Capítulo 7: Visitas inesperadas

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Los edificios de la ciudad se tambaleaban y vibraban como si cada uno fuera víctima de un sismo propio y en diferente magnitud, cuando pasaba a lado de uno, este se derrumbaba como si una serie de bombas hubieran sido puestas en puntos estratégicos para que su caída fuera vertical y así, quedar reducido a ruinas. Por otro lado, las calles se iban desmoronando y la pavimentación se agrietaba a mi paso como si algo enorme y pesado pasara sobre ella.

Mi respiración era agitada y a pesar de que mis piernas trataban de no doblarse y sucumbir a la gravedad, aún corría enérgicamente y con el corazón en la mano. Cuando veía la posibilidad de girar y zigzaguear entre calles lo hacía, pero el camino de destrucción que iba dejando a mi paso no me facilitaba escapar.

«Va a alcanzarme»

La silueta de aquel ser se acercaba cada vez más; no importaba cuán rápido corriera, estaba alcanzándome con gran facilidad y sin siquiera mostrar un indicio de fatiga.

Al adéntrame a una calle bastante amplia, dejé de verlo y por un momento sentí alivio al pensar que lo había logrado perder. Sin embargo, apenas regresé la vista al frente, me detuve en seco al verlo parado frente a mí con una sonrisa que iba de oreja a oreja y con una mirada psicótica.

La manera brusca con la que frene, hizo que mi cuerpo empezara a caer de lado, evite caer por completo extendiendo una mano y poniéndola de apoyo para poder girar rápidamente e intentar correr por donde había llegado, pero de alguna manera él ya estaba al otro lado a escasos centímetros de mí lo que provocó que me impactara contra su cuerpo.

Sus ojos azules se posaron en los míos y me provocaron bastante nerviosismo.

«Va a asesinarme... Voy a morir»

Extendió su brazo derecho y con su mano me sujeto del cuello. La marca de aquella V invertida, junto a aquel arco con varios picos y los cuatro cráneos estaban brillando como si su cuerpo fuera luz, y esa marca fuera una pequeña abertura que dejaba escapar la luz de su interior. Pero lo que me llamo la atención fue su mano izquierda. En ella había otra marca que no era de Seacorroz ni de Cazador, la marca parecían ser líneas sin sentido, pero de alguna manera, formaban un rostro algo tétrico.

Sujetándome con fuerza, empezó a apretar mi cuelo haciendo que el aire entrara con gran dificultad a mis pulmones. Mi garganta empezaba a secarse e intentaba pasar saliva para humedecerla, pero tampoco funcionada. Él parecía extasiarse con lo que estaba haciendo, su mirada mostraba excitación al ver como la vida se me escapaba por los ojos.

—Para que yo pueda salir, tú debes de morir.

Vi mi rostro empezar deformarse y empezar a convertirse en un monstruo rodeado de fuego negro. Mis ojos azules cambiaron a convertirse completamente en negros y mi piel comenzó a pudrirse. Aquella mano que me sujetaba empezó a mostrar algunos de sus huesos y músculos.

—Pero primero, necesito que te transformes en mí, sal... sal y destruye. Solo así seremos uno solo.

Y en un movimiento en seco, sentí mi cuello crujir y girar ciento ochenta grados. Sentí que empezaba a salir de mi cuerpo y me alejaba de aquel lugar. Luego de un momento a otro, sentí que empezaba a caer como intentando regresar a mi cuerpo ya fallecido, pero pasé de largo y me adentró en el suelo, cada vez cayendo más y más al grado de que empecé a sentir un inmenso calor y apreciaba como la oscuridad me estaba envolviendo.

2

Desperté bañado en sudor y aspirando aire como si este me faltara. Aprecié a mi alrededor y me sentí seguro al ver que estaba acostado sobre mi cama en mi habitación, que se encontraba en una penumbra parcial, iluminada por la poca luz que entraba por la ventana del exterior y la luz de la luna.

SeacorrozHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora