¿Él que sabe acerca de lo que sucede a mi alrededor? Nadie tiene derecho a juzgarme. Sí, sé que cualquiera que oyera eso se alejaría de mí sin siquiera pedir una explicación, sé que muchos temerían, sí, sí y sí, pero, ¿por qué se adelantan tanto si no saben cómo fueron las cosas?
En mi vida he sido rechazado tantas veces que ahora ya nada importa... o eso creía hasta que Harry me enfrentó. Mi padre, mi madre, mi abuela, todos me dieron la espalda y me mandaron a un lugar en el que nunca encajé, hasta el día de hoy hubiera preferido quedarme en la calle antes que convivir con semejantes bestias. Todo comenzó a darme igual, me lo tomé a la ligera después de que me tildaran de asesino, cuando en realidad nunca lo fui.
Si tan solo el tiempo pudiera retrocederse... yo sería el primero en cambiarlo todo.
— Mami, mami, ¿puedo jugar con mi hermanito? —le pregunté, tiraba de su falda para que me hiciera caso.
Ella sonrió cálidamente.
— Claro que sí, está en el patio.
Fui a toda prisa, me moría por jugar con él. Siempre era lo mismo, llegaba y corríamos alrededor de la piscina, el que diera más vueltas sin cansarse ganaba.
Desde que tenía memoria fuimos muy unidos, lo protegía como si yo fuese un hombre lleno de madurez, era mi tesoro más preciado, mi compañero de juegos, mi cómplice; ya hasta podía verme de grande con él, yendo a una fiesta y conociendo gente, mostrándole al mundo que él era mi hermano menor y que no podía estar más orgulloso.
— ¿Quieres jugar a correr alrededor de la piscina? —le pregunté apenas lo vi con sus juguetes.
Él asintió con una enorme sonrisa, esa que lo caracterizaba, no era Nathan si no sonreía.
Comenzamos a correr alrededor, reíamos y Nathan siempre trataba de correr más rápido que yo, a todo lo que daban sus cortas piernas; yo reía, porque se veía muy gracioso. En uno de sus malos movimientos tropezó, provocando que cayera a la piscina; era muy honda, por lo cual pataleaba sin cesar y lloraba desesperado; me toqué de nervios y no supe ni qué diablos hacer, siempre le había tenido pánico al agua, era por eso que jugaba alrededor de la piscina, pero nunca me metía. Corrí a lo más rápido que dieron mis piernas, era como si por arte de magia todos en la casa se hubieran esfumado. Volví hacia la piscina y, sin pensarlo dos veces, fui en su auxilio, mas no sirvió de nada; los dos nos ahogábamos. Nathan, presa del pánico, me tiraba manotazos y no me dejaba si quiera cogerlo; hice mi mayor intento por llegar hacia la pared y poder salir, pero sentía que me hundía.
— ¡AYUDA, MAMÁ, AYUDA! —gritaba a todo lo que daban mis pulmones, iba tragando mucha agua y no me importó.
El resto fue historia. Perdí la consciencia y no pude hacer nada por mi hermano, no pude hacer nada por Nathan, aquel nene que yo adoraba tanto desapareció, dejándome con la peor de las culpas. De milagro estoy vivo y, déjenme decirles, fue la experiencia más horrible de toda mi vida; si pudiera evitar bañarme lo haría, el agua me trae ese amargo recuerdo y cada vez que lo pienso siento frustración dentro de mí. ¿En dónde mierda estaban todos cuando gritaba ayuda a todo pulmón? ¿Por qué no me ayudaron? Después de la muerte de mi hermano nada volvió a ser como antes, sentía el rechazo en cada uno de los miembros de mi familia; mi madre ya no me sonreía, me tiraba el plato de comida y me mandaba a mi habitación; mi padre tampoco volvió a ser el mismo, dejó de dirigirme la palabra e incluso se emborrachó y me gritó que todo era mi culpa, lo soltó de sopetón: Tú, tú eres el maldito culpable de que Nathan no esté con nosotros. Tú debiste de haber muerto, no él.
Luego de eso recuerdo haber hecho maletas junto con mi mamá.
— ¿A dónde vamos? —le preguntaba cada cinco minutos, pero no me respondió ni una sola vez.
En un primer instante creí que habían decidido escucharme e íbamos a pasear, a un viaje o algo lindo, juraba que jamás me abandonarían... Y sucedió. Desde ese momento aprendí que ni siquiera la familia es sincera, si ellos me juzgaron, ¿quién no lo haría? Soy una porquería completa, ¿quién podría quererme así? Nadie me aceptaría, nadie me creería, darían por descontado que yo empujé a mi hermano hacia su propia muerte.
Y fue desde ese preciso instante en que me volví un amargado, dejé de sonreír, dejé de creer, dejé de tener fe en todo y en todos. Porque, si tu familia no te pudo aceptar, nadie más lo podrá hacer.
A pesar de todo eso sigo siendo un imbécil integral. Desde aquella horrible situación, se mudaron lejos, como a dos horas de donde vivo y yo fui seguido, día a día en un inicio, luego dejé de frecuentar; todo para ver a mi madre. Me hice amigo de uno de los vecinos y me dio su número de teléfono, es muy amigo de ella y me informa sobre todo lo que sucede en el día, los problemas, la vez que su mascota se enfermó, etcétera.
Lo más importante para mí es saber que la persona que me dio la vida es feliz. Es todo. Lo demás se puede ir a la mierda.
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Hola, ahre. No actualicé antes porque estaba de viaje, lo siento :( muchísimas gracias a los que leen y votan o comentan, me ayudan a seguir. Los quiero.
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Beautiful Accident - Larry Stylinson
Fanfiction¿Qué pasa cuando te han partido el corazón en más de una ocasión? ¿Se puede volver a confiar en alguien? ¿Puedes volverte a entregar de la misma manera o estarás por el resto de tus días con la guardia en alto? Preguntas y más preguntas sin respuest...