Capítulo 6: La cita

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Deje la silla de ruedas muy pronto. Un doctor diferente estuvo dándole seguimiento a mi recuperación.

Alexander le había pedido personalmente eso. Cuando lo vi, pude ver que tenía una marca igual a la mía.

Él me explicó, que los de nuestra especie se recuperaban más rápido de las heridas físicas, el único motivo por el que no había sanado aún era porque las lesiones las sufrí al volverme un retornado.

Sinceramente no le creí en un primer momento, pero cuando a la semana el dolor de mis piernas desapareció y las pude sentir nuevamente empecé a confiar un poco más en sus palabras.

Pase de la silla de ruedas, a muletas y después a un bastón, pues la única pierna que me llegaba a molestar era la izquierda.

Mientras mi recuperación avanzaba de forma acelerada, creí buena idea hacer lo que mi guardián sugirió y fui a la dirección que me había ofrecido Alexander.

Al llegar estaba con su pijama de enfermero, me invitó a pasar.

Su casa era algo grande, podría decirse que era lo de dos casas en una. Tenía un patio gigantesco, claramente algo se hacía en ese patio porque no tenía sentido que fuera tan grande. El resto de la vivienda en comparación era pequeño.

—Espera aquí —me dijo al entrar en la sala—, yo tomaré un baño y me cambiaré el uniforme.

Asentí tomando asiento. Estar de pie era cansado y más con el bastón como apoyo.

Escuchaba el agua de la regadera y noté que no había televisión en la sala. Lo que se me hizo algo aburrido. Lo que sí había eran cuatro libreros llenos en su totalidad.

Había un periódico botado en una pequeña mesa frente al sofá en el que me encontraba, pensé en leerlo para quitarme el aburrimiento, pero la curiosidad pudo más.

Me levanté y comencé a caminar por la casa. Llegué a lo que parecía el comedor y la cocina.

Vi que había un frutero con dos plátanos ya comenzando a ennegrecerse y una manzana solitaria. En las repisas de la cocina, había un bote de café y uno de azúcar y nada más.

Había un refrigerador demasiado pequeño, lo abrí por saber que había ahí y vi que estaba repleto de cervezas.

Al cerrarlo me percaté que era lo único que parecía limpio. No había caído en cuenta que la mesa, los libreros e incluso el suelo, tenían una fina capa de polvo en ellos.

Recuerdo que en aquel entonces me dio pena porque pensaba que Alexander vivía en la pobreza porque sí, solo aún no lo conocía del todo.

No había segundo piso, por lo que pensé que había visto todo.

Iba a volver cuando vi que había un pasillo con una puerta cerrada. Me quedé mirándola, pensando en que podría ser.

—¿Terminaste el tour por mi casa? —me dijo cuando salió de su cuarto.

Giré asustado. Vi que me miraba mientras se secaba el cabello.

—Te dije que esperaras en la sala.

Si bien era cierto, de la sala a donde me había encontrado eran apenas cuatro o cinco pasos, pero claramente estaba molesto.

—Lo siento, solo sentí curiosidad.

Botó la toalla hacia el suelo, como si no le importara el desorden.

—Típico de ustedes, todo les da curiosidad hasta que los tenemos que asesinar —dijo mientras me señalaba hacia el patio para que saliera.

El comenzó a caminar sin siquiera esperarme o decir algo más su comentario. Yo traté de avanzar lo más rápido que pude, pero tardé algo en poder salir.

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