1
Abrí lentamente los ojos, pero una luz blanca me obligó a volver a cerrarlos. Sentía algo atorado en la garganta. Intenté respirar y el aire no entró. El pánico me invadió de inmediato.
Un pitido constante perforaba mis oídos. Antes de entender de dónde provenía, una arcada me hizo intentar incorporarme. Una silueta corrió rápidamente a donde me encontraba y, aunque inmediatamente sentí miedo, me ayudó a quitarme lo que tenía en la boca.
Aspiré con desesperación. El aire entró de golpe, como si me llenaran los pulmones de fuego. Comencé a toser sin poder detenerme.
No lograba ver nada de forma clara, mi visón estaba llena de manchas en todo mi alrededor y aquella silueta me causaba terror porque me recordaba a las sombras que había visto hace unos instantes.
Poco a poco las manchas que veía comenzaron a tomar forma. Las paredes, el techo, las sábanas, todo era blanco. Frente a mí, una mujer joven con lo que parecía un pijama del mismo color estaba hablándome, aunque sus palabras me resultaban inentendibles.
Traté de levantarme, pero un dolor recorrió todo mi cuerpo lo que hizo que me volviera a tumbar en la cama en la que estaba.
Sentía una fuerte presión en el pecho y mi mano izquierda se sentía acalambrada. Intenté mover mis piernas, pero no podía sentirlas, en su lugar una punzada de dolor se hacía presente al intentarlo.
Un hombre con bata blanca entró apresurado y con lo que parecía una pluma, enfocó una luz que solo me aturdió más en ese momento.
—Trata de tranquilizarte por favor —me dijo de forma seria.
Pero no era intencional, simplemente sentía mucha molestia.
—¿Dónde estoy? —pregunté un poco desconcertado y asustado.
—Estás en el hospital. Fuiste embestido por un automóvil. Posiblemente te duela el pecho; tuvieron que reanimarte.
Los recuerdos tardaron en llegar a mi mente. La cabeza me daba vueltas y conforme más veía una fuente de luz más me punzaba como si fuera a explotar.
Escuché por la ventana el rugido de un motor, mi cuerpo se tensó y algo dentro de mi trato de ponerse a la defensiva por acto reflejo y me quise levantar. Aunque el dolor hizo que cayera en la cama nuevamente.
Fue entonces cuando la imagen del automóvil volvió a mi mente. Lo vi acercándose otra vez, igual que antes del impacto e incluso pude sentir como si nuevamente mi cuerpo resintiera el impacto.
Me llevé mi mano derecha a mi nuca. Algo me dolía en esa zona y el doctor lo notó.
—Es normal experimentar dolor aún. Fueron golpes muy severos —dijo mientras él seguía evaluándome.
Estaba aturdido, quería recordar que pasó cuando ese auto me embistió, pero no podía. No supe por qué, pero giré a mirar mi mano derecha buscando algo que no logré ver en un principio.
«Lo debí haber soñado»
Pensé sin saber a qué me refería. Tenía que ser así, acababa de golpearme la cabeza y quizá todo fue una alucinación.
Justo cuando intenté convencerme de que todo había sido un sueño, una voz atravesó mis pensamientos casi como un susurro.
«No te mueras»
Sentí que mi corazón se aceleraba y nuevamente intenté levantarme buscándola.
—¡Gabriela! —dije esperando que estuviera ahí y me escuchara.
ESTÁS LEYENDO
Seacorroz
FantasíaJavier creía que los problemas de la adolescencia eran aburridos, repetitivos y demasiado pequeños para preocuparse por ellos. Pero todo cambia tras un accidente que le revela un mundo oculto que siempre había existido frente a sus ojos. Ahora, rode...
