"Nubes de vainilla"
Otra vez este lugar oscuro. Negro. Más negro que el mismo cielo nocturno. Estoy soñando. Hacía mucho que no me sucedía pero ahora pasa nuevamente. ¿Qué es este lugar? Miro hacia mi izquierda; no hay nada. Miro hacia mi derecha; no hay absolutamente nada. Levanto la mirada y a lo lejos puedo ver algo. Una línea delgada. ¿Qué será?
Comienzo a caminar lentamente, acercándome de a poco a la línea clavada en esta inmensa negrura. A medida que avanzo puedo notar que la línea se hace más gruesa y alta. Siento que cada paso es demasiado pesado y mis pies son como plomo moviéndose en fango. Demasiado difícil. En un abrir y cerrar de ojos todo se acelera y la línea parece distorsionarse a lo lejos. Un segundo después está frente a mis ojos.
Descubro que la línea no era una simple línea, era más bien una puerta, una enorme puerta color marrón hecha de madera con una perilla color oro a un costado y bisagras plateadas. Tiene gravado un complicado diseño de hierro forjado en la parte inferior que sube por los bordes como una enredadera hasta la parte superior de la puerta y termina en una enorme camelia en el centro forjada del mismo metal. La camelia está sutilmente pintada con colores casi transparentes que aún dejan a la vista el frio color grisáceo del metal bajo la pintura. Un letrero cuelga de la flor. Hay algo escrito, pero se me es imposible leerlo. Las letras se tornan borrosas a mi vista. Miro hacia otro lado de la puerta, pero mi vista vuelve a la normalidad. Intento nuevamente ver que hay escrito y entonces la visión borrosa regresa. Intento tocar la puerta pero unos centímetros antes de que lo logre, algo resuena en mis tímpanos.
Todo se torna negro.
Despierto.
Otra vez esa estúpida alarma de mi celular que me indica que es hora de que me levante. Por lo menos este día podré llegar una hora más tarde al instituto, el festival deportivo no comenzará sino hasta las ocho de la mañana.
Abro lentamente mis ojos pues detesto esa molesta sensación de torpeza en la vista cuando la luz entra de lleno por mis pupilas estando aún medio adormitado. Me siento algo extraño, siento mi espalda y mis costillas un poco más pesadas y apretadas. Creo que el desvelo me está pasando cuenta y no es de sorprenderse, hasta hace unas cuantas horas había pasado despierto dos días sin poder cerrar mis parpados; todo por amor.
Que... extraño.
Sonrío de solo recordar lo que sucedió la noche del día de ayer con Cori, además del hecho de que mis padres aparecieron repentinamente en la puerta unos segundos después de que... bueno, ustedes saben, que de una vez por todas me diera cuenta que había enamorado de alguien sin haberme dado cuenta.
Controla tus hormonas, Sasha, me digo a mí mismo.
Siento algo resoplar en mi nuca, cerca de mi oreja con un viento tibio que provoca que suba un escalofrío por mi espalda y termine erizándome los vellos de la nuca. ¿Qué será? Aún siento mi espalda y costillas algo extrañas, están más... ¿envueltas? Otra vez siento ese viento tibio cerca de mi oreja y esta vez escucho a alguien resoplar lentamente. Puedo sentir como en mi espalda algo se hincha y luego nuevamente vuelve a la normalidad.
Volteo mi rostro lentamente, aún adormitado y lo que veo me deja casi pasmado. Tapo mi boca rápidamente para no gritar del susto pero luego de unos segundos la impresión pasa sin qué ni para qué. Ahí está, durmiendo, tras de mí, con sus brazos envolviendo mi cuerpo y reteniéndome firmemente en ellos como si fuese a escaparme. Su respiración es constante pero firme. Sus parpados que yacen cerrados, muestran unas pestañas largas y un poco encrespadas que junto a sus labios que siempre permanecen rosados—quién sabe por qué demonios—le dan cierto aire infantil cuando duerme. Esperen, ¡Maldición! ¡Cori durmió toda la noche conmigo de esta manera! En un movimiento casi desesperado toco mi trasero, pero parece ser que está intacto, tal y como lo dejé ayer. Un suspiro de alivio; al parecer no sucedió nada. Cuando ando adormitado es bien poco lo que recuerdo de la noche anterior, así que por eso me es preferible comprobar que mi trasero sigue en una pieza. No es que me agrade mucho la idea de...bueno, de hacer "eso"—y por decirlo más explícitamente: descomponerme el trasero—con Cori. ¿¡Pero qué demonios estoy pensando!? No es que necesariamente vayamos a tener sexo, pero somos adolescentes con las hormonas medio alborotadas, no es que sea algo del otro mundo. Aun así... ¡Somos dos chicos! No me agrada la idea en lo absoluto de que otro chico me destroce el culo ni nada por el estilo, me dan escalofríos de solo pensarlo. Creo que necesito dejar de pensar estupideces. Siento un leve movimiento del brazo de Cori que yace recostado sobre mi costado. Un movimiento que solo sucedió por el simple hecho de abrazarme más fuerte, presionándome más contra su cuerpo. El abrazo de Cori... es cálido; siempre son cálidos.
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Sasha: Diario de un chico adolescente. (Vol. I)
Teen FictionSasha es un chico de 17 años con una vida adolescente bastante normal, pero la adolescencia no es una etapa común y corriente; está llena de muchas emociones y vivencias que presionan su vida. Las experiencias vividas y las sensaciones a flor de pie...
