-Vigésimo segunda luna-

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"Hay ojos a los que es imposible decirles que no, hay sonrisas capaces de pintar los días más grises y hay personas que entran en tu vida sin llamar, que te abrazan y te susurran que no te piensan soltar."

Siempre he pensado que no hace falta la misma sangre para ser familia. Un día aparece alguien en tu vida que deja la palabra amistad por los suelos, y que se convierte en un pedazo de tu ser. Y da igual la edad que tenga, si es un gran amanecer en una fría mañana de invierno o una pequeña perla perdida en un mar lleno de tormentas sin resolver.

Alguien con quien avanzas de la mano aunque no esté cogiéndotela siempre. Una compañía de juegos, de ropa e incluso de peleas. Conoce todos tus secretos y tus peores momentos.

Y tú, sin darte cuenta, te conviertes en un hombro donde llorar y en un abrazo todos los días. Y sois complicidad y confianza ciega. Y os dejáis impregnadas vuestras sonrisa sin pediros nada a cambio.

Esa persona que aunque esté lejos, o de viaje, nunca se olvida de ti, ni tu de ella. A la que avisas primero porqué ves que la va a cagar y a la que repites "te lo dije" todo el día porqué no te ha hecho ni puto caso y la ha cagado.

A la que siempre, pase lo que pase, le deseas lo mejor y nunca te convence nadie para ella. Que ríe contigo cuando le cuentas tus primeros besos y con la que lloras a su lado cuando la han jodido otra vez.

Sabe si tienes un mal día, y aparece en la puerta de tu clase y te obliga a salir al patio. "O sales tú o te saco yo.", y sonríes. Y la abrazas, y joder, sientes que de verdad le importas a alguien. Sientes que no estás sola del todo.

Te manda textos bonitos cada vez que les hace captura en instagram, comparte los zumitos contigo porqué no has traído dinero para una cerveza, y siempre está dispuesta a irse al fin del mundo contigo.

Y lo mejor, es que siempre acaban pasando cosas raras o divertidas, que no hace falta planear.

Y si ella tiene un día de pijamas, la obligas a que vaya a tu casa y le haces comer chocolate hasta que reviente de la risa.

Solo tienes que cerrar los ojos para saber quien es. Aparece en tu mente.

Y en la mía, apareces tú, burra.

"A LA NIÑA QUE SE CONVIRTIÓ EN MI HERMANA PEQUEÑA, QUE ME LEE LA MENTE SIN NECESIDAD DE MIRARME A LOS OJOS Y QUE SIEMPRE ESTÁ AHÍ PARA RECORDARME QUE ESTE MUNDO ES DEMASIADO INTERESANTE COMO PARA ESTAR MUCHO TIEMPO TRISTE.(L)"

Lunas de inviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora