5. Hola, Eidan.

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*Eidan en multimedia*

Entramos. Me recibe un coordinador.

—Hola, soy Eidan. Cualquier duda...avísame.

Asiento con la cabeza, y paro en seco. Miro el enorme espacio ocupado por miles de personas. Las paredes adornadas con pósters y pintadas con un color gris, y el techo negro semblante al de un estado de fútbol cubierto. El local es enorme, y hay miles de talleres. Y miles de disfraces. Y de sonrisas. Y de grupos independientes de personas.

—Wow. —Sigo admirando todo esto.

—Es genial, ¿eh? Nosotros ya hemos venido más veces aquí.

Gente disfrazada riendo entre sí, grupos reducidos de amigos divirtiéndose, no hay más que explicar. Me siento en una silla apartada de la multitud, cuando noto a alguien agarrarme del brazo. Es el coordinador.

—Hola, Eidan.

—Sígueme. —Dice. —Te veo muy sola. ¿Quieres que te enseñe todo esto?

—Sí. Me viene bien algo de conocimientos.

Procede a hacer de mi guía personal; empezando por los rincones y llegando al centro. Cuando finaliza su explicación, que tengo que admitir, que es impresionante, ya es casi la hora de irse.

—Gracias por hacer de mi guía, pues.

Él simplemente me da un beso a la mejilla y susurra a mi oído; Ya nos veremos por ahí, pequeña. Puedo jurar que mi rostro enrojece como un tomate y mis mejillas arden. Siento una ligera atracción física por ese atractivo chico, pero nada más. Lo veo alejarse de mí y despedirse de más jóvenes saliendo por la puerta del recinto.

Intento encontrar a mis amigos, pero fracaso. Volteo la vista y puedo distinguir a cuatro chicos vestidos de pokémons, buscando a alguien tan desesperados como yo. Son ellos. Dalas se encuentra con mi mirada y les anuncia a todos que me ha encontrado. Todos corren hacia mí y Tobias me abraza fuertemente.

—Pensaba que te perdíamos, pikachu. —Dice divertido pero preocupado a la vez, y pone su dedo sobre la punta de mi nariz.

—No vuelvas a separarte de nosotros, y menos por estos sitios. —Impone Jay. Parece estar furioso.

Los demás agachan la cabeza.

—Oh sí. Ahora mandas tú, ¿no? —Encuentro el coraje para decirselo.

—Sí, Amanda. Tú no lo vuelvas a hacer, ¿sí? —Impone, inexpresivo.

Ese aire arrogante, lo odio. ¿Acaso soy un bebé que necesita que lo vigilen? Me enfado al ver su carácter, su actitud. Él no es quién para decirme nada. No tiene poder alguno sobre mí.

—Ya está bien. —Dicho esto, salgo de allí. Odio tener que pagarlo con todos cuando en realidad el enfado nace de la arrogancia de Jay. Pero es algo inevitable.

—Espera, ¡Amanda! —Oigo gritar a Tobias desde lejos.

*  *  *

Me siento en un banco cerca del parque de mi casa. Unas pequeñas lágrimas arrancan mi sutil maquillaje. Siempre me han tratado como una niña y Jay no era la excepción. Siempre han pensado que era la niña inocente pero nunca ha sido así. Por eso odio ser controlada. Odio que se crea sobreprotector conmigo.

—Oh, hola. ¿Amanda? —Es Eidan. Para en seco y se sienta a mi lado. —¿Qué te pasa, qué haces aquí?

El nudo en mi garganta vuelve y mi voz se esconde de nuevo. Lo abrazo, y él me devuelve el abrazo. No lo conozco de mucho, pero realmente necesito abrazar a alguien.

Cuando por fin encuentro las palabras adecuadas, le explico lo ocurrido.

—Creo que estás exagerando. —Dice.

—Tal vez sea una exageración, lo sé. Pero es inevitable. Me están ocurriendo tantas cosas...que me molesta la más mínima tontería. ¡Dios!

Él acaricia mi mejilla.

Equipo de...¿frikis? ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora