.
-Sí, sí, me... me gusta, sí -le digo disimulando.
¿Primera cita y me lleva al McDonald's? ¿Quién lleva a una chica al McDonald's? No hablamos en lo que queda de camino y empiezo a pensar que quizá se ha molestado porqué me quedara alucinada de que me llevara al McDonald's. A ver yo creo que cualquier persona reaccionaría así. ¿Y si era una broma? Pero cuando empiezo a ver a lo lejos el rótulo veo que va enserio. Tranquila Carolina, será divertido, será divertido, será divertido. Me lo repito una y otra vez.
-Ya hemos llegado -sale para abrirme la puerta.
Empiezo a pensar en lo mal que habría quedado si me hubiera puesto el vestido. Suerte que he acabado poniéndome la falda. Entrar en un sitio así tan arreglada... vergüenza tendría que darme.
-¿Qué quieres tomar? -me pregunta mientras me coge de la mano y me arrastra hasta dentro. El local está hasta arriba pero, por suerte, no hay cola.
-Una... ¿Royal Deluxe? -me río, realmente esta situación me hace mucha gracia.
-Perfecto, yo un McWrap -añade mientras nos acercamos a la barra que hay a nuestra derecha-. Una McRoyal Deluxe y un McWrap por favor. Y unas patatas grandes con dos Coca-Colas -gira la cara hacia mi-. ¿Te gusta la Coca-Cola?
-Agua, por favor -le digo tímidamente.
Esperamos a que traigan el pedido y, aun que estamos en el McDonald's y el precio es bajísimo, Diego insiste en pagar. La próxima pagaré yo. Coge la bandeja y subimos al piso de arriba. Voy a sentarme en una mesa vacía que veo al fondo pero me tira del brazo y me dirige hacia el lado opuesto. Abre una puerta corredera que pone «PRIVADO. Solo para personal».
-¿Estás seguro de que podemos pasar?
-Bueno... Mi primer trabajo fue aquí y me tienen cariño, ya sabes... -me dice mientras se rasca con el dedo índice la frente incómodo por lo que me acaba de confesar.
-Ya me gustaría a mi poder encontrar trabajo, pero nadie me quiere en ningún sitio.
-Eso lo puedo arreglar.
-¿Me vas a conseguir trabajo? -le digo sonriendo.
-Algo así, después lo hablamos.
Me hace callar con el dedo y empezamos a subir por las escaleras que hay detrás de la puerta. Cuando ya hemos subido, se apoya contra la puerta que tenemos delante y se abre al mínimo empujón. Me sorprendo muchísimo con lo que mis ojos ven. Hay una mesa en medio del patio con un mantel blanco y una vela en el centro. El cielo está oscuro y nos iluminan unas luces colgadas del muro.
-¿Lo has hecho tú?
-Cate solo me ha ayudado un poquito.
Deja la bandeja encima de la mesa y me aparta la silla para que pueda sentarme.
-Entonces... ¿te gusta?
-Me encanta, enserio, es como si no estuvieramos en el McDonalds -me río.
-Pues aquí estamos -me dice acercándome las patatas.
De repente empiezo a pensar como voy a comerme una hamburguesa sin mancharme o parecer una cerda, en el buen sentido de la palabra. Abro mi cena y me la como cómo mejor puedo. Parezco tonta riéndome de cada uno de los comentarios que hace Diego. Me coge de la cintura y me levanta del suelo dándome vueltas mientras nos reímos. Muevo los pies para que me suelte hasta que caigo y le doy un puñetazo cariñoso en el costado. Lo que no me esperaba era hacerle daño.
-¿Estás bien? -pregunto preocupada.
-¿Yo? Sí, ¿por?
-¿Y esa mueca de dolor?
-¿Qué mueca?
-Esta Diego, esta -le digo dándole otra vez el golpe, pero más flojo.
-No es nada Carolina.
Le levanto la camiseta evitando fijarme en su musculado cuerpo y veo un gran moratón.
-Por dios Diego, ¿me vas a decir de una vez quien es el que te deja esos cardenales?
-Sam.
-¿Sam? -le digo con la voz entrecortada.
-Sí... Solo Lucía y Bruno saben lo que pasó. Pero todos están enterados de que es mejor que no se acerquen. Por eso te digo que no me gusta que hables con él. Mira...
-¿Seguro que me lo quieres contar?
-A ver Sam y yo no somos hermanos, somos hermanastros, eso ya lo sabes. Cuando llegó yo intenté ser bueno con él, más porque me lo pedía mi madre que por mi. Mi madre se había casado con su jefe y yo había oído que su hijo, Sam, había tenído problemas psicológicos porque la muerte de su madre le había marcado mucho y acabó realmente mal con mi familia. Su padre murió un año después de que viniera a vivir con nosotros en un accidente de avión. Desde la muerte de mi padrastro él estaba siempre furioso. A los dos meses empezó a volverse loco, quiero decir, yo también estaría como él pero era tan exagerado... Empezó a darme palizas, y siempre iba a clase con un ojo morado, a mí madre nunca le había hecho nada hasta que un día ella decidió que era hora de que parara, que necesitaba ir a algún sitio para que le ayudaran, un manicomio.
Le miro con cara de incredulidad.
-Vale, quizá no un manicomio, ¿un psicólogo? No sé ¿vale? El caso es que el día que ella le metió la bronca él estaba tan furioso que la pegó... Yo... Tenía miedo y quería ayudarla pero... No reaccioné hasta el tercer puñetazo. Llamé al 112 y les dije que mi hermanastro se había vuelto loco. Cuando llegaron, Sam se había encerrado en su habitación, mi madre lloraba en un rincón y yo como un niño pequeño lloraba también, a moco tendido. Se lo llevaron, mamá no quiso decirme dónde y cuándo pasaron seis meses volvió a casa... Él me pidió disculpas, más de una vez, pero no podía perdonarlo... Nos hizo pasar el peor momento de nuestras vidas. ¿Se esperaba llegar y que le acogiéramos con los brazos abiertos? Sinceramente yo no estaba dispuesto a eso...Intenté suicidarme...
No... Por favor, tú también no... Parece que todo el que me rodea lo intenta. ¿Seré yo?
-Y ahora... Ha vuelto a ser como antes, se cansó de que no le perdonáramos y me dijo que si no le perdonaba me volvería a pegar. ¿Quería que le perdonara después de haberme amenazado? Le dije que no le perdonaría nunca y bueno ya sabes... Por esto tengo este golpe.
Tengo los ojos llorosos. Sé que lo está pasando mal explicándomelo. ¿Porque me lo cuenta a mi? Todo ha empezado perfecto y por culpa de mi empeño ha acabado contándomelo.
-Yo... Lo siento muchísimo Diego, no tenía ni idea... No volveré a ir con él, lo juro. Pero a ver entiéndeme, yo no sabía nada...
-Tienes razón y sé que piensas que no puedo escoger a tus amigos pero solo de pensar que él te hiciera algo como eso... Me pone enfermo...
Me acerco y le doy un beso en los labios, él se sonroja.
-Eres perfecta -y me sonríe.
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Bucle suicida
Teen FictionCarolina ha de sobrevivir a un gran cambio. Sus padres, tras que ella presencie el suicidio de su mejor amiga, consideran necesario alejar a Carolina del trauma. El miedo que tiene al comienzo de su nueva vida se disipa tras su primer día en un nuev...