Capítulo 3: Pesadilla

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Estaba acostado sobre la tierra. El sonido silbante del viento me despertó y una ráfaga fría me recorrió el cuerpo.

Lo primero que vi fue una nube de polvo siendo arrastrada frente de mí, tras de ella las ruinas de diferentes estructuras abundaban en el lugar.

Me senté por el impacto. Parecía una ciudad o al menos, lo que quedaba de ella.

Las vigas de metal que alguna vez fueron cimientos estaban enterradas en el suelo, cubiertas por una capa de tierra.

Cristales rotos y pedazos de piedra yacían tumbados, dejando poco rastro de a que habían pertenecido. Era como si aquel lugar hubiera sido abandonado hace miles de años.

Me levanté por completo, no sentía ninguna clase de dolor. Pero me sentía desorientado.

Observé todo mi entornó, pero sin importar a donde girara, el lugar me devolvía la misma vista.

El sonido de un relámpago inundo todo el lugar, haciendo eco y haciendo retumbar lo poco que estaba en pie.

Levanté la mirada al cielo, donde pude notar que el cielo estaba cubierto por nubes color oscuro bloqueando los rayos del sol. La luz de varios rayos manifestándose en las nubes era la única luz visible del lugar.

Vi que formaban una especie de vórtice a lo lejos, donde los rayos parecían caer sobre la tierra.

—¿Dónde estoy? —me pregunté en voz alta.

Empecé a dar pequeños pasos sintiéndome aterrado por el estado del lugar. Tratando de que algo me diera alguna pista de donde estaba.

Me llevé las manos al rostro para frotarlo, no lograba comprender que estaba ocurriendo.

—Desde ese accidente no paro de ver cosas extrañas —dije mientras sentía que la cabeza me comenzaba a punzar.

Pronto, una idea vaga llegó a mi mente. Había intentado pensar en cómo terminé en ese lugar cuando recordé lo último que sucedió.

—Estoy dormido —exclamé pensando en que así lograría despertar—pero ¿cómo sé que lo estoy?, o acaso... ¿desperté del sueño que tuve?, ¿acaso en realidad morí?

Me di varias cachetadas, esperando lograr despertar. Pero no pasó nada, solamente hizo que la mejilla se me adormeciera por el dolor.

El estado de esa ciudad me recordaba a donde vi a los ángeles, aunque faltaban varias cosas, sobre todo las sombras que caminaban por el lugar.

Seguí caminando, esperando encontrar a alguien que pudiera decirme donde estaba.

El polvo me golpeaba la cara, se sentía como si varios pedazos diminutos de vidrio me rosaran la piel. Me costaba respirar bien debido al polvo, haciendo que cada cierto tiempo me detuviera a toser.

Vi un muro destruido, pero noté algo en él. Parecía que alguien había escrito algo. Me acerqué para poderlo mirar mejor.

Las letras cubrían casi toda la pared, pero por culpa del polvo era difícil verlo a la distancia. Al poderlas apreciar vi que estaba escrito un mensaje.

"NO SE DEJE ENGAÑAR

Recuerde que todos tenemos derecho a un refugio en esta guerra.

Ubique el refugio que le corresponde a usted y a su familia en la siguiente lista"

Pero no había ninguna lista, además esa primera frase parecía ajena al mensaje. Estaba escrita con un color rojo oscuro y con un estilo diferente, mientras que el otro parecía una plantilla que habían pintado con un aerosol.

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