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Me encontraba en una lucha interna, mi mente estaba tratando de comprender porque había hecho todo hasta el momento y otra parte me trataba de confortar diciéndome que no pasaba nada, que era lo normal. Una dualidad estaba presente en mi entre dos personalidades, la que sabía que todo estaba mal y la que no le daba importancia.
Al bajar ese día a desayunar, vi a mis padres y fueron los primeros en lo que quise buscar ayuda. Pero era inútil, trate de quitarles la sugestión que les había puesto, pero en el momento en el que estaban bajo control la otra personalidad salía y lo evitaba. Era como si usar mis habilidades la despertara con mayor intensidad.
Me sentía desesperado, necesitaba ayuda, aunque eso implicara mi muerte. Tenía planeado correr rumbo a la casa de Alexander y confesar todo, pero la otra personalidad estaba ganando, y no lo hice. Camine rumbo a la escuela como cualquier otro día normal.
«Estoy exagerando» me dije y me sentí calmado.
Estaba otra vez actuando con naturalidad a pesar de todo, no podía luchar conmigo mismo. Las clases transcurrían con normalidad y yo estaba nuevamente tranquilo como los días anteriores. Ya había olvidado por qué me sentía nervioso en la mañana. Eso hasta que llegó la hora del receso.
Estaba con Gabriela, no habíamos tocado el tema de mi secuestro por parte de la cazadora hasta que llegó Susana. Nos preguntó si podía estar con nosotros y asentimos.
—¿Cómo sigues, Javier? —dijo con verdadera preocupación.
—Bien, ¿por qué no debería estarlo?
—Bueno, casi te matan ayer y pues me sorprende que estés tan relajado.
En ese momento volvió mi mente a enfocarse en los recuerdos de aquel sueño y sentí que despertaba de un trance en el que había estado desde que me volví retornado.
Tome de la mano a Susana con desesperación, ella me miró y la note confundida.
—Susana, ayúdame. Algo me está pasando
—¿De qué hablas?
—Es como si no fuera dueño de mi propia mente, ayúdame. Quítale el control a Gabriela —dije mientras le quitaba el sello a Gabriela.
Pero en ese momento, nuevamente mi mente volvía a luchar contra mí. No sabía cómo evitarlo, estaba siendo prisionero en mi mente. No me justificaré diciendo que todas mis acciones no se me habían ocurrido a mí, pero algo todo este tiempo me había incitado a pensarlo y en ese momento me había quedado claro.
Cuando esa parte de mi mente volvió a estar al mando, me tranquilicé y solo le sonreí a Susana.
—¿Javier? Me estás asustando.
—Perdona, son desvaríos míos.
Pero no le volví a poner mi sello a Gabriela. Inconscientemente había logrado evitar hacerlo. Sabía que Susana era astuta y haría lo que le había pedido, quizá me ganaría el odio de Gabriela, pero era la única forma de pedir ayuda.
Seguimos hablando de otras cosas, sobre que Susana dudaba volver a la casa de Alexander por todo lo sucedido. Yo no le di importancia y dije que tampoco lo haría. Me estaba haciendo el ofendido. Pero en el fondo sabía, que pronto, Susana entendería lo que había hecho.
Alexander y Mario eran mi única solución para detener lo que fuera que estaba pasando, pero no sabía cuánto tiempo pasaría para que se dieran cuenta.
El resto del día estaba transcurriendo con normalidad. Ya no sabía ni recordaba porque me había alterado o por qué necesitaba la ayuda de Susana. Sin embargo, esperaba que no tardará mucho en llegar esa ayuda.
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Seacorroz
FantasyJavier creía que los problemas de la adolescencia eran aburridos, repetitivos y demasiado pequeños para preocuparse por ellos. Pero todo cambia tras un accidente que le revela un mundo oculto que siempre había existido frente a sus ojos. Ahora, rode...
