—Connor.
Silencio.
—Connor — insistí.
No obtuve respuesta.
Connor miraba al doctor, fijo a los ojos, sin inmutarse. Su expresión era neutral. Pero no respondía. No se movía. Trataba de procesarlo, no podía.
Cuando la madre de Connor entró al quirófano y la operación comenzó, no pensé que se aproximaba la noche mas larga de mi vida. Pasamos las primeras horas en la sala de espera, sentados en las (para nada confortables) sillas de plástico. Por momentos intercambiábamos palabras o simples miradas, pero la mayor parte del tiempo reinaba un silencio ancioso.
El papá de Connor a veces se levantaba y caminaba en círculos unos minutos para luego volver a sentarse. Connor y yo estábamos sentados sin hacer absolútamente nada mas que esperar. Y la operación no terminaba. Cada vez que intentábamos preguntarle a un enfermera como estaba yendo todo, nos ignoraban o decían que no había información concreta para darnos.
Y el tiempo pasaba, y no sabíamos nada.
Connor estaba apoyando su cabeza en mi hombro, somnoliento. La habitación estaba vacía salvo por nosotros tres, así que cuando el papá de Connor salió un rato a la calle para tomar aire, Connor y yo nos quedamos solos.
—Dormí si queres, yo no me muevo — le dije yo.
— No puedo. No puedo quedarme dormirdo porque estaría abandonándola.
—Bueno, esta bien, todo va a estar bien — le dije por milésima vez en la noche, acarciando su brazo, subiendo y bajando delicadamente las yemas de mis dedos por él.
—Gracias por quedarte — me dijo, girando su cabeza poder mirarme a los ojos.
—No me agradezcas — dije, y él me regaló una pequeña sonrisa.
Pasó otra hora. Connor había estado recibiendo llamadas de Zoe, Tyler y todos sus amigos y familiares, a las que respondía con pesar e intentando sonar agradecido. Aunque luego, cansado de las muchas llamadas iguales que recibía, puso su celular en silencio y lo guardó.
Mi padre llegó. Dejó a mis hermanos en casa y se apareció en el hospital a eso de las 2:30 de la madrugada. Fue muy raro. Se notaba que todavía estaba enojado conmigo y había mucho resentimiento. Pero luego él y el padre de Connor se pusieron a hablar, el señor Franta no paró de alagarme y decirle a mi padre que debía estar orgulloso de mi. A veces pensaba que me gustaría que mi papá fuera más como el de Connor. Más amoroso, más presente, que se preocupara más por mi y no me me gritara
—Así que él es Connor, ¿eh? — dijo mi padre tratando de no sonar duro.
—Mucho gusto, señor Mellet — le dijo Connor, que estaba muy pegado a mi y no estaba recibiendo buenas miradas de parte de mi padre a causa de eso.
La conversación terminó ahi, y fué seguida de un silencio incómodo en el que yo miraba a mi padre, que miraba a Connor con sospecha, y el señor franta sonreía muy poco, pero lo suficiente como para demostrar que le causaba gracia la situación.
Luego de unos segundos, mi papá dijo que tenía que irse, argumentando que no podía dejar tanto tiempo a mis hermanos solos en casa.
—Espero que la operación tenga éxitos — dijo estrechando la mano del papá de Connor —Hijo, cuidate, nos vemos mañana — habló friamente,dirigiéndose a mi.
Y así terminó la corta en incómoda visita de mi padre. Y así empezaron otras tres largas horas de espera en silencio.
.
—Chicos, ¿Por qué no van a afuera caminar un rato? Despéjense un poco — nos dijo el señor Franta.
—No, pa — se opuso Connor —si llega a pasar algo...
—Hijo, cualquier cosa te llamo, solo vayan a dar la vuelta a la manzana. Te va a hacer bien. — aseguró.
Connor aceptó, y dejamos a su papá solo, bajando por el ascensor y saliendo a la solitaria y helada calle. Eran alrededor de las cinco de la madrugada, ese hermoso momento donde el aire es fresco y limpio y el cielo no es ni oscuro ni claro.
Y tomados de la mano caminamos alrededor del hospital, en tranquilidad.
Luego de la tercera vuelta, decidimos sentarnos en la vereda, bajo el toldo de un kiosco que obviamente estaba cerrado. Yo me senté contra la reja y él se acomodó al lado mio.
—¿Cómo lo lograste vos, superar el fallecimiento de tu madre? — me preguntó Connor muy tímidamente, como si sientiera culpa de estar preguntándolo.
—Supongo que nunca terminé de superarlo — respondí —simplemente me acostumbré a no tenerla. Pero la extraño todos los días de mi vida. Igual, no es necesario que sepas eso porque tu mamá va a estar bien.
—Troye, no sabemos. Hace horas que estamos acá y no nos dicen nada — su voz se quebró en un sollozo — ¿Por qué no nos dicen nada, Troye? — y comenzó a llorar por segunda vez en la noche, abrazado a mi. Odiaba verlo llorar.
—Bebe, no llores — dije acariciando su cabello. —¿Sabes qué es lo que hace que pueda soportar la muerte de mi madre? Es algo que tengo hace poco. Sos vos — Connor me miró, sonrió y luego volvió a hundir su rostro en mi cuello.
—Tenes razón — continué —no puedo prometerte que la operación vaya a resultar completamente bien. Lo que si te puedo prometer es que pase lo que pase, voy a quedarme con vos. Voy a acompañarte en tu felicidad si todo sale bien, y si no llega a ser el caso, voy a apoyarte y a consolarte y ayudarte a soportarlo. Y no me voy a separar de vos, nunca. Y vas a poder con esto. Porque sos una persona fuerte y tenes muvhas personas que quieren. Pero te repito, nadie quiere que seas feliz más de lo que yo. Por eso voy a hacer todo para que lo seas.
—¿Qué hice para merecerte, Troye Sivan? — me respondió y luego tomo mi cara en sus manos y me besó. Y nos besamos tierna y suavemente. El tiempo no pasaba, no hacía frio y todo era ideal. Todo era perfecto cuando nos besabamos, y cuando dejamos de hacerlo todo volvía a ser la mierda que realmente era.
.
Al rato, el celular de Connor vibró, el atendió y luego de cortar la llamada, me miró y se puso de pie.
—Es mi padre, dice que entremos — y estiró su mano para ayudar a levantarme.
Entramos a la sala de espera y nos encontramos con el papá de Connor juto a el doctor Dawson, en silencio, lo que me hizo suponer que la operación finalmente había concluido.
Connor me agarro fuerte la mano y la mano de su padre también.
—Estábamos esperándolos para darles las noticias — dijo el doctor.
Se podía escuchar el latido de nuestros corazones. El silencio era ensordecedor, quería que el doctor hable y a la vez no. Sentía que mis manos transpiraban de los nervios y los tres estábamos temblando incontroládamente.
—Hable, doctor — dijo Connor con un hilo de voz —díganos que esta bien.
Y esa fué la última vez que escuché hablar a Connor en mucho tiempo, porque la respuesta del doctor, fué que su madre no lo había logrado.
Tw: tronnorsings
ESTÁS LEYENDO
Colorful Life || tronnor
Hayran KurguSer rico o pobre, popular o antisocial, extrovertido o tímido. Cuando es cuestión de vida o muerte, estos factores pasan a segundo plano. Y lo que comienza a tener importancia es el fuerte color del amor. Pero, dejemos que Troye Sivan Mellet y Conno...
