Capítulo 2.

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"Hoy he recordado que..."

El fin de semana ha llegado rápido, más rápido que de costumbre diría yo. En el correo me he encontrado con un paquete que envían mis padres desde Suecia. Sé que proviene de ahí por las estampillas y no porque sepa realmente en donde se encuentran. Ellos salen de viaje pero rara vez se quedan fijos en un solo lugar, todo el tiempo se están moviendo de un sitio a otro por cuestiones de trabajo. Estoy seguro que en Suecia no duraran más de tres días, seguramente sus laboratorios no tengan algo que necesiten y tendrán que mudarse a otro. En fin, su vida es bastante ajetreada.

El paquete contiene una nota pegada en el frente que dice:

Espero te sirvan y queden a tu medida. Te amamos

Atte.: Robín y Victoria.

¿Qué padres ponen un "att" al final de una nota? Pareciera que me lo envían unos desconocidos. Demasiada formalidad de su parte. Como siempre, mi padre es quien firma los envíos por correspondencia, su caligrafía es inconfundible. ¿"Te amamos"? Si me amaran estarían todo el tiempo a mi lado, apoyándome en todo lo que hago y consolándome en momentos difíciles como aquél del día martes.

O tal vez solo estoy haciendo mucho drama.

Demasiado descontrol hormonal para mi gusto.

Descubrí que la chica, Gaby, no era ni siquiera del instituto al que asisto. Al parecer estudia en un privado en el otro extremo de la ciudad, eso explica por qué no la había visto nunca. No acostumbro a ir por ese lugar por muchas razones que les explicaré luego. Si algo tenemos bien en claro Karla, Cori y Yo es a no salir de nuestro territorio. Entre los adolescentes de esta ciudad se han marcado territorios dominados por un líder. Y es que de hecho es una mierda de situación porque solo parecen chicos de mafia barata jugando a ser malos. Pero bueno, preferimos no tener problemas. La mayor parte del tiempo el líder es un enclenque con ínfulas de superioridad que resulta ser un "mocoso". A veces adinerados. A veces sin un tan solo dólar en sus bolsillos. Ah, pero eso sí, sigue siendo un mocoso.

Algunos chicos del centro de la ciudad me detestan solo por no ser como ellos. Sí, esa parte de mocosos que sí tienen dinero hasta en el culo. Me dicen que soy un maldito bastardo que se junta con peste, con esto refiriéndose a Karla y Cori. Ellos no disponen de tanto dinero como yo, pero son un millón de veces mejor que todos esos idiotas con uniformes planchaditos y hediondos a perfume caro.

¿Y qué hay de las chicas?

Sí, no puedo negarlo, la mayoría de chicas lindas y por las que babeo y babearía cualquiera asisten a esos institutos privados, pero puedo decir con certeza que son iguales a Gaby. El Instituto Longmont Sunset no se queda atrás y tiene sus atributos en cuanto a chicas se refiere. Entre ellas puedo mencionar a Cecile, la rubia de senos grandes de la sección "C", también esta Jessy, una compañera de clases que está como quiere. Todos los chicos en el salón aspiramos a ser novios de ella, a cargarle sus libros alguna vez en la vida o a ver sus bragas cuando la espiamos mientras se cambia en los vestidores para chicas. Tampoco se puede quedar atrás Charlé, la enfermera demasiado joven, graduada a sus veinte años, a quien he tenido en mente en innumerables ocasiones mientras me manoseo bajo mí cobija.

¿Qué?

No soy el único chico que se masturba en las noches pensando en cosas pervertidas. Al menos yo no he necesitado de material adicional como revistas Playboy para hacerlo...bueno, no todo el tiempo. Confieso que tengo unas cuantas escondidas bajo mi colchón pero solo las saco en momento de verdadera necesidad, lo juro.

Sasha: Diario de un chico adolescente. (Vol. I)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora