Carta para Sam

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  Te quiero. Quizá habría podido haber empezado de otra forma: más adecuada, o más lógica, saludando por ejemplo; o menos impactante y directa. Podría haber empezado de mil formas diferentes, mas prefiero esta. Te quiero, te quiero, te quiero. ¿Te has enterado? Te lo repetiré de nuevo: te quiero.

Te preguntarás seguramente a qué viene esto. Te debía una, ni más ni menos, como un escritor le debe a sus lectores o un director de cine a sus espectadores. Mi felicidad te pertenece; te la entrego a ti, para que la tomes entre tus brazos y la hagas tuya, ¿Por qué? Responderte supondría no responderte a la vez, y me explico: no hallaría palabras para expresar algo que, inexorablemente, es inexpresable. Solo expondré lo que me ha venido acuciando durante estos últimos días: mi relato acerca de mi única historia real amorosa. Acerca de Sam vaya, para qué vamos a adornarlo con palabras y más palabras. La cháchara para otro día. Sam ha rondado estos últimos días, por consiguiente mi relato, que tú escuchaste estoy segura ardiendo de celos, porque te conozco. Yo noto tus celos; no me hace falta que me los nombres, porque se te ve a distancia lo mucho que sientes por mí. Por mucho que al final del relato me vinieras pidiendo perdón, en el fondo aún sé que estás dolido. Y no te lo reprocho; no puedo: cuando estás enamorado de alguien, la posesión aparece inevitablemente. Tú estás enamorado de mí, me lo has dicho miles de veces. Y quiero que siempre sea así, ¿te enteras? Yo no desecho nada porque tú eres lo que yo quiero, que te quede claro.

Me encuentro en deuda contigo. Por el relato de Sam y por cómo me he portado desde nuestro inicio de relación. Soy parca en palabras en lo que se refiere a sentimientos; lo sabes y lo sé. Me cuesta mucho expresarme. Algo en mi interior me ahoga las palabras, las esconde para que no salgan y permanezcan enmudecidas. Es por ello que en muchas ocasiones opto por el silencio y por dejar que tú conduzcas la relación. En esta ocasión, empero, me veo obligada a contarte lo que siento, para que tengas constancia de ello y no vivas atormentado. Porque vives atormentado, lo noto en tu cara. No intentes negármelo:lo sé.

Que haya amado a Susan no implica que no pueda amar a nadie más. Es solo que... que cuando a uno le golpean una vez, a la segunda el golpe duele menos. Es lo que los ingleses dicen "once bitten and twice shy". Me gusta esta filosofía. Demuestras que los golpes no nos llegan gratuitos, y que aprendemos de ellos, para que en la próxima ocasión uno esté escarmentado y sepa a qué actitud atenerse. A mí me ha pasado eso precisamente con el amor: Fran me golpeó, ahora no quiero que me golpees. No dudo de tu amor, pero lo pasé tan mal...

No es culpa tuya. Tú me amas, ya está dicho todo. Los sentimientos se exageran, como hipérboles en un poema. Si se siente, un enamorado siente el doble. No me extrañaría descubrirte y observar tu cara, solo para comprobar que tu cara no debe expresar sino enojo y cólera. ¡Tú me quieres, yo te estoy hablando de ir con cuidado! Enójate, encolerízate, deja que te hierva la sangre y desees estrangularme. ¿Qué es eso de ir reservada? ¡A por todas, a por todas! Pero perdona mi locura.

Creo que te amo locamente, mas me estoy conteniendo. Mi abuela me está conteniendo. Nunca te he hablado de mi abuela, ¿verdad? Es muy antigua. Bueno, con muy antigua quiero decir que vive con una mentalidad muy antigua. Como cualquier abuela, ¿no? Aún no me ha parecido conocer ninguna abuela moderna... ¡Chis! A lo que iba. Ella me está conteniendo. Aunque no te lo creas, ella tiene mucho que ver con esto. Te voy a explicarlo. Pero por favor – y solo te pido por favor – respétala como si de tu misma abuela se tratase. Dímelo que lo harás. Sí, lo harás: te conozco."  

Sólo túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora