-Que... acogedora... -le digo yo intentando ocultar que me parece horrible. Hay unas seis mesas metálicas recién limpiadas que tienen alrededor unos taburetes altos de madera, los cuales a diferencia de las mesas, están llenos de polvo. La barra es de color rojo y detrás hay unos estantes con vasos de cerveza de colección que parecen llevar ahí años. Las paredes están cubiertas por un papel de pared roto en algunos puntos y en la caja registradora se puede ver un poco de mugre, cosa que me parece repugnante. Lo que más me sorprende es que, siendo ella quien lo ha decorado, esté así. Y ¿dónde demonios deben dormir?
-Sé que no es nada del otro mundo, pero es donde todos nos reunimos cuando quedamos, esto es solo la parte inferior, arriba es dónde realmente vivimos mi hermana y yo. Aquí es donde trabajamos Patri y yo los jueves, viernes y sábados por la noche, que son los días que hay más almas intentando reprimir sus penas con alcohol y como a ellos no es que les importe demasiado el aspecto del bar, pues tampoco nos esforzamos mucho en redecorarlo y lo dejamos como estaba.
-¿Y vuestros padres?
-Bueno... Ellos murieron cuando teníamos quince años y nos dejaron con nuestra abuela pero la pobre tiene noventa y tres años y entre el alzheimer y su parálisis no queremos darle más en lo que pensar...
-Lo siento... Espero que tu abuela se... mejore. ¿Y el ayuntamiento o quién sea que lleve estas cosas lo sabe?
-¿La verdad? No... Pero dentro de unos meses ya cumpliremos los dieciocho, si llevan un año y medio sin echarnos, no creo que nos encuentren ahora. Nunca se sabe ¿no crees?
-Sí, bueno... ¿Me enseñas la parte de arriba?
-Claro, claro...
Me coge del brazo y me lleva hasta la escalera. Llegados a este punto creo que lo primero que espero encontrarme son ratas. Para mi sorpresa, es una cuidada escalera de paredes blancas con flores que la decoran que, las cuales estoy más que segura, ha pintado Cate. Seguimos subiendo y cuando llegamos al rellano me fijo en un buzón rosa. ¿Quién pone un buzón en la puerta de entrada? No creo que a los carteros se les esté permitido entrar de esta manera en una casa, se consideraría allanamiento de morada... Y la escalera no difiere mucho de lo que hay dentro. Es el piso más bien decorado que he visto nunca, completamente diferente al bar de debajo de nuestros pies. La cocina se encuentra a la derecha tras una barra que hace que se pueda ver la televisión mientras desayunas sentado. A la izquierda, en frente de la cocina, está el salón. Un sofá de color turquesa junto a una televisión de gama media. Una mesita de centro con un mantelito floreado y justo al lado una mesa para seis personas con un florero en medio. Las paredes cambian de tonalidad según donde te encuentras, eso sí, todos los colores son claros. En la cocina verde pistacho, en el salón rosa y en el comedor morado. Dejamos las cosas encima de una silla que hace como recibidor.
- ¿Te gusta?
-Me encanta enserio. ¿Lo has decorado tú?
-Sí, decorado, pintado, organizado... Patri ha elegido los muebles y poco más. ¿Quieres ver mi habitación?
Le digo que sí con la cabeza y me señala una puerta al final de un corto pasillo. Al abrirla me quedo patidifusa. Se nota que la habitación está dividida en dos. El lado izquierdo es todo de colores oscuros, negro, azul marino... Y el lado opuesto es de colores claros, blanco, rosa... Me gusta mucho más el lado oscuro, pero veo que el lado de Cate es el blanco ya que se tumba en esa cama. La pared que coincide con cada cama está llena de fotos instantáneas.
-¿Quién ha hecho todas estas fotos? -le pregunto.
-Patri. Le encanta la fotografía. Como a mi me encanta pintar y a ella hacer fotos, de vez en cuando nos presentamos a concursos artísticos. Tengo uno dentro de poco y seguramente iremos con todos, así que ¿tú te vienes, no?
-Me encantaría.
Nos quedamos hablando hasta las siete y se oye que alguien cierra la puerta de casa y tira las llaves encima de la mesita del salón y supongo que es Patri. Los pasos se acercan a la habitación, se abre la puerta y veo como Nina la besa y la dirige tirándola de la ropa hacia su cama. Miro a Cate con los ojos abiertos y veo que ella está mas bien avergonzada que alucinando.
-Ejem... Hola chicas. - dice Cate a mi lado.
Casi se atragantan con su propia saliva. Se separan a un metro de distancia y me miran.
-Iros a hacer vuestras cosas a otra parte ¿queréis? O al menos mirad quien hay dentro antes de empezar a besuquearos -dice Cate enfadada.
-También es mi habitación, así que técnicamente puedo hacer lo que quiera en ella. Ah y hola Caro... -me saluda Patri como si en realidad lo hiciera por pura trivialidad y prefiriera no saludarme.
-Hola Carolina -me dice Nina casi ni mirándome a la cara.
-Sí hola... Yo en realidad ya me iba. Nos vemos mañana. -añado yo un poco más bajo de la cuenta.
-Te acompaño a la puerta -se ofrece Cate cogiendo las llaves de casa mientras sale y cierra la puerta tras de mi.
-Siento esto -me dice-. Ya les ha pasado otras veces conmigo, pero tampoco es que me moleste tanto, lo que pasa es que me da rabia que a veces Patri se piense que esta casa no la comparte conmigo. Como si fuera más suya que mía.
-Te entiendo...
La verdad es que no se qué más decir. Me acompaña hasta abajo y allí se despide de mi con un par de besos. Voy caminando hasta el instituto, que está a quince minutos, y cojo mi coche. Voy hacia mi casa y cuando llego ya son las ocho. Veo una nota en la encimera. «Hemos salido a cenar, tienes ensalada de pasta en la nevera. Te queremos, papá y mamá.» Perfecto, no más preguntas, nadie a quién contestar. Abro la nevera y saco el bol que me han dejado. Me lo como y subo hacia arriba. Me desvisto para darme una ducha rápida que acabo en diez minutos. Me pongo mi camisón, me seco el pelo, me lavo los dientes y me hago una trenza delante del espejo. Cierro las luces del pasillo y me dirijo a mi habitación. Mi cama me espera intacta, perfectamente hecha. Levanto el edredón y me meto debajo de las sábanas. Mi cuerpo se relaja al estar por fin sola. Y es que a veces la soledad es el mejor antídoto para el estrés.
Al cabo de unas horas me depierto sobresaltada y veo que alguien está golpeando mi ventana. Me levanto rápidamente y me pego a la puerta. Ya había tenido una experiencia de robo cuando tenía nueve años y no había acabado demasiado bien, ladrón herido pero saliéndose con la suya. Oigo un "clic" y la ventana empieza a abrirse. Mi pulso se acelera y mi mente se queda en blanco, sin saber cómo reaccionar. Noto que mi cuerpo se petrifica cuando reconozco su rostro.
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Bucle suicida
Teen FictionCarolina ha de sobrevivir a un gran cambio. Sus padres, tras que ella presencie el suicidio de su mejor amiga, consideran necesario alejar a Carolina del trauma. El miedo que tiene al comienzo de su nueva vida se disipa tras su primer día en un nuev...