Otra vez esta en el juego.
Ese juego de miradas discretas y sonrisas ligeras.
Ese juego que te engaña y te hace creer que vas ganando y de la nada te deja sin lo que menos esperas perder.
Esto no es poker o black jack.
No, no. Esas son niñadas comparado con esto.
Esto es de lo que se alimenta nuestro autoestima, el causante de bastantes tragedias y destructor de tantas vidas.
Este es el juego que saca al masoquista que tenemos dentro.
Este juego es un callejón sin salida.
Del tipo que si la cagas te destroza hasta el punto de hacer que quieras que te maten las heridas.
Señoras y señores este es el juego del amor.
En el que nosotros solo somos simples peones que seguimos sus reglas.
Somos idiotas que apostamos más y más con ilusas esperanzas de que vamos a ganar, De que esta vez tomamos las decisiones correctas.
Pero como siempre pierdes y acabas en la calle llorando, destrozado y preguntándote ¿Qué chingados paso?
Y bueno... Pues ella es una hermosa masoquista.
Una adicta a la adrenalina que produce el juego.
Dispuesta a darlo todo para ver si por fin se saca la lotería.
Una loca, que sin importar todo el daño,
las lagrimas, golpes, rasguños y apuñaladas por la espalda, seguirá jugando.
Seguirá intentando ganarle al amor en su propio juego.
Seguirá intentando demostrarle al mundo que sí se puede ser estupida y valiente,
Que sí se puede lograr salir victoriosa.
El juego está empezando, ella lleva la delantera.
Todo es perfecto y es increíblemente bueno.
Le quiere, le quiere tanto y es tan feliz.
Pero... Eso se acabará, triste pero cierto. Las probabilidades están en su contra.
Pero vamos...todos sabíamos que la casa siempre gana.
